En términos científicos se puede sostener que la dinámica de este planeta tiene la característica de irreversible. La Física nos explica que todo lo que tiene lugar en el mundo conserva una dirección preferente, es decir, en el sentido que marca la “flecha del tiempo”. Ello significa que es imposible que los sistemas vivos, por ejemplo, regresen a su estado inicial, sin importar el momento en el que se hable de ellos. La razón de esto es que la vida requiere para su desarrollo no estar en equilibrio termodinámico (eso significaría no necesitar energía más allá de la que posee para mantenerse).
Por el simple hecho de que necesitamos ingerir alimentos para subsistir ello es signo de que no estamos en un equilibrio termodinámico, y significa también que estamos sometidos a la irreversibilidad. Somos organismos constituidos por partes físicas articuladas que, por motivos puramente termodinámicos, tarde o temprano se desgastan, se deterioran y dejan de funcionar. El envejecimiento es la expresión visible de esto.
Todos sabemos que una parte muy importante y creciente de nuestra población está entrando a la etapa en donde los signos de este desgaste y deterioro son más evidentes: la tercera edad. Se nos había dicho durante bastante tiempo que la pirámide poblacional en México se estaba modificando y que cada vez serían menos los jóvenes y más los ancianos. Nos habían advertido de las condiciones que ello generaría y que debíamos prepararnos para enfrentarlas. Bien, pues ya nos alcanzaron.
De acuerdo con los números del Presupuesto Federal 2017 sometido a la consideración del Congreso, hoy nuestro país necesita más dinero para destinarlo a pensiones que la cantidad canalizada a educación o al sector salud. Así es, para el próximo año se requieren un poco más de 553 mil millones de pesos para ese rubro, lo cual es mucho más que los 377 mil millones que se destinarán al sector educación.
Estas cifras nos revelan que en tan sólo un lustro la cantidad de dinero que requiere el gobierno federal para realizar el pago de pensiones, cuotas, aportaciones, subsidios y otras erogaciones de seguridad social que otorgan el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (ISSSTE) y el Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas, entre otras instancias, se ha incrementado en más de 55 por ciento.
No hay marcha atrás en este proceso, es irreversible; estamos en la puerta de un escenario en el que es imperioso crecer económicamente a niveles mucho más altos que los magros 1.5 o 2.0% anual de los últimos sexenios, sencillamente porque el gasto que se destina a generar condiciones de vida adecuadas para la gente que ya no trabaja está creciendo a tasas de casi 10% anual. Si hacemos cuentas no nos va a alcanzar el dinero en unos cuantos años. No es que le meta presión a los jóvenes, pero necesitan generar más riqueza para los que ya no lo hacen y que, sin embargo, requieren seguir satisfaciendo sus necesidades vitales.



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