¿Estamos formando ciudadanos?

En abril del año pasado se anunció que el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) se sumaba a los trabajos de la Asociación Internacional para la Evaluación del Logro Educativo (IEA por sus siglas en inglés) para aplicar en México el Estudio Internacional de Educación Cívica y Ciudadana (llamado Cívica 2016) a estudiantes de secundaria. El trabajo consistiría -se dijo- en la aplicación de un instrumento para medir la preparación que tienen los adolescentes para asumir su condición ciudadana y saber cuál es la situación de su formación cívica y ciudadana.   La muestra seleccionada para el estudio
noviembre 9, 2017

En abril del año pasado se anunció que el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) se sumaba a los trabajos de la Asociación Internacional para la Evaluación del Logro Educativo (IEA por sus siglas en inglés) para aplicar en México el Estudio Internacional de Educación Cívica y Ciudadana (llamado Cívica 2016) a estudiantes de secundaria. El trabajo consistiría -se dijo- en la aplicación de un instrumento para medir la preparación que tienen los adolescentes para asumir su condición ciudadana y saber cuál es la situación de su formación cívica y ciudadana.

 

La muestra seleccionada para el estudio fue de 5,526 estudiantes de segundo grado, matriculados en 213 escuelas secundarias de distintas regiones del país. Se dijo en aquel momento que los resultados se darían a conocer en noviembre de 2017 y, precisamente, esta semana se hizo su presentación. Los datos arrojan varias cosas interesantes: primeramente, dado que se trató de una evaluación, como país no salimos con las mejores calificaciones; ocupamos el antepenúltimo lugar (de entre los 21 países que fueron evaluados), sólo por arriba de Perú y República Dominicana. La calificación máxima a obtener era de 600 puntos y como país obtuvimos 467. Este puntaje nos coloca como una nación en la que sus adolescentes sí identifican los principios fundamentales del civismo y la ciudadanía, pero tienen conceptos muy generales de lo que ello implica, además de no tienen una perspectiva crítica.

 

Este estudio documentó que una proporción de adolescentes mexicanos -mayor a la media internacional- identifica como conductas que definen a un buen ciudadano las siguientes: trabajar duro, asegurar el bienestar económico de la familia, apoyar a personas que están peor que uno e involucrarse para ayudar a otros países de menor desarrollo. Sin embargo, un porcentaje también mayor que la media internacional no considera la obediencia a la ley en la definición de buen ciudadano. Del mismo modo la encuesta arrojó que 38% de los jóvenes mexicanos considera malo o perjudicial para la democracia que se permita criticar al gobierno.

 

Hay varias cosas que ayudan a entender el bajo desempeño de los estudiante en esta evaluación, pero la principal de ellas es que en los planes de estudio de la primaria y el primer año de secundaria (justo lo que han estudiado quienes fueron encuestados) no se les enseñan cosas vinculadas a la vida política nacional y mundial, a la relación entre la economía y la vida política, a la gobernanza justa y a cómo eso tiene que ver con el financimiento que tienen los partidos políticos, por citar sólo algunos ejemplos. Vaya, el estudio nos muestra claramente que en las escuelas no se está enseñando eso que la IEA establece como descriptores para evaluar el compromiso cívico y el pensamiento abstracto en materia de asuntos políticos.

 

Por otro lado, los alumnos que participaron en la encuesta consideran que la escuela es un sitio muy hostil, pues respecto de prácticamente todos los indicadores (apodo ofensivo, burla, ataque físico, romper pertenencias, fotos ofensivas en internet) las frecuencias son significativamente superiores a lo registrado en otros países. Este último dato es muy relevante porque se preguntó a los estudiantes precisamente sobre cómo la pasaban en la escuela debido a que la educación cívica es el conjunto de aprendizajes necesarios para vivir armónicamente en sociedad: vivir con otros respetándolos y respetándonos. Así que, en la medida que en la escuela no hay posibilidades de convivir armoniosamente y los estudiantes se sientes hostilizados, eso se convierte en síntoma de que no están aprendiendo a comportarse como buenos ciudadanos.

 

El estudio, sin duda, ofrece información que deberá ser analizada con más detalle para tomar medidas que permitan que en las aulas se forme a jóvenes más críticos, capaces de asumir un compromiso político que abone al bienestar de los demás y a la conservación de su entorno.

Síguenos

PUBLICIDAD

BOLETÍN

Únete a nuestra lista de correo

Como tú, odiamos el spam

Síguenos