La historia política es menos creativa de lo que creemos. Cada vez que un movimiento moral conquista el Estado, inicia un proceso casi inevitable: la pureza fundacional se transforma en estructura administrativa, la mística se vuelve reglamento y la unidad construida contra un adversario externo muta en competencia interna por el control del aparato. No es traición. Es institucionalización del poder.
Las izquierdas —y toda fuerza política que nace como coalición amplia— viven esta tensión con mayor dramatismo porque su identidad se funda en una promesa ética. No solo buscan gobernar; también buscan transformar. Y cuando la transformación se convierte en administración, la tensión aparece.
De la épica a la estructura
Desde la teoría política clásica sabemos que todo partido exitoso tiende a consolidar una élite interna. La institucionalización reemplaza al liderazgo carismático por reglas, cargos y burocracias. El campo político se convierte en una lucha permanente por capital simbólico y capital institucional.
Morena encarna ese tránsito
Nació como movimiento moral contra un régimen que consideraba corrupto y excluyente. Se ensambló como una coalición heterogénea: izquierdas sociales, cuadros provenientes del viejo sistema, operadores territoriales, activistas, tecnócratas y liderazgos regionales con culturas políticas distintas. Esa diversidad fue virtud mientras existió un adversario común.

Cuando el movimiento se convierte en gobierno, el adversario deja de ser el centro organizador. El presupuesto, las candidaturas y el control territorial ocupan ese lugar.
Ahí comienza la fricción.
Conflictos internos en Morena: síntomas de transición
Los episodios recientes no son escándalos aislados. Son expresiones de un proceso estructural dentro de Morena rumbo a 2027 y 2029.
- Zacatecas muestra la disputa por la sucesión y los límites al nepotismo.
- La salida de Marx Arriaga revela tensión entre movimiento ideológico e institucionalidad administrativa.
- La fractura legislativa en Campeche expone luchas por control del Congreso y gobernabilidad interna.
- El caso del alcalde de Tequila introduce el dilema reputacional de un partido en el poder.
- La renuncia de Adán Augusto a la presidencia del Senado debe leerse como reacomodo estratégico dentro del equilibrio nacional.
Nada de esto ocurre en el vacío. Ocurre en la fase en la que un movimiento se convierte en partido dominante.
Edomex: el laboratorio rumbo a 2027
En el Estado de México, el proceso adquiere mayor densidad.
La entidad con el mayor padrón electoral del país no es solo una geografía administrativa; es el bono demográfico que condiciona la elección de 2027 y proyecta la competencia por la gubernatura en 2029.

La disputa interna no es doctrinal. Es estratégica.
Se juega en:
- El control de la narrativa gubernamental;
- La capitalización simbólica de logros;
- La influencia sobre estructuras municipales;
- La construcción anticipada de candidaturas locales.
Cuando liderazgos históricos marcan autonomía, preservan capital político. Cuando figuras territoriales consolidan presencia en municipios estratégicos, preparan sucesión. La competencia aún no es formal, pero el reacomodo ya inició.
¿Depuración o guerra interna?
Toda fuerza dominante enfrenta su fase de reorganización.
La pregunta no es si existen conflictos internos en Morena. La pregunta es cómo se administran:
- ¿Se institucionalizan con reglas claras?
- ¿O se convierten en purgas selectivas?
Si el proceso fortalece estructuras y clarifica sucesión, habrá consolidación.
Si erosiona legitimidades y profundiza facciones, habrá fragmentación.
Morena ante la ley del poder
Lo que observamos no es el colapso de la izquierda mexicana. Es el tránsito clásico de movimiento moral a partido dominante en proceso de sucesión.
La izquierda frente al espejo no enfrenta hoy una oposición capaz de fracturarla desde afuera. Enfrenta algo más complejo: su propia oligarquización interna.
La historia política enseña que el poder no destruye necesariamente a sus fundadores. Pero sí los obliga a redefinir reglas, jerarquías y límites.
Y en esa redefinición se juega el futuro del proyecto político de Morena.

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