El Estado de México se ve asolado por una oleada de incendios forestales, siendo uno de los 19 estados afectados. A pesar de los esfuerzos por extinguir las llamas, los habitantes de las comunidades impactadas sienten impotencia. En su última actualización, Protectora de Bosques (ProBosque) informó sobre un incendio activo en Jilotzingo.


Amanecía en el pueblo de San Luis Ayucan, en Jilotzingo, Estado de México. Octavio Adán Mayén, originario del lugar, se preparaba para asistir a la universidad cuando percibió un fuerte olor a humo. En la comunidad de Santa María Mazatla se desencadenaba un incendio forestal.
En redes sociales circulaban los comunicados convocando a voluntarios para apagar el incendio. Este no sería el único. Desde el miércoles en Jilotzingo apagan un incendio y comienza otro. «Ya llevamos una semana y un día, a raíz de este incendio se fueron originando otros», señala el estudiante de derecho de 23 años en entrevista para AD Noticias.
Desde entonces, Octavio y su familia se integraron a las brigadas de voluntarios y comenzaron la recolección de víveres. «Ya van siete incendios de extensiones extremadamente grandes. Van 600 hectáreas de bosque quemadas», detalla Octavio.
Una tragedia que parece no tener fin
Las personas se han unido para rescatar a Jilotzingo de este desastre, unos recolectando víveres, otros trabajando en conjunto con las autoridades de Probosque para sofocar los incendios.




Las brigadas no cesan; siempre hay personas en los cerros, ya sean de ProBosque o voluntarios. «Las brigadas oficiales salen, pero si reúnes un grupo de personas y una camioneta, subes al cerro», explica el joven.
Aunque los esfuerzos son grandes, la emergencia parece no tener fin. Después de apagar un incendio, se reaviva alguno que ya estaba extinto. «Esto realmente no ha terminado, se sofoca un incendio y surgen otros», afirma.
Uno de estos días de incendios, recién llegando a su hogar, le comunicaban una mala noticia. «Da bastante impotencia el saber que estás dando tu esfuerzo y dinero y decirles a las personas que tienen fe en que ya termine esto, que el incendio no ha terminado. Es bastante complicado», describe con tristeza. Además, aquel día no podía ver el cerro más cercano a su casa por el humo.
Jilotzingo: un lugar que se seca y se quema
Aunado a los incendios, el municipio atraviesa una crisis hídrica. «Teníamos agua diaria y sin problema podías tomar agua de la manguera porque venía directamente del manantial, estamos sufriendo escasez», explica con preocupación el estudiante.
Para el joven, los incendios representan una doble problemática. «El hecho de que se quemen los árboles, los cuales aportan en gran medida a llenar los manantiales, si me causa una gran inquietud, tristeza».
Sobre el origen de los incendios, Octavio y sus colegas brigadistas. Piensan que no son una casualidad y son provocados. La forma en que se han desarrollado le causa ruido mental.
Un pequeño momento de alegría
El martes 26, Octavio y su hermano se encontraban afuera de la iglesia de San Luis Ayucan llenando una camioneta pick-up con víveres, cuando una niña de once años se acercó al grupo en busca de ayuda. Cerca de la casa de la niña, había comenzado un incendio y las llamas estaban a punto de consumir su hogar.
«Llamamos por teléfono a mi papá y le pedimos que trajera la motobomba. Como pudimos, jalamos agua y otras personas llevaron botes de agua que acababan de sacar de sus casas», detalla. Tiempo después, los bomberos de Tlanepantla llegaron al lugar y terminaron de sofocar el incendio. «Eso nos causó cierta felicidad, el poder ayudar», concluye Octavio con tono pensativo.
Por Blanca Andrea Velázquez


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