Dirigir un periódico, una estación de radio o un canal de televisión en México generalmente significa confiar en un cliente único y poderoso que gasta sumas exorbitantes en publicidad con una simple advertencia: “No te pago para criticarme”. Ese cliente es el gobierno mexicano; afirma el diario estadounidense.
A pesar de su promesa de regular la publicidad gubernamental, Peña Nieto ha gastado más dinero en publicidad que ningún otro presidente en la historia de México, casi 2000 millones de dólares en los últimos cinco años, según datos del gobierno recopilados por Fundar, un centro de análisis de transparencia. Esa organización reveló que la actual presidencia gastó más del doble del generoso presupuesto de medios que los legisladores mexicanos le aprobaron para 2016.
A través de estos recursos, relata el reportaje, se ha creado lo que muchos propietarios, ejecutivos y periodistas mexicanos definen como una gigantesca marca presidencial que puede suprimir artículos de investigación, escoger portadas e intimidar a las salas de redacción que la desafían.
El PRI ha sido pionero en la implantación de este sistema durante sus 70 años en el poder. El expresidente José López Portillo expuso explícitamente las expectativas del gobierno hace décadas, incluso fue citado diciendo que no le pagaba a los medios para que lo atacaran, y la práctica continuó cuando la oposición ganó la presidencia en 2000, y nuevamente en 2006.
Sin embargo de acuerdo con el diario la influencia del gobierno sobre los medios va más allá del aspecto publicitario y, a veces, los funcionarios recurren al soborno directo. En Chihuahua, el exgobernador gastó más de 50 millones de dólares en publicidad, según los funcionarios, dejando al estado con enormes deudas públicas. Sin embargo, esa es la cifra que se manejó oficialmente.
Uno de los casos relatados es el de la periodista Laura Castellanos, quien fue enviada en 2015 por El Universal a cubrir un par de balaceras en Michoacán que involucraban a la Policía Federal.
Pasó 10 días cubriendo la historia del tiroteo que dejó 16 muertos. Luego de 39 entrevistas, Laura Casstellanos llegó a una conclusión diferente a la versión oficial: no se había tratado de un tiroteo entre hombres armados y policías, sino de ejecuciones.
Después de días de edición y verificación de datos, dijo que el reportaje estaba listo para publicarse. Pero eso no sucedió.
Después de dos meses y medio —durante los cuales una de sus fuentes fue torturada y asesinada, según contó la reportera— Castellanos comenzó a preocuparse porque su reportaje nunca se publicara.
Uno de los pocos medios dispuestos a contar esa historia fue el sitio web fundado por Carmen Aristegui y l día de la publicación su sitio web dejó de funcionar.
El Universal dijo que no había publicado el trabajo de Castellanos porque no cumplía con los estándares del periódico.
En contraste al año siguiente, el reportaje de Castellanos fue distinguido con el Premio Nacional de Periodismo en la categoría de periodismo de investigación, uno de los galardones más prestigiosos del país.
Reportaje The New York Times:


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