Entre 2015 y 2024, el Estado de México ha registrado más de mil víctimas de feminicidio, de las cuales al menos 136 eran niñas y adolescentes, según cifras oficiales. Sin embargo, organizaciones especializadas advierten que estos datos no reflejan con precisión la magnitud del fenómeno, ya que muchos casos se investigan como homicidios dolosos o no se registran adecuadamente.
Aquí se recuperan las historias de Fátima y Wendy, dos niñas víctimas de feminicidio, pero también hijas, hermanas, amigas y estudiantes que vivían —como muchas otras— bajo la sombra de un sistema que les falló. A través del testimonio de sus madres, Lorena Gutiérrez y Guadalupe Sevilla, se reconstruye no solo el horror del crimen, sino el abandono institucional, la impunidad persistente y la lucha incansable por justicia.
«El Estado de México es muy particular. Es una de las entidades que presenta los feminicidios a menores de edad con más saña, crueldad y brutalidad. La mayoría quedan impunes.»
Perla Blas, coordinadora del colectivo de mujeres periodistas independientes»Aquí Estamos»
“Yo soy Lorena, la mamá de Fátima”
Con premura, nos dijo que pasáramos a su hogar y pidió cinco minutos para arreglarse antes de platicar con nosotras.
“Qué lindas flores”, le comentamos a Lorena Gutiérrez al ver una docena de grandes y frondosos girasoles sobre una mesita, a un costado de la sala de estar. Con un poco de pena, una libreta y pañuelos en mano, Lorena confiesa por qué estaban ahí: “Es que ayer fue mi cumpleaños”.
Entre nuestras felicitaciones y una sonrisa apenas visible, Lorena se sentó en el amplio sofá que queda frente a la pared donde las fotos de Fátima y Daniel mantienen la memoria viva. Ella sabía qué le íbamos a preguntar.
Con tranquilidad, juntó sus manos y nos compartió su historia, una llena de luchas; una que se repite en otras mujeres y en otras niñas.
“Yo soy Lorena Gutiérrez Rangel, mamá de Fátima Varinia Quintana Gutiérrez, víctima de feminicidio el 5 de febrero del 2015, en la Lupita Casas Viejas, en el municipio de Lerma, Estado de México, todo esto a un costado de la carretera Naucalpan-Toluca […] Mi hija sólo era una niña que quería llegar a casa después de la secundaria”.
Han pasado más de 10 años de la tortura, violación y feminicidio de Fátima, una niña de 12 años, a manos de sus vecinos Luis Ángel y Misael Atayde Reyes, ambos hermanos, y José Juan, su amigo. El recuerdo sigue tan vívido como aquel jueves.
La última vez que Lorena vio a su hija fue cuando salió apresuradamente de casa, con su padre tras ella, para llegar a tiempo a la secundaria. Fátima era puntual, y llegar tarde nunca era opción. Por eso, la sensación muda de que algo malo había pasado recorrió su cuerpo cuando el reloj marcó las 15:40, y ella no volvía; nunca llegaba después de las tres.
Lorena salió corriendo junto a su esposo y su pequeño hijo Daniel a buscarla.

La casa de la familia Quintana Gutiérrez descansa en la parte alta del cerro. Fátima llegaba todos los días después de la escuela por la carretera Naucalpan-Toluca con su amiga Salma, y cruzaban forzosamente la última casa, la de los hermanos Atayde Reyes, que se encontraba entre la carretera y una zona boscosa.
“Yo corrí y me paré justamente en un barandalito de palitos de la casa de Luis Ángel y Misael. Les pregunté a Misael, ‘¿no viste pasar a Fátima?’ Me contestó que no. Después de eso fui a buscar a Salma, la amiga de mi hija. Ella me acompañó al último sitio donde la vio, y era justo frente a la casa de los hermanos Atayde Reyes. ‘Ustedes sí nos vieron pasar, no digan que no’, los acusó Salmita, y ellos no dijeron nada”.
