La fábrica de mentiras: #TelevisaLeaks

No podemos vivir sin información, que es el insumo que orienta nuestras percepciones
mayo 4, 2025

No poder distinguir lo que es verdad y lo que no forma parte del diagnóstico de la esquizofrenia. Es complicado, sin embargo, tener un acuerdo unánime respecto a lo que es la verdad. Todos podemos tener elementos suficientes para dar por verdadero algo, pero habrá quien no acepte dichos elementos y tenga “otra verdad” en la que creer.

En la era de la información se multiplican casi infinitamente las versiones sobre un hecho, complicando el determinar lo que es verdad. Los hechos no agotan la realidad, esta se extiende hacia las verbalizaciones que se multiplican en el espacio público. Estas últimas encuentran en las múltiples plataformas on-line la posibilidad de potenciarse. Es así como dado un hecho X, pueden cientos o miles de personas construir “su verdad” para hacerlo inteligible.

Ahora, ello ocurre casi de manera espontánea con cualquiera que tenga una cuenta en TikTok, en Youtube o cualquier otra red. En su canal, expresa sus ideas o emociones y las mismas se erigen en la verdad para esa persona. Quienes le siguen –y le creen– tendrán por verdad lo que ha dicho.

¿Pero qué pasa cuando nos damos cuenta de que muchas de las cosas que se difunden por esas redes están creadas exprofeso para hacer pasar por verdad algo que no lo es?

La semana pasada la periodista Carmen Aristegui presentó una serie de reportajes, entrevistas y opiniones al respecto de una presunta fábrica de mentiras montada y operada por el gigante mediático Televisa. El señalamiento es básicamente que dentro de dicha empresa “opera el grupo clandestino autodenominado Palomar, encargado de ensalzar o destruir reputaciones con apoyo de cuentas falsas en redes sociales, distorsionando imágenes, audios y videos para destruir o dañar, según los intereses de la compañía”.

Sí, estamos hablando de una presunta operación sistemática, bien articulada y financiada, cuyo propósito sería el de construir “verdades” que puedan causar daño a personas, empresas o entidades de cualquier naturaleza. Una fábrica de mentiras. Estas acusaciones han generado un revuelo importante. Creo que deben animarnos a reflexionar y debatir al respecto de los procesos que nos proveen de la información con base en la cual pensamos y actuamos.

Televisa: la fábrica de mentiras

Sin información no somos nada

Como seres humanos, requerimos de un orden informacional que nos oriente. Dicho en otras palabras, no podemos vivir sin información, que es el insumo que orienta nuestras percepciones. Hoy, más que nunca, estamos expuestos a gran cantidad de información. Se nos vuelve necesario poder discriminar la misma para quedarnos con aquella que resulte de utilidad para inteligir el mundo, la vida misma. El acceso a la información ha sido consagrado como un derecho humano. Esto último significa reconocerlo como una característica inherente a la persona: privar a alguien del acceso a la información, le mutila, le coloca en condición de alguien incompleto.

Pero tener acceso a fuentes de información no es garantía de obtener de ellas “la verdad”. Lo que nos recuerda el escándalo mediático aludido es que resulta sumamente complicado confiar plenamente en lo que se nos presenta como cierto. El ejercicio periodístico se ha ofertado por siglos como fuente certera de información. Los valores de objetividad, imparcialidad, profundidad y certeza se han levantado como banderas para la labor periodística. Publicaciones periodísticas han hecho de ello no solo su inspiración deontológica sino su capital social. La gente confía en ellos por la calidad de la información que ofrecen. Pero los elementos adicionales que hora hay que agregar al ya de por sí complejo tema de la verdad es que puede alguien presentarse como empresa periodística comprometida con la verdad y, al mismo tiempo, operar como fábrica de mentiras.

Difundir información falsa, cosa sencilla, la fábrica de mentiras se activa

Esparcir mentiras en las redes sociales digitales es algo muy sencillo. Son tierra fértil para ello por sus características orgánicas. Ya en otras ocasiones hemos hablado de ello, basta solamente recordar que las mismas operan apoyadas en los sesgos cognitivos de sus usuarios: la gente toma como cierto aquello en lo que ya creía, no necesariamente porque sea verdadero, sino porque se corresponde con sus pre-juicios.

Parece ser, pues, que hay quienes aprovechando estas características hacen de las redes sociales el espacio adecuado para difundir mentiras con el propósito claro de engañar, dañar, destruir reputaciones e imágenes. Quien no cuente con un bagaje adecuado para discriminar la información, desechando las mentiras esparcidas de forma intencionada, fácilmente tomará por cierta este tipo de información tendenciosa y malintencionada.

Las revelaciones detalladas sobre la operación de una fábrica de mentiras es ilustrativa de un mecanismo propio de nuestra era: el exceso de información termina impidiendo a las personas procesar, comprender y utilizar de manera efectiva todo aquello que se nos ofrece en términos informativos. Siempre será mucho más sencillo influir en la voluntad de las personas no informadas adecuadamente.

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