El conflicto entre Estados Unidos, Irán e Israel mantiene a Medio Oriente en una situación muy tensa y ha provocado uno de los mayores problemas energéticos de los últimos años. Una situación geográficamente lejana pero que impacta la economía mexicana, y acá te explicamos por qué.
El Estrecho de Ormuz, por donde pasa alrededor del 20% del petróleo que se mueve en el mundo, está funcionando a menos del 10% de su capacidad normal.
Hoy solo cruzan entre 6 y 16 barcos al día, destacando que en condiciones normales pasan entre 100 y 140 embarcaciones. Esto significa que el flujo de petróleo y otros productos está prácticamente detenido, afectando a todos los países, incluso a los que están lejos del conflicto.
Irán mantiene un control estricto del corredor, exige que los buques naveguen por rutas específicas bajo supervisión de su armada y advierte que embarcaciones no autorizadas podrían enfrentar riesgos por minas navales o ataques.
Mientras tanto, cientos de navíos permanecen detenidos en el Golfo Pérsico a la espera de condiciones seguras, lo que ha generado un cuello de botella sin precedentes en el suministro energético global.

¿Por qué este conflicto impacta a México, aunque ocurra a miles de kilómetros?
La distancia geográfica no protege a México, ni a muchos países del continente, del impacto económico.
La crisis en Ormuz afecta directamente a la economía mexicana por seis vías principales:
- Aumento en el costo de combustibles. México importa más del 70% de las gasolinas y diésel que consume. Con el estrecho casi paralizado, el petróleo se ha encarecido y los costos logísticos se han disparado. Aunque los precios internacionales han tenido altibajos por la tregua, el riesgo sigue latente y presiona los costos de importación.
- Inflación en alimentos y productos básicos. El transporte global depende del petróleo. Cuando sube el costo del combustible, se encarece el transporte de mercancías, aumentan los precios de alimentos, fertilizantes, maquinaria y productos importados y se presiona la inflación general en México.
- Impacto en la industria y las exportaciones. La afectación por este cierre también impacta las cadenas de suministro mexicanas. Los sectores automotriz, electrónica y manufactura, dependen de insumos importados. Estos retrasos y costos adicionales inciden de manera directa en la producción, los tiempos de entrega y la competitividad internacional.
- La agricultura también se reciente. México importa fertilizantes desde Medio Oriente y Asia. Con rutas marítimas cerradas o restringidas, los costos agrícolas suben y se trasladan al consumidor.
- Volatilidad del peso frente al dólar. En escenarios de conflicto global, los inversionistas escudan sus capitales en el dólar. Por lo que el peso se deprecia, hay mayores costos de importaciones y por ende una presión inflacionaria adicional.
- Aunque México exporta petróleo, importa combustibles. Cuando el crudo sube: Pemex gana más por exportación, pero el gobierno paga más por importar gasolina, por ende, aumenta el subsidio para evitar incrementos al consumidor. El resultado puede ser un déficit fiscal mayor.
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¿Qué medidas está tomando el Gobierno de México ante los efectos del conflicto en Medio Oriente?
El Ejecutivo federal ha comenzado a aplicar una serie de medidas para reducir el impacto que esta situación está generando en los precios de los combustibles, la inflación y la estabilidad económica del país. Entre las acciones anunciadas por la administración se encuentran:
Mantener estables los precios de la gasolina. La presidenta Claudia Sheinbaum ha explicado que el gobierno está utilizando estímulos fiscales al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) para evitar que el aumento internacional del petróleo se refleje directamente en el precio final de las gasolinas en México.
Según sus declaraciones, sin este subsidio la gasolina Magna podría costar alrededor de 33 pesos por litro, pero se mantiene en 24 pesos gracias a la reducción del impuesto.
Ajustes y vigilancia en el precio del diésel. Sheinbaum ha señalado que, tras la reciente baja en el precio internacional del petróleo luego de la tregua entre Estados Unidos e Irán, el gobierno buscará que los gasolineros reduzcan el precio del diésel, ya que es un insumo clave para el transporte y la logística.
Uso de herramientas fiscales para evitar un “gasolinazo”. La presidenta también ha explicado que México cuenta con mecanismos fiscales y presupuestales para amortiguar la volatilidad del petróleo y evitar incrementos bruscos en los combustibles, incluso en escenarios de tensión internacional.
Coordinación con el Banco de México ante riesgos inflacionarios. Aunque el Ejecutivo administra los subsidios a combustibles, el Banco de México ha advertido que el conflicto sigue representando riesgos al alza para la inflación, por lo que mantiene cautela en sus decisiones sobre tasas de interés.
México es un país profundamente integrado al comercio internacional y dependiente de combustibles importados; por ello, este conflicto representa un riesgo económico real y creciente.


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