El poder de rectificar

El cambio de régimen no es un acto ceremonial: es una ruptura con inercias, lealtades fingidas y estructuras infiltradas.
junio 24, 2025

El cambio de régimen no es un acto ceremonial: es una ruptura con inercias, lealtades fingidas y estructuras infiltradas. En el arranque del gobierno de Delfina Gómez, muchos lograron colarse por las rendijas del gigantismo institucional, amparados en la urgencia, la inercia administrativa o el oportunismo. No todos tenían compromiso con el proyecto; algunos ni siquiera lo entendían. Pero el poder, cuando es verdaderamente nuevo, también aprende. Y el hecho de que comiencen a retirarse piezas erráticas o desentonadas, más que un síntoma de inestabilidad, es un signo de lucidez política. En esta etapa, depurar no es debilidad: es una forma de gobernar. Lo alentador no es que algunos se vayan, sino que se vaya construyendo una forma distinta de ejercer el poder: con autocrítica, con revisión, con voluntad de corrección. Eso sí es inédito.

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La media hermana y la media república

Nancy Valdez no heredó una alcaldía, sino un privilegio: llegó por ser media hermana del exalcalde Samuel Berdeja, no por talento ni voluntad de servicio. Cobra casi dos millones de pesos anuales en un municipio donde, según el CONEVAL, 41.6 % vive en pobreza moderada y 7.5 % en pobreza extrema.
La paradoja duele: un salario estratosférico frente a una población empobrecida. El nepotismo institucionalizado, cuando se asienta, pervierte la democracia: convierte lo público en finca privada. Y si la política es herencia, la pobreza se vuelve legítima, casi natural.
Pero la indignación puede convertirse en motor de cambio: la rendición de cuentas asoma en la Contraloría municipal. En el filo del deber, la pregunta ética no es solo cuánto cobra, sino si su permanencia es tolerancia al agravio. Gobernar no debe ser vivir por encima: debe ser servir desde abajo.

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Morena se mira al espejo

Luz María Hernández tomó la dirigencia interina el 30 de noviembre de 2024, tras imponerse con 259 votos frente a 159 de Mariela Gutiérrez. Su periodo de dirección, que concluye alrededor de julio o agosto de 2025, responde al mandato estatutario para completar el ciclo de la anterior presidenta, Martha Guerrero.
El relevo no será pacífico. Se avecina una disputa frontal entre el higinismo —con sus redes aún activas— y el delfinismo, que busca afianzar su hegemonía. En ese espejo se reflejará no solo la tensión local, sino la salud interna del partido.
La unidad que se invoca desde el centro tendrá que aterrizar con cirugía. Luisa María Alcalde y Andy López Beltrán observan. Si no intervienen con precisión, el Edomex puede convertirse en el epicentro de la próxima fractura morenista.

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Ni alcalde, ni empresario

CIFO Technologies no es —aunque lo pretenda— una empresa de desarrollo tecnológico. Es, en esencia, una armadora de máquinas expendedoras de documentos, impresoras de lujo para gobiernos con caja abierta y poco pudor. Su gran época coincidió con el régimen priista: vendía soluciones simplificadas como si fueran innovación de frontera. ¿El truco? Tecnología mediana, relaciones altas.
Pero hoy, la empresa del alcalde de Metepec, Fernando Flores Fernández, vive una lenta agonía: sin grandes contratos, sin clientes reales, y con deudas que hacen más ruido que sus máquinas. Mientras en la política presume victorias electorales, en el mundo empresarial su emporio se desinfla. Gana cargos, pero pierde empresas. Un caso de éxito invertido.
Aquí se revela una paradoja casi aristotélica: quien no entiende la diferencia entre progreso y simulación, termina creyendo que emitir actas desde una caja metálica lo convierte en apóstol de la modernidad. Ni es innovador, ni es estadista. Y aunque las urnas le dieron respaldo, ni el gobierno se gobierna solo ni el mercado perdona.

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Días húmedos, días frágiles

Llegó la temporada de lluvias, y con ella, el recordatorio más cruel de nuestra precariedad urbana. Las avenidas se vuelven ríos lentos, los pasos a desnivel se ahogan y las colonias populares pagan el costo de una infraestructura rota, parchada, mínima. Cada tormenta es una autopsia en tiempo real del abandono.
Pero no todo es culpa del Estado. También hay que mirar a los ciudadanos que convierten las calles en basureros espontáneos, que tiran colchones al canal, bolsas al drenaje, muebles a la barranca. La incivilidad también inunda. Y el desastre es, en parte, colectivo.
Lloverá fuerte este año. Y no solo agua: lloverán responsabilidades, pretextos, omisiones y culpas. Ojalá también llueva un poco de conciencia. Porque si cada tormenta nos deja igual de vulnerables, es que no hemos entendido nada.

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