Franco Romero, el extranjero con más trabajo que nombre, en la lista de esos jugadores que el Toluca no idealizaba, pero necesitaba. Protagonista, de esos jugadores que de inmediato hacen clic con la afición.
Nacido para liderar
Franco Agustín Romero nació el 23 de abril del 2000 en La Plata, Argentina. No tuvo que buscar suerte fuera de su ciudad, pues se formó en Estudiantes de La Plata, donde en las inferiores ya mostraba un liderazgo nato, llevando la cinta de capitán.

Con el Pincha hizo su debut en pleno año de pandemia, a los 20 años, como es más habitual de este lado del charco. Perdería ese encuentro 1-0 contra Aldosivi, y sus oportunidades se verían limitadas, por lo que buscaría salir de la institución.

Camino con tropiezos
Encontró una chance en Agropecuario, pero para su mala fortuna, el mediocampo ya estaba consolidado, dejándole pocas oportunidades de desarrollarse y sumar minutos, aun en la segunda división.
Regresó a Estudiantes, para irse a préstamo a Independiente Rivadavia, también en segunda división. Ahí la historia sería distinta: consiguió la titularidad y el ascenso a primera. Comenzaba a mostrar un mejor futuro en el fútbol profesional.

Capitán en casa
Llegó libre a Defensa y Justicia, sólo para, meses después, regresar a Independiente. Ahí se ganó el gafete de capitán y aseguró la permanencia del equipo, logrando el lugar 11, número que le sería significativo más adelante.

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Toluca, la decisión inesperada
Su calidad no pasó desapercibida en el fútbol argentino. Equipos como Belgrano levantaron la mano para hacerse de sus servicios, hasta que llegó Toluca. Cuando supo de la posibilidad de emigrar al fútbol mexicano, no lo pensó dos veces.
Del lado del Diablo, varios nombres sonaron para ocupar la plaza que dejó libre el Serrucho Baeza, desde triangulaciones donde usarían a Leo Fernández como moneda de cambio, hasta otras opciones.
Finalmente, llegó Franco Romero al equipo mexiquense. Sin tanto cartel, a un precio accesible, joven, de esos jugadores incógnita que le salen bien al Rojo.

El 11 que organizó todo
Inteligente, con garra y una labor defensiva sólida, le bastó un torneo para llevar al Toluca a lo más alto de la Liga. Aun de perfil bajo, la afición no tardó en darse cuenta de su aporte en cada partido, siendo de los más laureados en la consecución del título.
Un torneo no necesitó gran adaptación, no necesitó dar declaraciones tribuneras ni poner excusas, la altura de sus ganas por campeonar eran más grandes que la altura de su ciudad, 19 partidos para levantar la 11.
Jugador fuerte, joven y con compromiso, su presente en el Deportivo Toluca es espectacular, y seguramente aún le quedan muchas alegrías por vivir en el Nemesio Diez.



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