Lorena mandó a su hijo Daniel y a Salma a tocar las campanas de la iglesia para alertar a la comunidad y buscar a Fátima, porque pensaba que alguien se la había llevado. Mientras tanto, ella se quedó en el lugar donde Salma dijo haberla visto por última vez, para buscar algún indicio, una pista. Fue así que, justo detrás de un arbusto, reconoció la sudadera de la niña junto a un cuchillo manchado de sangre.
Lorena le mostró las pruebas a los vecinos congregados y a su hija mayor, quienes se adentraron en el bosque para buscar a la niña, pero Lorena no los siguió. Nuevamente tuvo otro presentimiento, y regresó a la casa de los hermanos Atayde Reyes. Fue cuando vio a Misael salir con la mochila de Fátima entre sus manos.
“Él me avienta la mochila y me voy para atrás. Tardé un segundo en levantarme, pero él se echó a correr con José Juan, ‘el pelón’, en dirección al bosque. Yo intenté seguirlos, pero no fue posible, mejor regresé a la casa donde los vecinos ya tenían encerrado a Luis Ángel en su casa; ahí encontramos ropa manchada de sangre y confirmamos que ellos le habían hecho algo a Fati”, explica Lorena con voz baja.
Lo que pasó a continuación fue la confirmación de un miedo. Lorena volvió al bosque junto con su hijo y su esposo para seguir las voces de sus vecinos, que les gritaban para que fuera a ver los coágulos de sangre que había cerca de las zanjas que el agua forma antes de desembocar en la cuneta de la Naucalpan-Toluca.
En el lugar había tres piedras de más de 30 kilos, con sangre. Mientras las observaba, escuchó el grito de Daniel, su hijo de 10 años. “Fue él quien vio primero a Fati. Su tenis y parte de su manita que sobresalían del piso. Ahí supe que mi hija ya no tenía vida”.
La menor de edad fue interceptada por Luis Ángel, José Juan y Misael, este último, menor de edad. Ellos torturaron, violaron y agredieron a la niña. Sin embargo, fueron los golpes que recibió con las piedras los que provocaron su muerte por trauma craneoencefálico severo.
El caso de la pequeña Fátima resonó en el Estado de México y removió fibras sensibles sobre la violencia que viven las niñas y adolescentes a manos de sus familias, vecinos, amigos, conocidos y personas que se creen con el derecho de arrebatarles la vida.
La crueldad de su asesinato y el nivel de saña con el que fue cometido pusieron en el ojo público un tema que, por mucho tiempo, fue ignorado y que, con el paso de los años, ha ganado terreno: la violencia feminicida que enfrentan las niñas y adolescentes en el Estado de México.

México: un país diverso para la violencia infantil
México es un país atravesado por violencia contra las infancias y adolescencias. A diario, 2.9 niñas, niños y adolescentes son asesinados por alguien que intentó matarlos y lo consiguió, expresó José de Jesús Villalobos, integrante de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), a AD Noticias.
“Solo dos lugares en el mundo tienen una mayor cantidad de niñas, niños y adolescentes asesinados que México: Gaza, por todo lo que están viviendo, y Siria. Esto tendría que ser un escándalo, y debemos poner atención para que los gobiernos realicen políticas públicas para que no suceda más”.
José de Jesús Villalobos, integrante de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim)
El feminicidio infantil es la culminación de una serie de violencias sistemáticas que las niñas y adolescentes viven a diario. Pero, ¿qué pasa en México para que tantas infancias y adolescencias sean víctimas de feminicidio? ¿En qué contextos viven las menores de edad para que sus feminicidios ocurran?
Para entender mejor esta crisis, es necesario conocer el entorno en el que viven las niñas y adolescentes mexicanas.
Panorama general de violencia en México:
- México es el segundo país de América Latina y el Caribe, solo por debajo de Brasil, con el mayor número de feminicidios diarios. Actualmente, nueve mujeres son asesinadas al día en todo el territorio mexicano.
