En sólo una década se reportó un aumento exponencial de la población mexiquense envejecida, que pasó de 3.4 por ciento en los años 90 a 5.4 por ciento a inicios del siglo XXI, afirmó el especialista del Centro de Investigación y Estudios Avanzados de la Población (CIEAP) de la Universidad Autónoma del Estado de México, Hugo Montes de Oca Vargas.
El universitario sostuvo que el incremento de este sector de la población es un fenómeno demográfico que ocurre en todo el mundo, como consecuencia de diversos factores de carácter biológico, social y cultural; por ejemplo, puntualizó, la disminución de la fecundidad y el ingreso de la mujer al campo laboral, lo cual le posibilita aplazar la maternidad.
En este contexto, enfatizó que los países desarrollados y en vías de desarrollo son los que presentan mayores niveles de degradación de la imagen del adulto mayor, considerándolo incapaz para desarrollar actividades laborales; es decir, se le otorga una connotación negativa dentro de la cultura, lo que requiere sin duda, de la transformación de cosmovisiones.
Por otra parte, subrayó que el envejecimiento en nuestro país adquiere cada vez más, un rostro femenino, pues al tener una mayor esperanza de vida, las mujeres mayores de 65 años son las más vulnerables a padecer enfermedades y situaciones de vulnerabilidad.
“Es posible observar un ejemplo del número superior de adultas mayores con respecto a los hombres en la distribución de estímulos económicos que entregan los gobiernos a las comunidades rurales, siendo 60 por ciento de estos apoyos destinados para las mujeres”.
Hugo Montes de Oca Vargas detalló que de cada 100 mujeres mayores de 65 años, 105 neonatos masculinos menores de un año mueren en México, siendo éste un factor que implica menor supervivencia para los hombres y mayores retos para las mujeres en la edad adulta, en términos de salud, trabajo y ambiente familiar.
El investigador de la Autónoma mexiquense expresó que es necesario tomar conciencia de este fenómeno social multifactorial que vulnera la calidad de vida de los adultos mayores, especialmente de las mujeres, quienes pierden puestos laborales, deben vivir dependientes de un familiar o del apoyo gubernamental, pero también se enfrentan a enfermedades crónicas y degenerativas.


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