Hasta encontrarlos: la esperanza abre la tierra en La Marquesa

Colectivos de buscadoras recorren los parajes de La Marquesa en jornadas intensivas que reúnen a más de 100 personas; entre recursos limitados y desgaste emocional, la búsqueda persiste hasta el último día.

La esperanza no se pierde, aunque el cansancio pese y la incertidumbre se acumule.

Para Maricela Carbajal Rojas, La Marquesa representa un punto clave: aquí se registró la última señal de su hijo, desaparecido hace siete meses, por ello, entre pinos y caminos de difícil acceso, busca. Este bosque dejó de ser paisaje y se convirtió en posibilidad.

Para Milagros Montiel Cruz, que busca a su esposo, y María Antonia Bustos Becerra, que busca a su hijo —ambas provenientes de Veracruz—, este sitio es una nueva oportunidad, pues saben que la delincuencia mueve cuerpos, borra rastros, desdibuja geografías. Por eso están aquí. Porque en su realidad, cualquier punto puede ser el correcto.

Lo mismo ocurre con Lizeth Cardona, quien busca a su padre desaparecido en Coahuila. No cree que esté aquí, pero eso no importa. Vino a ayudar.

Familias del dolor

Ellas, junto con otras 27 familiares, participaron en la brigada de búsqueda que durante siete días recorrió parajes de Lerma y Ocoyoacac.

Son madres que buscan hijos, esposas que buscan a sus parejas, hijas que buscan a sus padres y hermanas que buscan hermanos.

Han llegado desde distintos municipios y estados.

Algunas siguen una pista concreta; otras saben que sus familiares no necesariamente estuvieron en la zona, pero puede ser una posibilidad.
También hay quienes no buscan en ese punto, pero acompañan. Se solidarizan, porque, como ellas mismas dicen, se han convertido en “familias del dolor”. Solo quienes han perdido —incluso a otros familiares en medio de la misma búsqueda— pueden entenderse.

Acompañamiento

En el Estado de México, dicen las buscadoras de Veracruz, al menos hay acompañamiento. Un acompañamiento grande.

En cada jornada participan entre 100 y 150 personas. De ellas, alrededor de 30 son buscadoras y 15 son voluntarias y voluntarios que, con picos y palas, se internan en zonas de difícil acceso.

A su lado trabajan elementos del Ejército, Guardia Nacional, Fiscalía, binomios caninos, policías municipales, Protección Civil y las comisiones de búsqueda estatal, federal y de la Ciudad de México. En cada operativo se desplazan convoyes de hasta 30 unidades.

Las búsquedas son limitadas. El terreno es extenso, agreste y, en algunos puntos, prácticamente imposible de recorrer. Aun así, continúan. Cada hallazgo, sea una prenda, una credencial, un indicio, es suficiente para no rendirse.

Falta de recursos

Pero también hay carencias.

La comida, el agua, los traslados… muchas veces salen de sus propios bolsillos. El acompañamiento institucional existe, dicen, pero no alcanza.

El desgaste emocional tampoco tiene atención. Se sostienen y se cuidan entre ellas.

Algunas han dejado todo atrás. Otras han perdido más familiares en el camino.

Pero las madres, lo dicen sin dudar: No pueden olvidar.

Riesgos

Las buscadoras se enfrentan a un sinfín de riesgos en cada jornada. No solo es el dolor, también es el cuerpo.

En esta búsqueda, la altura y el frío de La Marquesa pasó factura. A algunas les faltó el aire, a otras les dolió el cuerpo. Hubo quienes tuvieron que detenerse.

La propia naturaleza también puso límites y en el paraje de Piedra China, en Atarasquillo, Lerma, el peligro no estaba bajo tierra, sino en el aire. Las abejas irrumpieron y se convirtieron en enemigas inesperadas. Buscadoras y autoridades recibieron picaduras.

No hubo consecuencias graves.

Pero el mensaje fue claro: aquí, cada paso implica un riesgo, pero ellas, aun así, lo dan.


Resultados de la brigada

La brigada, integrada por cinco colectivos —tres de Veracruz y dos del Estado de México—, rastreó la zona por 7 días: inició labores el 14 de marzo y concluyó el 21.

Durante ese periodo se recorrieron 14 puntos, entre ellos el Cerro del Pico del Águila y Piedra China.

Encontraron prendas, credenciales quemadas y restos óseos de animales. Todo fue turnado a la Fiscalía para su análisis y posible identificación. Además, las prendas se fotografiaron para compararlas con fichas de personas desaparecidas.

¿Por qué La Marquesa?

La Marquesa no fue un punto al azar. Es un mapa de señales.

De acuerdo con Liz Machuca, líder del Colectivo Flores en el Corazón, la zona fue seleccionada a partir de puntos georreferenciados, es decir, lugares donde se registró la última ubicación de algunas personas desaparecidas.

En el caso del Cerro del Pico del Águila, la última señal del teléfono de uno de los desaparecidos apuntó a la zona de antenas, por lo que la búsqueda se extendió en un radio de cinco kilómetros, como marca el protocolo.

Pero antes de excavar, hubo preparación.

Previo a la brigada, las autoridades realizaron trabajos de prospección durante al menos 15 días para identificar rutas, condiciones del terreno y necesidades logísticas.

“Fuimos a ver los puntos, con que herramienta, que campo, que autoridades se necesitaban para poder acompañar la brigada, entonces iniciamos el domingo”.

Las madres necesitan certeza, por eso buscan sin descanso.

No andan por gusto, sino por necesidad, por ello piden a las autoridades más acompañamiento para seguir en esta lucha.

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