- México es el principal productor de pornografía infantil a nivel mundial. De aquí proviene el 60 por ciento de este material en el mundo, explica la organización Ecpat (End Child Prostitution, Child Pornography and Trafficking).
- En 2016, a través de un comunicado, la Cámara de Diputados señaló que México ocupa uno de los primeros lugares en abuso sexual de niñas, niños y adolescentes. En aquel entonces, indicó que 4.5 millones de menores padecen estas violaciones al año, manteniendo a México por encima de naciones con regímenes dictatoriales.
- En 2024, México ocupó el segundo lugar en bullying a nivel mundial, solo por debajo de España, con 280 mil casos. Siete de cada diez niñas, niños y adolescentes sufren esta forma de violencia diariamente, según datos de la organización Bullying Sin Fronteras.
- En México, no se denuncia el 94 por ciento de los delitos que se cometen, y menos del uno por ciento son resueltos. De cada 100 delitos que se denuncian, solo 14 se resuelven, explica Impunidad Cero.



Panorama particular de violencia en el Estado de México:
- En 2015, el Sistema Nacional de Prevención, Atención, Sanción y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres acordó la procedencia de la declaratoria de Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres para el Estado de México en once municipios: Chalco, Chimalhuacán, Cuautitlán Izcalli, Ecatepec, Ixtapaluca, Naucalpan, Nezahualcóyotl, Tlalnepantla, Toluca, Tultitlán y Valle de Chalco.
- En 2019, la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (CONAVIM) declaró una segunda alerta, esta vez enfocada en la desaparición de niñas, adolescentes y mujeres en siete de los municipios ya incluidos en la primera alerta: Toluca, Ecatepec, Nezahualcóyotl, Cuautitlán Izcalli, Chimalhuacán, Ixtapaluca y Valle de Chalco.
- Estas alertas de género coinciden con los municipios que registran el mayor número de personas desaparecidas en el Edomex en 2024: Ecatepec de Morelos (663 casos), Naucalpan (449 casos), Toluca (425 casos), Cuautitlán Izcalli (306 casos) y Chimalhuacán (270 casos), según cifras del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO).
- En el Estado de México, desaparecen a diario diez niñas, niños y adolescentes. Esto representa el 20 por ciento de los casos a nivel nacional, de acuerdo con datos de la Redim. Esta problemática afecta principalmente a las mujeres, ya que dos de cada tres menores víctimas de desaparición son niñas o adolescentes.
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Frente a esta crisis de violencia para las niñas y adolescentes del país, y particularmente del Estado de México, realizar cualquier actividad cotidiana parece un acto de valentía: regresar de la escuela, jugar en la calle, andar en el transporte público, ir al cine o incluso salir a pasear con tu pareja representa una posible violencia que puede costarles la vida.
Un viaje de ida, pero no de regreso
Eran las 16:00 de la tarde y el sol caía abrasador sobre la plancha del Zócalo capitalino. Todas las personas se refugiaban de la incandescente luz que cegaba la vista y quemaba la piel si la tocaba directamente.
Las únicas personas que no huían del sol, más que dentro de sus casas de campaña, eran las madres y padres de mujeres, niñas y adolescentes víctimas de feminicidio de diversos estados, todas ellas congregadas frente a Palacio Nacional el 5 de marzo, con el único propósito de obtener una audiencia con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo. Una que nunca llegó.
Entre las mujeres presentes, una tocó mi hombro y preguntó: “¿Usted es la que me está buscando?”. Era Guadalupe Sevilla Reyes, mamá de Wendy Ricardo Sevilla, víctima de feminicidio a sus 16 años en el municipio de Xonacatlán, Estado de México.
Guadalupe Sevilla es una mujer menuda, de rostro afable y mirada tímida. Sin embargo, eso no le impidió hablar con firmeza sobre el feminicidio de su joven hija en 2021, a manos de su expareja, Fredy.

