Futbol en tiempos de discriminación

Futbol en tiempos de discriminación
Apariciones  Si bien debemos enfatizar en que no se puede generalizar el mal comportamiento de un sector de los aficionados en el estadio de los Rayados del Monterrey, no por ello se debe minimizar el tema de las reacciones racistas contra Avilés Hurtado, porque estaríamos cometiendo un gravísimo error.  Recordemos cómo surgió hace años el […]

Apariciones 

Si bien debemos enfatizar en que no se puede generalizar el mal comportamiento de un sector de los aficionados en el estadio de los Rayados del Monterrey, no por ello se debe minimizar el tema de las reacciones racistas contra Avilés Hurtado, porque estaríamos cometiendo un gravísimo error. 

Recordemos cómo surgió hace años el grito de “puto”: nació como un chiste –así fue tomado inicialmente– pues aseguraban que era una manera de divertirse de algunos aficionados. Con el tiempo, el grito, que nunca se intentó controlar, se expandió como epidemia en los aficionados mexicanos. 

Del “no pasa nada”, “no es para tanto”, se convirtió en un grave problema que ha tenido repercusiones de todo tipo. Por no pararlo a tiempo, por minimizarlo, se les salió de control. Hoy el grito de “puto” es utilizado como castigo para que multen a su equipo, a su selección si no hace bien las cosas en el terreno de juego y no se ha podido erradicar. 

NALGADA A TIEMPO 

En un comentario –que la generación “mazapán” seguro no compartirá– podemos decir que estamos convencidos que una nalgada a tiempo como correctivo a un niño en crecimiento evitará golpes mucho más dolorosos en su vida y en la de sus padres, quizá; pero no se podrá decir lo mismo de los padres que no tuvieron el valor de corregir a su pequeño por el miedo de causarle “un trauma profundo”.  

Una nalgada a un niño, en el momento justo, no trauma a nadie, ni es una agresión perene que merece atención psicológica.  Hoy en día, la generación de cristal es capaz de llevar a sus mascotas a atención psicológica para que no muerdan las pantuflas o se orinen dentro de las casas, cuando antes con un periodicazo nuestros perros modificaban su comportamiento. Hoy, en estas nuevas generaciones, es considerado maltrato animal. 

En los tiempos de mis abuelos, de mis padres, los míos e incluso de mis hijos –hoy ya mayores– esa nalgada a tiempo, esa sacudida provocó un síndrome –que agradezco– que se llama educación, valores, respeto. En mis tiempos al maestro de la escuela se le respetaban sus decisiones y sanciones; el respeto a la autoridad era uno de los valores. Hoy en día, hay padres de familia que quieren demandar a los maestros porque corrigen a sus “angelitos” o les dejan demasiada tarea. Y eso sucede también con las nuevas generaciones de aficionados al futbol. 

¿LIBERTAD O LIBERTINAJE? 

La libertad mal entendida se convierte en libertinaje y las nuevas generaciones ni cuenta se dan. Defienden los derechos de las mascotas y se olvidan de los adultos mayores. A las nuevas generaciones les está costando demasiado poner límites, imponer castigos necesarios. Según ellos, eso es de retrógradas, olvidándose que sus padres y abuelos que tanto aman y admiran, son así precisamente porque los corrigieron y les enseñaron a tiempo lo que NO se debía hacer. 

Hoy las nuevas generaciones creen que la educación no comienza ni debe ser prioridad en casa. Suponen que si pagan una escuela particular cara y con idiomas ahí es donde deben educarlos. Craso error. En la escuela se enseña, se dan métodos de aprendizaje; pero donde la educación y los valores se imparten es en la casa de los padres, no es en una escuela privada o pública. 

Los comportamientos en una sala, en la cocina, en una fiesta o un estadio nacen de la educación que recibimos en casa. Y no nos demos golpes de pecho, una cosa es decir o gritar cosas por desmadre y otra muy diferente dañar, discriminar o agredir. No es un tema social, es un tema que pasa por la psicología. 

GLORIA Y ESCORIA 

Desde el muy lejano 1658, el francés Blaise Pascal concluyó que “los humanos son la gloria y la escoria del universo”. Hoy, más de 400 años después de esa aseveración, lamentablemente, tenemos que reconocer que muy poco ha cambiado. Amamos y odiamos; ayudamos y lastimamos. Podemos, por un lado, extender una mano y con la otra clavar un cuchillo. 

Podemos entender y justificar a alguien que ataca en represalia o en defensa propia. Pero cuando alguien daña a una persona inofensiva, nos preguntamos: «¿cómo pudiste?». Decía Pascal en su estudio que “los humanos suelen hacer cosas para obtener placer o evitar el dolor. La mayoría de nosotros, cuando herimos a alguien sentimos su dolor. Esos sentimientos encontrados sugerirían dos razones por las que las personas pueden dañar; o bien no sienten el dolor de los demás o disfrutan sintiendo el dolor o molestia de quien agreden”.

Es decir, muchos de estos actos se hacen con perfecta conciencia, se hacen para afectar, para dañar; esa es la finalidad. Esa acción perversa es dolo y el ser humano en masa o aprovechando el anonimato que otorgan las multitudes lo hace cada día en mayor medida. El anonimato, el hecho de que NO soy la única persona que lo está haciendo, provoca un sentimiento de impunidad. Resulta la coartada perfecta. 

