La noche del lunes, una fuerte explosión sacudió el estadio Manchester Arena, cerca de la estación del metro Victoria, cuando finalizaba el concierto de la cantante Ariana Grande. 22 personas murieron y 59 resultaron heridas.
Tras la zozobra y el luto, este martes el Estado Islámico (EI) reivindicó el ataque a través de un comunicado.
En el parte enviado por la organización terrorista se lee que “un soldado del califa logró matar a 30 cristianos y herir a 70” y justifica que la acción fue en represalia contra los mushrikin, palabra árabe usada para referirse a aquellos que se asocian o veneran a un ser divino distinto a Alá.
De acuerdo con información oficial, el hombre que detonó el artefacto murió en la explosión, pero otro hombre, de 23 años de edad, con posibles conexiones con el artero crimen, fue detenido, señaló la policía de Manchester mediante su cuenta de Twitter.
Este es el peor ataque en Inglaterra desde una serie de atentados coordinados el 7 de julio de 2005 contra el sistema de transporte público londinense, ocasión en la que murieron 52 personas, muy similar a los ataques registrados en París, Francia, durante noviembre de 2015, cuando milicianos vinculados al EI atacaron una sede de conciertos, un estadio y varios bares.


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