Sevilla explica que Wendy salió el 20 de marzo a dar una vuelta con su novio después de recibir una llamada telefónica de su parte. Recuerda que salió como a las 17:30 y que, después de una hora, el chico llegó a su casa para decirle que Wendy se había apartado de su lado y que no había podido encontrarla nuevamente: que, incluso, tenía el celular apagado y no recibía llamadas.
A Guadalupe eso le pareció sospechoso, porque Wendy no era una persona que se desapareciera o se apartara cuando iba acompañada de alguien más. “Yo le dije en ese momento a Fredy que le marcara otra vez, pero me decía que las llamadas ya no le entraban a Wendy y pues sí, efectivamente, ya no le entraban las llamadas a mi hija”.
Ese día, la familia Ricardo Sevilla estaba festejando el cumpleaños del papá de Wendy. Al principio, Guadalupe dice que no se preocupó, que al fin y al cabo aún era temprano y tenía la esperanza de recibir a su hija. Sin embargo, después de otra hora, la incertidumbre cayó sobre sus hombros y en los del resto de la familia. “Yo tenía la esperanza de que volviera, pero nunca me imaginé que después a mi hija la encontraría sin vida”.

Aquel sábado, la señora Guadalupe alertó a su familia y vecinos sobre la ausencia de Wendy, y, entre todos, decidieron buscarla sin éxito esa noche, misma que la familia aprovechó para viajar a Toluca y levantar la denuncia de desaparición.
“Las autoridades solo me dieron la hoja de búsqueda de mi hija para compartirla en redes sociales y me dijeron que cuando la encontrara, con vida o sin vida, que yo les avisara para tener el registro. Esa fue la respuesta de las autoridades”.
Guadalupe Sevilla Reyes, mamá de Wendy
Dos días después, el 22 de marzo de 2021, una vecina fue quien alertó a Guadalupe sobre el hallazgo del cuerpo sin vida de Wendy en un canal de aguas negras en un paraje de “La Manga” en Xonacatlán.
De acuerdo con el peritaje, la adolescente falleció por un edema cerebral por sumersión, provocado por su expareja Fredy, el chico que días antes dijo que había perdido de vista a Wendy.
El caso de la adolescente, así como el de la pequeña Fátima, también removió fibras sensibles de la comunidad donde vivía y en todo el Estado de México, pues fueron las amigas de la adolescente quienes, al momento de su entierro, en el panteón de Santa María Tetitla, cargaron su ataúd y exigieron justicia con pancartas en mano y al grito de “Ni perdón ni olvido, que se encuentre al asesino”.
Organizaciones enfocadas en cuidar el bienestar de las infancias y adolescencias, como Mexicanos Primero y Fundación Naná, explican que, en México, siete de cada diez mujeres han sufrido algún tipo de violencia en pareja. En este sentido, las adolescentes tienen un 10 por ciento más de probabilidad de vivirla, y los adolescentes varones, de ejercerla.
Los vacíos de información
Según cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), de 2015 (año en que comienzan los registros de este delito) a la fecha, el Estado de México ha registrado mil 47 víctimas de feminicidio, de las cuales 136 corresponden a niñas y adolescentes.
Sin embargo, la Redim y el colectivo de mujeres periodistas independientes “Aquí Estamos” señalan que estas cifras no reflejan la realidad y tampoco se aproximan a describir la gravedad del problema, pues gran parte de los casos son investigados como homicidios dolosos y no como feminicidios, lo que ocasiona sesgos en la información.
Frente a estos procesos donde las cifras son inciertas, el colectivo de mujeres periodistas “Aquí Estamos” surge en 2019 como una alternativa a las cifras oficiales, para profundizar en los casos de feminicidio infantil a través del monitoreo de medios.
