México: Un clóset de grandes puertas
¿Cómo podemos describir a México, en materia de derechos humanos y reconocimiento a la diversidad sexual? Esta es la tajante respuesta: México es un gran “clóset invisible”, con dos puertas mohosas y bisagras oxidadas, que representan los avances anquilosados en el rubro de igualdad y justicia para la población lésbico – gay.
México camina sin rumbo en la materia, no sabe ni le interesa. Resulta absurdo comprender que en Estados Unidos se ha aprobado el matrimonio igualitario, mientras que en México las autoridades aún no resuelven el recurso de inconstitucionalidad que la Suprema Corte de Justica de la Nación declaró en contra de los códigos civiles de todo el país por considerar que la figura de matrimonio, contemplado entre hombre y mujer, es discriminatorio para la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Transgénero, Transexual, Travestí e Intersexual (LGBTTTI).
También es ridículo que en pleno siglo XXI, ningún alcalde, gobernador o el mismo presidente, tome el ejemplo del Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, y encabece la marcha del orgullo gay, como lo hará él en su país; así como es frustrante observar que hacia la comunidad trans se sigan omitiendo las políticas inclusivas, como las que adoptó Argentina tiempo atrás, en materia de reasignación sexogenérica.
Lo irónico recae en el discurso mexicano, aquel que se encuentra sumido en la aspiración de llegar a un país primermundista, cuando en la práctica es totalmente diferente. Aquí, en esta tierra de “puertas cerradas” es suficiente que un niño, joven o adulto diga que es gay, o no se sienta a gusto con su cuerpo, para que sea víctima de burla, rechazo y escarnio público.
La homosexualidad en México es un tema que continua rezagado en el clóset, ese pilar invisible que está presente en todo el imaginario colectivo y que se traduce en la homofobia y juicios lascivos hacia todos aquellos que no se rigen por las reglas de la heteronormatividad.
Han pasado casi 40 años, desde que activistas y estudiantes comenzaron la lucha por la reivindicación de los derechos sexuales y la visibilización del colectivo LGBTTTI en el país, sin embargo, a cuatro décadas de distancia el respeto a sus derechos no es una realidad, sino una utopía.
Gays, lesbianas, bisexuales y trans siguen sufriendo de abusos de autoridad, discriminación laboral, acoso escolar, falta de aceptación en la familia, abusos sexuales, linchamiento mediático y homicidios por su orientación sexual.
La falta de normalización de la sexualidad, así como la homofobia sistematizada y legitimada por las instituciones, como la escuela, la religión y las estructuras del Estado, han provocado que miles de jóvenes queden aprisionados en un clóset interno, duro de eliminar.
El rechazo a la identidad sexual deriva en la búsqueda desesperada de una libertad alterna con consecuencias negativas, como el abandono del hogar, la deserción escolar, llevar una “doble vida”, la prostitución y hasta el suicidio; por ejemplo, datos de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (Enadis) revelan que el 94.7 por ciento de personas LGBTTTI consideran que existe discriminación en su contra.
La solución a la homofobia es clara, aunque compleja; es necesario el reconocimiento pleno a la diversidad sexual, sin miramientos ni concesiones. La comunidad LGBTTTI merece una vida digna sin ataduras, prejuicios ni violencia. El “clóset de grandes puertas” debe ser destruido con base en la educación sexual y de género, con auxilio de organizaciones civiles, espacios inclusivos, políticos comprometidos con los derechos humanos, sensibilización de la sociedad y eliminación de estigmas y estereotipos; de no hacerlo miles de personas gays, lesbianas, bisexuales, travestís, transexuales y transgénero estarán condenados a vivir en el sótano de la injusticia social.
“Estimado lector, acompáñanos cada viernes en este espacio para la diversidad sexual; agradeceremos cada uno de tus comentarios en @FDCradio y en nuestro correo electrónico [email protected]”


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