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El milagro de la vida

(Sexta parte)

 

Desde 1950 la población mundial se ha triplicado y hemos modificado la tierra mucho más, ese lapso, que en los doscientos mil años de nuestra existencia.  Cada vez buscamos más lejos los recursos para satisfacer nuestras necesidades –las básicas y las inventadas por el consumismo exacerbado al que nos hemos adaptado-, en yacimientos que cada vez son más difíciles de encontrar.  El consumo de energía es colosal y la contaminación que provoca esta permanente necesidad de extraer recursos, es catastrófica.  Nada parece más urgente que vaciar todas las bolsas de sol.  Nuestra demanda de energía aumenta sin cesar, exigimos siempre más combustibles, como barril sin fondo, para alimentar nuestro crecimiento. 

 

Al explotar la energía en forma descomunal liberamos el carbono, contenido en los bosques y en el subsuelo, en cantidades tales que alteramos el delicado equilibrio de la atmósfera que mantiene al planeta con una temperatura que ha permitido que la vida se desarrolle.  Es un hecho, las actividades humanas emiten cantidades gigantescas de dióxido de carbono, sin darnos cuenta en absoluto, molécula por molécula hemos trastornado el equilibrio climático del planeta…

 

La Banquisa (capa de hielo que flota en las regiones polares) ha perdido el 40% de su espesor en 40 años.  Durante verano su superficie podría desaparecer antes del 2030, algunos predicen, 2015… los rayos de sol que el hielo enviaba hacia el cielo ahora penetran en el agua oscura y la calientan.  El calentamiento se acelera. En los datos que los científicos pueden leer en los hielos hay un registro que podemos calificar de escalofriante.  Hoy día se concentran elevados índices de carbono, nunca conocidos hasta ahora por el ser humano.  Sin embargo, no hay industrias instaladas en los polos.  La región es víctima de las emisiones generadas en otras partes del planeta.  Nuestro ecosistema no conoce fronteras, estemos donde estemos nuestras acciones tienen repercusiones en toda la tierra. La atmósfera es una sola y es indivisible, es nuestro bien común. 

 

Como ya lo habíamos dicho, nuestra explotación de los recursos amenaza la vida de las especies y el cambio climático lo agudiza, la temperatura promedio de los últimos 15 años ha sido la más alta que se haya registrado. Como consecuencia, la cuarta parte de las especies que viven en el planeta podría desaparecer antes del 2050.  El reloj del cambio climático se aprecia con toda claridad en los paisajes magníficos de Siberia, donde hace tanto frío que los suelos se mantienen congelados permanentemente (permafrost) y debajo de su superficie se esconde una auténtica bomba climática: el metano, que es un gas de efecto invernadero veinte veces más potente que el bióxido de carbono. Si el permafrost se funde el escape de metano provocaría un aceleramiento del cambio climático que, definitivamente, nos llevaría hacia una tierra desconocida.  A la humanidad (y al resto de las especies vivas) solo le quedan 10 años para revertir la tendencia (con los cálculos actuales) y evitar pasar a esa tierra desconocida.

 

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@10aRegiduriaTol