Aunque es cierto que estos datos no son equiparables con los oficiales, permiten una mayor aproximación a las víctimas y ayudan a conocer quiénes eran, cuántos años tenían, dónde vivían, cómo fueron asesinadas y, posiblemente, quién fue su feminicida, desde un enfoque feminista y de género.
Gracias a las bases de datos del colectivo “Aquí Estamos”, fue posible determinar hitos para conocer las condiciones en las que se perpetúan los feminicidios de niñas y adolescentes.
Algunos de ellos son:
- La mayoría de los feminicidios de niñas y adolescentes en el Edomex fueron cometidos por personas que conocían a las víctimas. Eran padrastros, madres, padres, conocidos, vecinos o parejas.
- Los municipios del Estado de México donde se registra un mayor número de feminicidios infantiles coinciden con los municipios con alertas de violencia de género contra las mujeres y alertas por desaparición de mujeres, niñas y adolescentes. Estos son: Valle de Chalco, Ixtapaluca, Ecatepec y Tecámac.
- De acuerdo con estas estadísticas, las niñas de tres a cinco años, y las adolescentes de 12 a 17, son las que están en mayor riesgo de ser víctimas de feminicidio. Este último grupo también es el de mayor incidencia de desaparición de mujeres en el Edomex, según una investigación previa de AD Noticias.
Sin embargo, Perla Blas, coordinadora del colectivo “Aquí Estamos”, explica que los datos cuentan, inevitablemente, con sesgos de información, pues, al estar sujetos al monitoreo de medios, no todos los casos de feminicidio infantil en el Edomex se registran en los noticieros o medios locales, por falta de información, tiempo o coyuntura.
A la fecha, no es posible saber cuáles son las cifras reales de cuántas niñas y adolescentes son víctimas de feminicidio en la entidad; solo es posible especular que los casos registrados son un porcentaje mínimo del total en el Edomex y en el país.
José de Jesús Villalobos, de la Redim, suma otro dato que pone de manifiesto la crisis de feminicidios infantiles: más del 90 por ciento de los casos reportados quedan impunes, debido a la falta de una buena impartición de justicia o porque las familias desisten de los procesos por ser costosos y agotadores.
A esto se suma el nivel de impunidad, revictimización y violencia institucional al que las familias de las víctimas son sometidas en su camino por encontrar justicia.
La impunidad trabaja desde el día uno
Lorena Gutiérrez y Guadalupe Sevilla expresan que los procesos legales e institucionales a los que fueron sometidas ellas y sus familias, después de los feminicidios de sus hijas, fueron abrumadores, agotadores, costosos e indolentes.
Aunque los casos de Fátima y Wendy son distintos entre sí, ambos tienen algo en común: la falta de acción por parte de las autoridades al momento de reportar la situación, así como la indiferencia institucional frente a su dolor y sus peticiones de reparación del daño.
Sin embargo, el caso de Fátima fue el que presentó más errores de forma y fondo en su carpeta de investigación, lo cual entorpeció y retrasó durante 10 años la obtención de justicia.
“Después de 10 años, cuando una se documenta y ya sabe más o menos los procesos que debieron llevarse para armar una carpeta de investigación[,] me da mucho coraje darme cuenta de que la fiscalía y la policía estatal, desde el momento uno, hicieron mal su trabajo”, explica Lorena.
La familia Quintana Gutiérrez y el pueblo de La Lupita Casas Viejas entregaron todas las pruebas pertinentes para que los tres detenidos fueran sentenciados, pero la única respuesta del Estado fue dejarlos en libertad en cuanto fue posible.
“Les entregamos el cuerpo, les entregamos toda la ropa, les entregamos ese cuchillo, la sudadera, la mochila, o sea, les dimos todo, a los tres asesinos, el 5 de febrero, y todas las pruebas para que los vincularan y los sentenciaran, a los tres, no solamente a dos, y no pasó nada, no los detuvieron, los dejaron libres, como si no hubieran hecho nada”.