ANONIMATO E IMPUNIDAD 

Ese anonimato e impunidad provoca que nos olvidemos de los valores que a usted y a mí nos inculcaron en casa. ¿Recuerda aquella frase que nuestros padres nos recetaron más de una vez para reprimir una mala conducta? “Es que fulanito mi amigo sí hizo eso”, a lo que nuestros padres replicaban enseguida: “Y si fulanito se tira al precipicio, ¿tú también te vas a tirar?”.

Ese ejemplo rompía –por lo menos en mi caso y el de mis hermanos– cualquier tipo de coartada. Los seres humanos somos individuales y debemos responsabilizarnos de nuestras propias acciones; no justificar una mala conducta solo porque otros las hacen y no les pasa nada. Somos responsables de nuestros propios actos, no los demás.  

Hay estudios sociales y psicológicos que señalan que los comportamientos de los aficionados a algunos equipos de futbol tienen características de sadismo. ¿Qué implica el sadismo? Implica disfrutar de la humillación y el dolor de otra persona. A menudo se dice que deshumanizar a las personas es lo que les permite a estos aficionados ser más crueles de forma intencionada. 

COARTADAS Y ETIQUETAS 

Por ello, en un estadio los aficionados rivales atacan a sus víctimas potenciales etiquetándolas como simios, perros u homosexuales, porque tales etiquetas se vociferan para lastimar. Eso es lo que sucedió en el caso de Avilés Hurtado, ante un sector minoritario del público que fue al estadio de Rayados, en su juego de vuelta ante el Pachuca.

“Es que fueron pocos”, “es que en otros estadios hacen cosas peores”, “es que en tal o cual partido no los castigaron por esto o aquello”, “es que hacen demasiado drama”; y podríamos continuar con interminables “es que”, antes de reconocer que una conducta es injustificable por sí misma.  

Es una estúpida coartada justificar una mala acción enarbolando que cosas similares o peores suceden en otros estadios, lugares o circunstancias donde no se castigó al infractor. Debemos de apegarnos a la educación y valores que nos inculcaron en casa. Si otros pocos o muchos actúan de manera diferente es cuestión de ellos, de sus valores y educación, no nuestra. Actuemos por nosotros mismos, no por lo que otros hagan. 

Queremos que el país y nuestra sociedad cambien y nosotros no somos capaces de cambiar en lo individual. “Si él no lo hace, tampoco yo”, ese no es el camino. En la vida siempre habrá gente buena y gente mala; si copiamos más los buenos ejemplos, tenemos mayores posibilidades de heredar a nuestros hijos o nietos una mejor sociedad. Si copiamos los malos ejemplos, su mundo –tarde o temprano– se volverá más complicado.

MINIMIZAR EMPEORARA 

El tema de los gritos racistas a Avilés Hurtado NO es un tema individual. Es una muestra de lo que la sociedad está viviendo. Que no es tan grave, quizá sea cierto. Pero es el reflejo de un comportamiento dañino que estamos viviendo y debemos erradicar desde lo individual, no solo desde lo grupal. 

Lo estamos viviendo a diario. Los chairos culpan a los fifís, los fifís a los chairos. En las redes sociales, si no coincides aparece el insulto; estúpido, tonto, anciano, viejo, chayotero, corrupto son etiquetas que aparecen de inmediato para agredir al que opina de manera diferente. No hay argumentos de debate; en su lugar, aparecen los insultos o descalificaciones grotescas. 

El tema de Avilés Hurtado es el reflejo de todo lo vivido. Como sociedad hemos estado perdiendo valores, siempre justificando o minimizando los malos actos. Podemos dejar pasar lo sucedido en Monterrey como un tema menor, como creo que va a suceder. No habrá una nalgada a tiempo para evitar problemas mayores a futuro, pensarán que es una travesura de un niño travieso y enojado. Ojalá con el tiempo no se escale un problema que pudo haberse detenido si se hubiera tenido el valor de tomar decisiones a tiempo.  

MALOS EJEMPLOS 

Parece extinta aquella generación de aficionados rayados que, en 1993, luego de ser vencidos por el Atlante, aplaudieron de pie al rival. Fue una muestra ejemplar de deportivismo. Casi treinta años después, el comportamiento de algunos de los nuevos aficionados fue canibalesco. Y no nos equivoquemos, estimado lector, no hay nada en contra de Rayados, solo que ahora fueron la referencia. 

Si en verdad lo que queremos es cambiar como sociedad, debemos resolverlo y actuar, no fingir que no paso nada. Porque si nada pasa pronto, este problema se presentará en otro estadio, con otro equipo, con otro jugador y siempre apareceré como justificación “es que en Monterrey no pasó nada”. 

En el Azteca, después de la derrota del América el sábado pasado, agredieron a Raúl Pérez, a Vaca y a Moisés Muñoz –aventándoles cerveza u orines–, quienes hacían su trabajo de análisis posterior al juego. Al día siguiente, pasó lo mismo con el panel de La Última Palabra de Fox Sports, luego de la derrota de Rayados.  No es casualidad, los malos ejemplos seguirán si no se extirpan drásticamente de raíz.  ‘¿Tendrán el valor o les vale?’, dicen por ahí. 

La paternidad se trata de guiar a la próxima generación y perdonar a la última”. Peter Krause 

Ignacio Suárez Mercado «el fantasma»  

www.fantasmasuarez.com

Twitter @fantasmasuarez