Los panteones del Estado de México (Edomex), como el Panteón de la Soledad y el Cementerio Municipal de Toluca, se crearon en una época en la que las ciudades eran pequeñas y dispersas.
Estos cementerios no solo respondían a las necesidades de entierro, sino que también estaban ubicados en las afueras, lejos de los centros de vida cotidiana. A medida que las ciudades crecieron, estos panteones quedaron atrapados por la mancha urbana, lo que ha generado grandes desafíos en su capacidad y gestión.




Fundación de los panteones: apartados de la ciudad
El Panteón de la Soledad de Toluca, por ejemplo, se fundó en 1884, en lo que entonces era una zona periférica, lejos del bullicio del centro urbano. En esa época, los cementerios como este se diseñaron para servir a una población pequeña, con tumbas organizadas por clases sociales. A lo largo de los años, se convirtió en un depósito de la historia local, que alberga los restos de figuras importantes, incluidos exgobernadores, artistas o militares destacados.




Saturación y reutilización de espacios en los panteones del Edomex
Hoy en día, los cementerios enfrentan un problema grave de saturación. Con el crecimiento poblacional, los cuerpos ya no caben en los espacios disponibles. Esto ha obligado a las autoridades a exhumar restos de antiguos periodos para hacer lugar a nuevos entierros.
En el Cementerio Municipal de Toluca, los contratos por las tumbas suelen durar siete años; una vez vencido este plazo, si los familiares no pagan una tarifa adicional, los restos se retiran para dar espacio a otros cuerpos.
La fosa común y los cuerpos sin identificar en los panteoneas Edomex
Además de la saturación, los cementerios también deben lidiar con la gestión de cuerpos no reclamados o sin identificar, muchos de los cuales terminan en fosas comunes.
En el Cementerio Municipal de Toluca, la «fosa común» abarca unos 100 metros cuadrados donde descansan cadáveres abandonados o no identificados.


Un espacio de historia y memoria
A pesar de los desafíos, los panteones siguen siendo lugares cargados de historia. Muchos de los monumentos y criptas que aún permanecen reflejan la arquitectura de la época de su fundación, que en casos como el de Ixtapan de la Sal, data de 1949, el de Tejupilco, de 1930, el de Tepotzotlán, de 1944, el de Zinacantepec de 1949 o el de El Oro, creado en 1930.
Los panteones del Edomex han pasado de ser espacios apartados y tranquilos a convertirse en epicentros de saturación en más ciudades. Estos lugares, que una vez parecían suficientes para comunidades pequeñas, ahora enfrentan nuevos desafíos por la presión del crecimiento urbano.


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