El Miguelazo

Cuotas y cuates, cuates y cuotas, parece que ese es el estilo clásico  de gobernar del priismo, el cual al parecer simplemente nunca tuvieron la intención de modificar, lo cual es por demás triste, ya que si bien es cierto cuando Peña Nieto fue gobernador del Estado de México, también es cierto que por lo menos la imagen que se tenía de él era que como gobernante podía entregar cuentas de eficacia y eficiencia, en esos ya lejanos seis años, vimos obras como tenía mucho que no se veía (recordemos el sexenio inmediato anterior del Tío Arturo, con tres obras
octubre 21, 2015

Cuotas y cuates, cuates y cuotas, parece que ese es el estilo clásico  de gobernar del priismo, el cual al parecer simplemente nunca tuvieron la intención de modificar, lo cual es por demás triste, ya que si bien es cierto cuando Peña Nieto fue gobernador del Estado de México, también es cierto que por lo menos la imagen que se tenía de él era que como gobernante podía entregar cuentas de eficacia y eficiencia, en esos ya lejanos seis años, vimos obras como tenía mucho que no se veía (recordemos el sexenio inmediato anterior del Tío Arturo, con tres obras y saqueos multimillonarios), cierto es que generó expectativas con algunos electos técnicos de innovación gubernamental como el acertado proceso conducido por el gobierno estatal de los procesos de entrega excepción municipales, la instrumentación de trámites y servicios apoyándose en la tecnología de las tecnologías de la información y algunos otros elementos como la facilidad de poder pagar los impuestos en espacios ajenos a las oficinas gubernamentales, lo que le quitó el manejo de recursos directamente a los burócratas de a pie, eliminando una vieja oportunidad de corrupcion y latrocinio para los de abajo y abriendo oportunidades de robo para los de arriba.

Hago esta breve remembranza de lo que fue Enrique Peña como promesa de gobierno y como producto de la mercadotecnia, donde se le pasaron algunos deslices como sus infidelidades matrimoniales, las sospechas sobre la muerte de su esposa (si no por haberla matado, por lo menos si en su desinterés y frialdad sobre la desaparición física de la madre de sus hijos), las sospechas sobre corrupcion y abusos no directamente de el, pero sí de más de uno de sus subordinados y algún tufo de preferencia por algunas empresas de proveedores que vendían desde pavos y arcones navideños, hasta productos de alta tecnología o viajes en helicópteros y aviones. Esta promesa es hoy una cruel realidad de un gobernante del PRI que tuvo todo para poder pasar a la historia como la opción de un PRI renovado que podía cambiar al país, no nos confundamos, que el partidazo nunca va a cambiar de las bases para arriba, ya que su constitución vertical y autoritaria lo hace solo susceptible de obedecer no de mandar a la cúspide.

Terminó reproduciéndose lo que siempre había sido: cuotas, cuates, ineptitud y latrocinio. Negocios para los cuates-testaferros, gasto descontrolado en imagen generada artificialmente con los cómplices de siempre, derroche de los recursos públicos en populismos que regalan televisiones y compran de esta forma voluntades de millones de votantes muertos de hambre, concentraciones de acarreados a modo para aplaudir y repetir hasta el cansancio que vamos bien, a pesar de que la realidad se empecine en desmentir el discurso oficial. Qué tristeza que pudiendo pasar a la historia como un prócer, haya preferido ser uno más que vendió a la patria por treinta monedas, el juicio de la historia es implacable, pero después de todo, como le podemos pedir a una persona que piense en términos de estadista y de historia, cuando no se tienen tres libros leídos.

 

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