Lorena también recuerda cómo los peritos llegaron 15 días después de lo ocurrido a hacer el reconocimiento de las pruebas. Muchas de ellas, explica, se perdieron porque ya estaban contaminadas. Tampoco resguardaron la casa de los hermanos Atayde Reyes.
También hubo revictimización por parte de elementos del Poder Judicial que minimizaron su dolor y angustia.
“Lo primero que hicimos fue acudir con la magistrada de menores en el Poder Judicial de Toluca. Yo le empecé a explicar lo que le habían hecho a mi Fati; estaba a punto de llorar por el recuerdo, y la juez solo me interrumpió y me dijo ‘Ay, no, no, no señora, lagrimitas aquí no, porque a estas alturas usted ya tiene que tener los piecitos bien puestos en la tierra’. Habían pasado apenas 15 días desde que habían asesinado a mi hija, ¿cómo quería que estuviera?”
De forma similar ocurrió en el caso de Wendy, explica Guadalupe Sevilla. Desde el momento uno, fue la comunidad la que alertó a la familia sobre el hallazgo del cuerpo de la menor, porque las autoridades no hicieron reconocimiento en la zona.
Las irregularidades institucionales de fondo, el desinterés de los Ministerios Públicos para prevenir los feminicidios, la desestimación de las voces de los testimonios, y la falta de aplicación de protocolos efectivos con perspectiva de género contribuyen a la irresolución de casos de feminicidio.
“Las fiscalías tienen que estar capacitadas en el enfoque de género para ponerlo en práctica y que no se quede en un curso o un taller. Se trata de entenderlo en serio. También es fundamental que todos y todas dejemos de lado esta visión adultocéntrica de clasificar las cosas, porque parecería que solamente es un problema de adultos, cuando estamos teniendo otros actores muy específicos como las niñas y las adolescentes”, explica José de Jesús Villalobos.
Las infancias también protestan, también resisten
En los casos de Fátima y Wendy, la participación de las infancias fue fundamental para desentrañar los hechos y exigir justicia.
Salma, la mejor amiga de Fátima, fue pieza clave para saber que las últimas personas que vieron a la menor con vida fueron los hermanos Atayde Reyes y José Juan. Daniel, el hijo menor de Lorena, fue el primero en descubrir el cuerpo de su hermana mayor y quien jamás se apartó de su lado hasta que fue llevada por los peritos.
En el caso de Wendy, las protestas con pancartas de sus compañeras de clase y amigas, quienes de forma conjunta cargaron su féretro antes de ser llevado al panteón de Santa María Tetitla, indignaron a toda una comunidad y metieron presión a un Estado omiso, porque ninguna niña o adolescente debería enterrar a sus compañeras de clase.

Con tristeza en la voz, Lorena Gutiérrez reconoce que, durante el feminicidio de Fátima y tiempo después, la atención que le brindó a Daniel fue escasa, y no siempre pudo acompañarlo en los momentos más duros.
“En ningún momento de todo esto que yo te digo, Daniel se separó de mí. A mí se me olvidó mi hijo. A mí se me olvidó que tenía 10 años, y a mí se me olvidó que él, igual que yo, estaba desesperado por encontrar a su hermana. Él estuvo todo el tiempo en esa zanja, viendo cómo estaban sacando a su hermana, ¿te imaginas? 10 años, y ser testigo de cómo sacaron a su hermana de ese agujero”.
Años después, Daniel también fue víctima colateral del feminicidio de su hermana. Durante años, sufrió depresión y en noviembre de 2020, ya con 16 años, expresó que quería morir. La familia buscó ayuda, pero en ese momento, todo resultó en su contra. Daniel comenzó con dolores de estómago y los médicos lo atribuyeron a la depresión y no a cuestiones fisiológicas.
