Después de más de 180 días de paro estudiantil, la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) regresará a clases presenciales este lunes 3 de noviembre. Fue la primera en suspender actividades el 29 de abril y la última en reanudar, cerrando un ciclo de movilización que marcó un antes y un después en la vida universitaria mexiquense.
El movimiento, impulsado por el Enjambre Estudiantil Unificado (EEU), derivó en una serie de transformaciones institucionales: la renuncia del entonces rector Carlos Eduardo Barrera Díaz, la declinación de la candidata Eréndira Fierro Moreno, la instauración del voto universal para la elección de la actual rectora Martha Patricia Zarza Delgado y la reducción del 20 % en las colegiaturas como primer paso hacia la gratuidad progresiva.




También se derogó el controvertido artículo 43, que permitía sanciones por daños a instalaciones y se recalendarizó el semestre para evitar la pérdida del periodo académico.
Los logros de un movimiento inédito
El paro iniciado en abril tuvo como detonante un audio filtrado en el que presuntamente el exrector Barrera Díaz afirmaba que vaciaría las arcas universitarias si su candidata no ganaba la elección. Aunque el exrector denunció manipulación, la grabación encendió el malestar acumulado por años. La respuesta fue inmediata: el estudiantado tomó facultades y, más tarde, el edificio de Rectoría, rebautizado como “Casa del Estudiante”, que permanece ocupado desde el 6 de mayo.




Durante los meses siguientes, el EEU consolidó un pliego petitorio con 10 puntos centrales, de los cuales varios tuvieron avances tangibles. Además del voto universal y la reducción de colegiaturas, se reconoció el derecho a la libre organización y mediación estudiantil, se anunció un proyecto para transformar la Rectoría en un espacio abierto a la comunidad universitaria y se estableció el compromiso institucional de no represalias contra quienes participaron en el movimiento.
Lo que falta por resolver
Sin embargo, el regreso a clases no implica el cierre del conflicto. La demanda de gratuidad total sigue pendiente. Los comedores comunitarios subsidiados aún no se han instalado; los murales y espacios creados durante el paro no han sido reconocidos formalmente como parte del patrimonio universitario, y el acuerdo de no represalias no se ha oficializado por escrito.
También está en proceso la destitución de directivos y consejeros universitarios señalados, mientras que los espacios de reunión estudiantil permanentes —una exigencia clave— no han sido habilitados. En materia de infraestructura, la universidad creó el Plan de Atención Inmediata (PAI) para dar seguimiento a los daños y mejoras, aunque su ejecución dependerá del presupuesto aprobado y de los tiempos administrativos.




El proyecto de reapertura del edificio de Rectoría, presentado el 18 de septiembre, contempla la creación de nueve espacios —entre ellos un taller de dibujo, una sala multimedia, un consultorio de salud mental y una biblioteca de acceso abierto—. El 7 de noviembre se prevé que se entreguen las instalaciones de este edificio, pese a que el 95 % de los universitarios votó por su entrega inmediata.
La decisión se dio durante la reunión del pasado viernes entre la rectora Martha Patricia Zarza Delgado y representantes del movimiento. Los paristas rechazaron los resultados de la consulta realizada en días pasados. Así mismo, señalaron que la entrega del inmueble sería con el cambio definitivo de nombre a “Casa del Estudiante”.
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Avances democráticos y retos estructurales
En medio de esta reconfiguración institucional, la UAEMéx celebró recientemente elecciones para elegir dirección en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, así como en Planeación Urbana y Regional. No obstante, el proceso siguió el modelo anterior al del voto universal: se realizaron auscultaciones cuantitativas, pero la decisión final recayó nuevamente en los consejos universitarios.
Aunque en ambos casos la votación fue contundente a favor de los ganadores en los tres sectores (docente, administrativo y estudiantil), el hecho evidenció que las reformas democráticas aún no se aplican de manera uniforme en toda la institución.


La comunidad universitaria reconoce los avances, pero también subraya los pendientes. Falta garantizar la participación formal del movimiento estudiantil en los órganos de decisión, institucionalizar la transparencia en las auditorías y concretar la entrega del edificio de Rectoría, símbolo de la crisis que transformó la UAEMéx.
El regreso a las aulas en Humanidades marca el cierre de un ciclo y el inicio de otro: uno en el que la universidad deberá demostrar que los cambios conquistados no fueron una concesión temporal, sino el punto de partida de una nueva etapa de diálogo, rendición de cuentas y apertura real hacia su comunidad.


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