“¡Gobernador, gobernador!”: el coro de quienes presionan por posiciones de poder

El acto de Higinio Martínez en Toluca no fue solo de unidad; según el análisis académico, evidenció la disputa interna en Morena rumbo a 2027
abril 21, 2026

Un actor que no quiere quedar fuera frente a un gobierno que ya no depende de él.

Así sintetiza Ricardo Franco, analista político de la FES Acatlán de la UNAM, el significado del evento encabezado por el senador Higinio Martínez en Toluca. Lo que se presentó como un llamado a la unidad terminó por revelar una tensión interna que atraviesa a Morena en el Estado de México a mitad del camino hacia 2027.

El pasado 19 de abril, el Salón Rojo del Club Toluca reunió a miles de simpatizantes y a una primera línea de alcaldes del oriente mexiquense. Desde el estrado, el senador lanzó un mensaje directo a la gobernadora Delfina Gómez: no dejar sus “manos en el vacío”. La respuesta no tardó. Desde la multitud emergió un coro que terminó por definir el sentido político del evento: “¡Gobernador, gobernador!”.

Más que una expresión espontánea, el momento concentró el fondo del mensaje. Para Franco, el discurso de unidad no es un gesto neutral, sino una forma de presión política. “Detrás del llamado a la reconciliación hay una exigencia clara por mantener espacios de poder”, explica. La frase de las “manos vacías” refleja la tensión entre los cuadros territoriales que impulsaron el triunfo de 2023 y un gobierno estatal que ha comenzado a operar con mayor autonomía.

En ese contexto, la insistencia del senador en respetar los procesos internos y las encuestas adquiere otro sentido. Según el académico, se trata de un terreno de disputa que favorece a quienes cuentan con estructura territorial frente a perfiles cercanos al círculo de gobierno. “No es ambigüedad, es pragmatismo. Sabe que sin el respaldo de la gobernadora su grupo se debilita rumbo a 2027”, señala.

El coro de “gobernador” no fue detenido de inmediato desde el escenario. Para el analista, ese detalle es revelador. “Es una forma de decir: tengo base, tengo trayectoria y sigo en la disputa”, explica. El cántico funciona en doble vía: hacia afuera proyecta liderazgo, hacia adentro refuerza cohesión. Más que un desbordamiento, fue un mensaje tolerado que exhibe vigencia y aspiración.

El trasfondo del evento está en la reconfiguración interna de Morena tras la llegada al gobierno estatal. Delfina Gómez y su equipo han comenzado a consolidar un esquema de operación propio, con mayor control institucional y menor dependencia de los grupos fundadores. “El distanciamiento es parte del proceso de institucionalización del poder”, apunta Franco.

De cara a los próximos meses, el conflicto no apunta a una ruptura abierta. El costo político de dividir al partido es alto, por lo que la disputa se trasladará a la operación territorial, la influencia en estructuras locales y el control de candidaturas. Se trata, en palabras del académico, de una “prueba de fuerzas silenciosa” entre el grupo del senador y el aparato estatal.

Lo ocurrido en Toluca no fue solo un acto político. Fue una escena donde el discurso habló de unidad, pero la dinámica interna evidenció otra cosa: un actor que busca no quedar fuera frente a un gobierno que ya no depende de él.

Lee también: Higinio o la política como permanencia

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