Le recetaron un analgésico y un ansiolítico, y lo regresaron a casa. Sin embargo, esa no fue la solución. Daniel Emiliano murió el 24 de noviembre, en brazos de sus padres, por una obstrucción abdominal. La familia ya no solo buscaba justicia por el feminicidio de Fátima, sino también por la negligencia médica que provocó la muerte de su hijo menor.
Medidas para la reparación del daño
A tres días del 8M, Día Internacional de la Mujer, Lorena Gutiérrez, Guadalupe Sevilla y otras madres de víctimas de feminicidio de diversos estados comenzaron una huelga de hambre frente a Palacio Nacional, en la CDMX, para exigir diálogo con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, con la consigna: “No llegamos todas”.
Entre los objetivos del plantón, se encontraba hacer un llamado a la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) para emitir el proyecto de sentencia de la ministra Margarita Ríos Farjat[,] en el Amparo Directo en Revisión 5363/2023, en el caso de Fátima Quintana Gutiérrez.
De aprobarse el proyecto, además de reconocer a los padres de Fátima como víctimas indirectas, el Máximo Tribunal ordenará medidas de satisfacción y de no repetición a cargo del Estado de México, por su responsabilidad solidaria ante la persistencia del contexto de violencia feminicida en la entidad, y el incumplimiento de su obligación de prevenir estas violaciones graves a los derechos humanos de mujeres, niñas y adolescentes.
Aprobar este proyecto no solo haría justicia para la familia de Fátima, sino que también sentaría un precedente fundamental en la lucha contra la impunidad y la violencia feminicida en México.
Pero, hasta que eso no suceda, la lucha particular y colectiva de todas las familias continúa.
“No llegamos todas”
Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento
Ya que lejos de mí vas a estar
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.
—Margarita, Rubén Darío
“A Fátima le gustaba que yo le recitara el poema de Margarita de Rubén Darío y Daniel siempre le decía ‘Fátima, tú eres la princesa’. Pero… cuando pasó lo de Faty, Dani me decía ‘¿cómo no sabías, mamá, ni tú ni yo, que era cierto lo que decía el poema, que la princesa se iba a ir, y nunca más iba a volver?’ Fue como algo, mamá, que nos estaba diciendo que nuestra princesa se iba a ir».
Yo le decía a Daniel, ‘no digas eso, Dani’. Y me decía, ‘Pero nunca va a dejar de gustarme Margarita, mamá, nunca va a dejar de gustarme, porque aunque se haya ido la princesa, siempre va a quedar aquí, en nuestro corazón’. Ahora que Dani no está, supe que él se iba a buscar a la princesa también”.
Las madres y familias, víctimas indirectas del feminicidio de sus hijas, hermanas, sobrinas o nietas, siguen luchando desde sus trincheras. Gobierno tras gobierno, las respuestas son las mismas, y la espera e impunidad continúan.
Muchos casos de feminicidio infantil no llegan a obtener justicia. Cuando la hay, el trago es amargo, pues, para muchas familias, las sentencias no son suficientes:
- En 2024, el Juzgado Especializado de Adolescentes del Poder Judicial del Estado de México (PJEM) determinó que la pareja sentimental de Wendy Joselyn fue responsable de su feminicidio.
- Debido a que el infractor era menor de edad cuando cometió el crimen, la sentencia máxima solo pudo ser de cinco años.
- En 2022, Luis Ángel Atayde Reyes fue condenado a 78 años de prisión. Sin embargo, tiene hasta el 8 de junio para ampararse y solicitar una reducción de sentencia. Su hermano, Misael Atayde Reyes, al ser menor de edad al momento de cometer el crimen, recibió una condena de solo cinco años y ya se encuentra en libertad.
- En 2025, el Poder Judicial del Estado de México resolvió reducir la pena vitalicia impuesta a José Juan Hernández Tecruceño, y esta pasó a 70 años. La sentencia ahora es definitiva.
Justicia para todas las niñas y adolescentes asesinadas en el Estado de México, en el país y en el mundo.



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