Sobreviven familiares de pacientes entre ratas y lluvias afuera del Hospital del Niño de Toluca

La alimentación, aunque a veces insuficiente, llega gracias a la solidaridad: “Hay muchas personas de gran corazón que vienen y nos brindan un taco" destacan las personas
septiembre 2, 2025

Afuera del Hospital del Niño en Toluca, entre casas de campaña, catres y lonas que apenas resisten las lluvias, se desarrollan historias de padres y madres que han hecho de la calle su refugio mientras esperan la recuperación de sus hijos. Son días y noches marcados por la incertidumbre, la fe y la resistencia en condiciones precarias.

“Llevo un mes y siete días aquí”

Tania Paola Ramírez González, originaria de San Juan Quipilco, permanece afuera del hospital desde hace más de un mes, luego de que su bebé de apenas días de nacida fuera internada por falta de oxígeno.

“Está hospitalizada mi bebé. Llevamos 1 mes y 7 días aquí y pues mi bebé fue internada por falta de oxígeno y pues mi experiencia aquí, pues sí ha sido un poco fea, pues a veces los doctores te dan buenas noticias, a veces no te dan esperanzas de tu bebé, es cansado, es estresado estar aquí y pues no se le recomienda a nadie ni tampoco se le desea a nadie en estar en esta situación”.

Desde el ingreso de su hija, Tania no ha vuelto a casa. Instaló una casa de campaña con lonas alrededor para protegerse de la lluvia.

“Cuando llega a llover, la casa de campaña… pues tiene lonas alrededor de nuestra casita, tiene lonas, o sea, sí, a veces se te mete el agua mucho, casi te inundas, pero, pues tenemos que estar ahí. Compramos unos catrecitos para acostarnos ahí, que no nos mojemos”.

La espera también ha afectado su salud: “nos hemos enfermado de gripe, pero, pues, tenemos que recuperarnos rápido porque aquí en el hospital no te dejan entrar con gripa ni tampoco estar con los bebés”.

Refirió que únicamente tiene acceso a una visita: “En mi caso, entro nada más a las 12, de 12 a 1:30, porque mi bebé está en terapia intensiva. Tienes que entrar con el pelo recogido, con cubrebocas, lavarte las manos, ponerte guantes y bata».

Sobre el personal médico, reconoce altibajos: “A veces sí es buena, a veces hay enfermeras que pues la verdad… son pasantes de las que no se les confía, a veces sí dejan a los bebés muy moraditos con los catéteres, pero los doctores y los instrumentos que tienen aquí creo que sí son los mejores para los bebés”.

El costo económico ha sido alto: “Ya llevo como 100 mil. Aquí afuera, pues sí, también a veces es lo de la comida, lo de irte a bañar porque está un albergue aquí también y te cobran 4 pesos, y pues los de los medicamentos sí son un poco caros”.

Su rutina comienza temprano: “Yo me levanto a las 8, porque para bañarse nada más es de 6:30 a 9, y tienes que pagar 4 pesos. Espero a mis papás a que lleguen para que me traigan algo de almorzar y ya después pues espero la hora de la visita”.

La alimentación no es constante: “No, pues ya no. A veces llega la gente y sí te regala un taco, la verdad, aquí no nos morimos de hambre porque hay mucha gente que viene, te da de comer, te regala hasta ropa, pero hay días que no te regalan nada. Mi alimentación no ha sido tres veces al día, nada más almuerzo y a veces cena”.

A pesar de la situación de cada persona, entre los que esperan afuera del Hospital, se hacen compañía/ Foto: Irving Morales

Cuando la ayuda no llega, gasta hasta 300 pesos diarios en comida. Su madre suele llevarle comida para reducir gastos.

Aunque el albergue le ofrece un lugar limpio y con agua caliente, Tania ha decidido permanecer junto a su casa de campaña.

“Mi bebé de 1 mes y 11 días sí ha estado un poco delicada. La otra semana no me daban esperanzas de mi hija, pero pues ahorita gracias a Dios ya va reaccionando un poco… lo único que me queda es echarle ganas y estar aquí a esperar a mi hija”.

“Hay que tener mucha fe”

Guillermo Molina Osorio llegó desde San Mateo Atenco con su esposa para acompañar a su hijo de dos años tres meses, hospitalizado por complicaciones de salud que lo han llevado a ingresar varias veces desde febrero.

“El niño ingresó primero por neumonía, se le complicó mucho y le tuvieron que hacer la traqueo y la gastro. Ahorita está hospitalizado por su gastro, los médicos nos han dicho que se está analizando qué forma de alimentación se le dará para que ya no tenga tanta diarrea”.

Su hijo ha mostrado avances y los médicos le han informado que, de continuar así, pronto podría ser dado de alta. Mientras tanto, Guillermo enfrenta los retos de vivir en una casa de campaña

“Es algo muy fuerte porque teniendo a un familiar aquí hospitalizado, pues uno no trabaja muy bien porque está pensando en los informes que le puedan dar. Tienes que estar pendiente aquí”.

Además de la incertidumbre, deben sortear riesgos en la zona: “En la calle suele haber vagabundos, los cuales se drogan y llegan a faltar al respeto. Incluso una vez un vagabundo intentó ingresar a mi casa de campaña”.

También se enfrentan a plagas: “En las áreas verdes suele haber ratas, hemos contado alrededor de 10 diarias. Eso representa un riesgo de infección para nosotros”.

Su día inicia con la rutina de higiene: “Despertar, ir al albergue a bañarnos, porque acá dentro nos piden mucha higiene por los pequeños, esperar cualquier información, cualquier medicamento que nos pidan y estar al pendiente de nuestros pacientes”.

La alimentación, aunque a veces insuficiente, llega gracias a la solidaridad: “Hay muchas personas de gran corazón que vienen y nos brindan un taco. También aquí en el albergue la comida nos la dejan en 6 pesos. Es una comida muy buena”. El menú de ese jueves 28 de agosto fue “pollo en morita con espagueti o arroz y una manzana o fresas con crema”.

Cuando no hay ayuda, el gasto diario puede ascender a 500 o 600 pesos. Además, deben pagar por servicios básicos: 5 pesos por usar sanitarios cercanos y 10 pesos por cargar un celular en máquinas instaladas incluso dentro del hospital.

El costo de los medicamentos también recae en su bolsillo: “El más caro me ha salido en 1900. Desde que llegué, acumulo 6 mil pesos”.

Para sobrellevar la espera, Guillermo escucha música religiosa, ora y convive con los demás padres, a quienes llama “vecinos”.

A pesar de nuestra situación, yo siempre he dicho: hay que tener mucha fe, mucha fe y estar pidiéndole mucho al Señor, que es el último que tiene la palabra. Aunque un médico te diga que no, el último es Dios».

Aunque las condiciones lo han enfermado en ocasiones, se automedica para mantenerse junto a su hijo. Su esposa lo acompaña en todo momento.

A pesar de la situación de cada persona que espera buenas noticias respecto a sus familiares, se percibe apoyo entre los ciudadanos.

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Brenda Monroy

Brenda Monroy

Licenciada en Comunicación con alma curiosa. Me gusta estar en el sitio del acontecimiento para redactar notas auténticas y cercanas. Me interesan la salud, las finanzas y la educación, pero también disfruto leer novelas y dejar volar mi lado creativo con el marketing acompañada de Taylor Swift

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