Roma no se construyó en un día. Las grandes obras de la historia, incluidas las democráticas, se edifican paso a paso. La elección judicial del pasado 1 de junio en México fue precisamente eso: un primer paso. Más de 1.5 millones de ciudadanos mexiquenses, altamente politizados, acudieron a las urnas para participar en una jornada sin precedente: elegir directamente a jueces, magistrados y ministros, tanto federales como estatales.
Aunque el porcentaje de participación fue bajo (13% a nivel nacional), la cifra es más que suficiente para dotar de legalidad y legitimidad a un proceso que inaugura una nueva etapa de democratización institucional. Lo importante no es solo cuánto se votó, sino lo que ese voto representa: el nacimiento de una cultura cívica en torno al Poder Judicial, históricamente excluido del escrutinio popular.
Más allá de la cifra: legitimidad y valor inaugural
Con aproximadamente 1.5 millones de votos emitidos en el Estado de México (alrededor del 11% de participación), la elección judicial cuenta con una base sólida para considerarse válida y legítima. Es la primera vez en la historia del estado que las y los ciudadanos participan activamente en la configuración de su Poder Judicial. Nada mal para un proceso sin antecedentes, sin tradición cívica en la materia, y con escasa pedagogía institucional previa.
Del siglo XIX al siglo XXI: la democracia judicial como salto histórico
La democracia en el Estado de México no nació con cifras masivas. En 1827, Lorenzo de Zavala fue designado gobernador por un Congreso local en un proceso limitado, elitista e indirecto. Tuvieron que pasar más de 100 años para consolidar elecciones abiertas y competidas al Ejecutivo estatal.
Incluso hoy, tras más de un siglo de prácticas democráticas, la elección a gobernador de 2023 reunió 6.1 millones de votos. Lo que representó el 49.9% del electorado en ese entonces.
Para el Congreso local en 2024 fueron 7.9 millones, casi el 60%. En contraste, que 1.5 millones de personas hayan votado en una elección judicial demuestra una politización ciudadana incipiente pero genuina.
“Fue poco tiempo para que la ciudadanía se diera cuenta de la importancia de elegir a las personas que van a impartir justicia en nuestro país”. Aseguró Carla Humphrey, Consejera Electoral del INE.
¿Qué se votó en Edomex y qué se sabe hasta ahora?
La jornada electoral del 1 de junio permitió elegir a jueces, magistrados y ministros a nivel estatal y federal. En el caso del Estado de México, miles de ciudadanas y ciudadanos emitieron su voto para integrar, entre otros órganos, el nuevo Tribunal de Disciplina Judicial. Aunque comenzaron a circular cifras preliminares y conteos extraoficiales que perfilan a algunos candidatos como posibles ganadores, los resultados definitivos aún no han sido confirmados por las autoridades electorales correspondientes.
Figuras como el exfiscal Jaime Gómez Sánchez han sido mencionadas como posibles electos, mientras que otros perfiles como Ricardo Sodi Cuéllar y Luz María Zarza habrían tenido una votación marginal en la contienda federal. Sin embargo, cualquier juicio sobre ganadores o perdedores debe reservarse hasta la validación oficial. Lo relevante por ahora es que la ciudadanía ejerció su derecho a decidir quiénes deben administrar justicia en su nombre, abriendo un proceso que será tan formativo como inédito.
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La justicia también se vota
Elegir jueces implica redefinir lo que entendemos por justicia. Ya no es solo una facultad técnica o legalista: es también una decisión política, ética, comunitaria. Este paso ontológico convierte al votante en coautor del sistema judicial, aunque aún no tenga todas las herramientas informativas para ejercer ese rol a plenitud.
Un voto que busca sentido
Muchos mexiquenses votaron sin conocer a fondo a los candidatos. Guiados por nombres, intuiciones o simplemente por participar. Pero incluso ese gesto encierra una potencia hermenéutica: empezar a darle sentido ciudadano a un poder que por décadas fue opaco. El voto judicial no fue ilustrado, pero sí libre. Y eso basta para comenzar.
¡Sólo 13%? Tal vez. Pero también: ya 13%
En democracia, los procesos fundacionales no se miden solo por su cantidad, sino por su potencial transformador. El valor axiológico de esta elección no está en la estadística, sino en lo que inaugura: la posibilidad de apropiarse de la justicia como un bien público. Como ocurrió con el sufragio al Ejecutivo hace un siglo, o al Legislativo hace décadas, este primer voto judicial abrirá debates, reformas y aprendizajes. A nivel nacional, el INE ha reportado un estimado del 13% de participación ciudadana.
El juicio está abierto. Pero si algo quedó claro el pasado 1 de junio es que la ciudadanía del Estado de México dio un paso que no tiene regreso: comenzar a decidir cómo se configura el Poder Judicial. El reto ahora no es lamentar la baja participación, sino construir, desde ahí, una nueva cultura judicial democrática. Si en 1827 comenzamos a elegir a nuestros gobernadores, y en el siglo XX consolidamos el voto al Congreso, hoy el turno es del Poder Judicial. Y eso merece celebrarse.


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