(Segunda parte)
Al principio nuestro planeta solo era un caos de fuego, un montón de polvo aglutinado. Sin embargo, aquí se originó un milagro: la vida. Hoy día esta vida, nuestra vida, es tan solo un eslabón de una cadena que une a innumerables seres vivos que se han sucedido unos a otros desde hace casi 4 mil millones de años. Elementos simples –y por contradictorio que suene, a la vez complejos- como el agua, el aire, la tierra se mezclan en procesos de una gran complejidad y dan origen a la vida. Esos procesos requieren tiempo, llevan su ritmo.
En la naturaleza todo llega a su tiempo. La mariposa tiene su momento exacto para salir del capullo y estirar sus alas, suficientemente fuertes para emprender el vuelo y buscar alimento; los botones de las flores abren sus pétalos al sol cuando tienen la capacidad de convertir su energía en semillas que darán origen, a su tiempo, a frutos y a otras plantas. En la era del petróleo, en la era moderna, todo se acelera. Hemos olvidado el respeto a los procesos vitales, lo mismo al inicio que al final de la vida.
Siete mil millones de seres humanos en el planeta no son poca cosa. Los cultivos y la cría de animales se aceleran para satisfacer las necesidades de consumo. La energía de la bolsa de sol –es decir, la energía acumulada por cuatro mil millones de años en todos los recursos naturales- aleja el espectro de las sequías que amenazaban los cultivos. Ningún manantial escapa de la agricultura que acapara el 70% del agua que consumimos. Cultivos que se utilizan, básicamente, para alimentar ganado y producir combustibles. En la naturaleza todo está vinculado. Los monocultivos atraen plagas que son combatidas con pesticidas que, contradictoriamente, son nocivas para los humanos y son tóxicos. 75% de las variedades de vegetales que el hombre seleccionó durante milenios han desaparecido.
Nuestra agricultura se petrolizó. Alimenta a un número dos veces mayor de seres humanos en el planeta, pero ha remplazado la diversidad por la estandarización. A muchos de nosotros nos ha permitido disfrutar de un confort inesperado, pero hace que nuestro modelo de vida se haya petrolizado. En todas partes hay máquinas que escarban, remueven, arrancan a la tierra pedazos de estrellas que han estado enterrados en sus profundidades desde su creación.
Privilegio de los poderosos: 80% de riqueza lo consume 20% de población. Antes del final del siglo esta explotación desmesurada habrá agotado las reservas del planeta. Todo se acelera. En la era del petróleo la mayoría de los bienes de consumo recorren miles de kilómetros entre los países que los producen y los consumidores. Desde 1950 los intercambios internacionales se han multiplicado por 20, se transportan 500 millones de contenedores anualmente por mar. Para la economía globalizada es una buena noticia, ¿lo es para la supervivencia de todos los seres vivos que compartimos el planeta
@10aRegiduriaTol


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