Fracaso, autocrítica y acción

La oposición política en el país ha venido reduciéndose a una postura radical, estéril y obcecada
junio 10, 2024

Todo régimen de gobierno necesita oposición. Se le puede dar la forma de extraño enemigo, de némesis ineludible o de adversario legitimador, pero es necesaria. El uso que se le dé a esa oposición por parte del gobierno es distinto del uso que le demos los gobernados. Hoy quiero hablar del uso que le pueden dar los ciudadanos a la oposición en un régimen republicano, representativo, democrático y laico, como lo es México.

Ya hemos escrito en este mismo espacio que la oposición debe ser útil. Su utilidad radica en ofrecer alternativas a lo dispuesto desde el gobierno. Lo que proponga, sin embargo, debe ser pertinente, razonable, estar respaldado en una ideología, en el sentir de un sector de la población, pero también en datos, en reflexión, en prospectiva. Los espacios desde los cuales la oposición debe hacer eso son básicamente el debate público y los órganos de representación y deliberación, que son los congresos.

Desafortunadamente, la oposición política en el país ha venido reduciéndose a una postura radical, estéril y obcecada. Además, está aglutinada en torno de partidos cuyo descrédito entre la población es mayúsculo y —yo añadiría— irremediable. Los resultados apabullantes de las pasadas elecciones presidenciales así lo demuestran. PRI, PAN y PRD obtuvieron el voto equivalente a un 1.7 de cada 10 potenciales electores. Así es, se trata de una minoría, pues hay unos 99 millones de empadronados en México, pero la alianza de esos tres partidos opositores solo consiguió 16.5 millones de votos.

Las distintas encuestas elaboradas durante el pasado proceso electoral confirmaron que dichos partidos opositores son relacionados con la corrupción, con un futuro poco promisorio, con el abuso de poder. Hace no mucho eran los partidos con el mayor número de votos. En las elecciones federales de 1994, 2000, 2006 y 2012, entre los tres acaparaban más o menos 80% de los sufragios. ¿Cómo pudieron perder en una década más de 60% del respaldo electoral? Y, más importante todavía, ¿podrán recuperarlo? Yo soy de la idea que no.

Y, no obstante esta debacle opositora, el gobierno necesita que haya quien se le oponga. Por ejemplo, de no haber tenido el gobierno del presidente López Obrador este tipo de oposición tan defenestrada, no hubiera alcanzado el nivel de respaldo que se reflejó en las urnas el pasado domingo 2 de junio. El próximo gobierno de la Dra. Sheinbaum va a arrancar con una oposición muy diezmada: con muy poco espacio, con reducidísimas posiciones y poco presupuesto, pero además confundida, desorientada, a punto de la esquizofrenia.

Si, tras la paliza electoral que recibieron, se mantienen furiosos, podrían creer (como lo hicieron todo el sexenio actual) que el resto de la gente está igual de enojada y dedicarse solo a odiar, bloquear, mentir y calumniar. Si, en cambio, desarrollan capacidad de autocrítica ante su fracaso, pueden ponerse en el camino de actuar. Solo si actúan respaldando causas justas, acompañando luchas sociales, respaldando medidas con beneficio colectivo y proponen construir, tendrán espacio para crecer. El camino contrario es seguir peleando contra la realidad y seguir hundiéndose.

Como ciudadanos nos conviene mucho más una oposición que sea útil. Y no útil para que el gobierno se contraste con ellos y salga siempre mejor posicionado. Útil para enriquecer, para llevar nuevas voces, para impulsar posturas alternativas, para ayudar a mirar a otros horizontes. Por ejemplo: más a fuerza que de ganas, aprendieron a mirar a los programas sociales como necesarios y justos. Durante la pasada campaña, a regañadientes y como fuera, pero dijeron “los programas sociales se quedan”. Los nuevos horizontes que podrían atisbar bien pueden obtenerlos escuchando a la gente. Recogiendo demandas y necesidades ciudadanas pueden articular discursos, narrativas, iniciativas de ley, de reconocimiento de derechos y, poco a poco, reconstruirse.

El capital de un político es el respaldo de la población. Te pueden respaldar porque piensan como tú, porque se identifican contigo o porque les das algo a cambio. Pero también hay forma de que tú respaldes a la gente y, producto de ello, luego pueda venir el proceso de generación de respaldo que te impulse en una carrera política. La oposición que hoy tenemos ha perdido el respaldo, ha perdido la credibilidad y se encuentra extraviada. Como país nos urge que se rehaga, porque un gobierno tan potencialmente prometedor como el que hemos elegido el pasado domingo puede terminar por excederse, por abusar y hasta perderse sin una oposición que le demande, le exija, le exhiba y, con ello, lo mantenga obligado a dar resultados y rendir cuentas.

Sigo en la idea de que ni PRI ni PAN pueden rehacerse para ser competitivos políticamente en el mediano y largo plazo. Nuevas fuerzas deberán emerger, quizá nuevos partidos, quizá liderazgos sociales, quizá activistas con respaldo popular, pero urgen, porque pronto tendremos necesidad de volver a elegir y las opciones cada vez son menos.

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