Hace aproximadamente medio año inicié ésta serie de artículos que hospitalariamente me ha publicado ALFA DIARIO. La idea fue facilitar la comprensión del complejo proceso local electoral, visto desde los ojos de un especialista, mismo que dotará de objetividad la siempre polémica sucesión gubernamental. Al inicio de mis colaboraciones diagnostiqué que:
- tenemos una oposición institucional muy domesticada, más cercana a los intereses del gobierno que a los de sus militantes y simpatizantes. Hoy lo ratifico con los innumerables hechos que lo demuestran;
- existe una perniciosa relación de los dueños de los medios con el poder local. Se entiende que la idea editorial permanece bajo el yugo de los “convenios institucionales” y eso limita muy seriamente el trabajo de muchos periodistas que con frecuencia son censurados;
- el gobierno de EAV ha sido muy exitoso para fragmentar el voto opositor, y en este sentido la frase “todo lo que se compra, sale barato” toma un tinte dramático, con el surgimiento de las candidaturas independientes de dudosa procedencia y muy previsible compromiso con la estrategia gubernamental, y;
- no hay escándalos públicos “nacionales” en contra del gobernador y su equipo, y no porque sean unas blancas palomitas, sino porque los factores descritos previamente los han soslayado sistemáticamente.
En los hechos solo una fractura interna en el proceso sucesorio podría descarrilar un previsible triunfo de la coalición gobernante. Bueno, parece que hay síntomas de disputa centro-periferia que podría hacer lo que la oposición institucional, ni los propios medios han querido explotar en contra del gobierno. El creciente malestar ciudadano es un formidable caldo de cultivo tanto para las amenazas internas en la clase política local que se resiste a que EPN seleccione y designe al abanderado priísta, como también son el eterno pretexto para aumentar a una oposición institucional inexistente por la vida de los partidos políticos. Hay un giro en este fenómeno que aún es temprano por vaticinar, pero lo anoto sólo para refrendar mi diagnóstico inicial.
Resulta paradójico que cuanto peor ánimo social y opinión pública crítica al partido en el poder existe, más débil y desarticulada se encuentre la oposición partidaria institucional, porque resulta evidente que fuera de los partidos políticos las críticas al gobierno priísta de EPN y EAV son ampliamente mayoritarias, pero hay que decirlo, el mal humor social sólo trae peso estratégico si se traslada a las elecciones y se convierte en votos en contra. Me explico; mientras el PRI necesita (y la tiene) una estructura sólida que impulse a su candidato, la oposición requiere de un ánimo social que pase de la queja a la participación, y eso aún está por verse.
En Comunicación y poder, Manuel Castells afirma que hay un considerable debate sobre si en realidad y en que forma la política del escándalo influye en el comportamiento político, y da cuenta de numerosos estudios de caso y ejemplos que sin embargo;
…en resumen: los efectos de la política del escándalo en los resultados políticos concretos son en gran medida inciertos, no obstante [anota] un número creciente de importantes cambios políticos en gobiernos de todo el mundo tienen que ver directamente con los efectos de los escándalos… dada la generalización de la política del escándalo, con independencia de los resultados concretos en un contexto determinado, el panorama político se ha transformado…lo que provoca una crisis mundial de legitimidad política. (Castells, 2010, p. 320-348).
Es decir, los escándalos políticos tienden a generar cambios políticos, pero no siempre son medibles sus consecuencias en acciones concretas.
Un buen ejemplo de lo anterior es que a pesar de acusar una creciente impopularidad, el partido de EPN se hizo de una mayoría parlamentaria en el 2015, no obstante el horror de Ayotzinapa y que saliera a la luz “La casa blanca”. Sin embargo, tan solo un año después los electores le pasaron factura al PRI en las elecciones locales de 2016, las de los peores resultados para la generación en el poder.
La escalada de inconformidad tomó carta de naturalización con la ley 3 de 3 y la pugna en la designación de cargos en organismos autónomos que vivieron una inusual atención de medios y particularmente de redes sociales. En este punto, Castells advierte que “el Estado sigue siendo un actor decisivo a la hora de definir las relaciones de poder en las redes de comunicación [y cita muchos ejemplos de Rusia y China para advertir] el poder del Estado en su expresión más tradicional, es decir, la manipulación y el control, sigue dominando los medios de comunicación e internet en todo el mundo”. (Castells, 2010, p. 375) De ahí que suponer que el mal humor social se traslade a una votación opositora en favor de una opción institucional o independiente durante las elecciones de este año, al menos en el Estado de México que es el tema del que me ocupo, me parece un tanto ingenuo.
En la tabla Participación electoral 2015-2016 se observan los niveles de participación ciudadana en las elecciones locales, poniendo de relieve que hay dos conductas prevalecientes: en elecciones locales concurrentes (en donde se eligen más de un cargo) la participación suele ser igual o mayor a la media nacional, pero con calendarios separados o una sola elección, la participación tiende a disminuir.

El promedio de participación en las elecciones de gobernador en la entidad es de 46.15 % y dadas las condiciones prevalecientes ya diagnosticadas en esta y otras colaboraciones mi pronóstico es que los niveles de participación serán incluso inferiores a esa cifra. No me sorprendería que el malestar ciudadano contra sus élites partidistas se traduzca en la más baja votación en la historia electoral en la entidad. Cambiar este estado de cosas depende en buena medida de los argumentos esgrimidos al inicio de esta colaboración, que por el momento (y en los últimos seis meses) no se aprecia que la oposición institucional haya sabido aprovechar. Es más, el voto antisistémico fragmenta a la oposición. No hubo candidatura común opositora y nada hace prever una coalición opositora con vocación de triunfo, espero equivocarme por el bien de nuestro sistema democrático, pero nada me permite ser optimista en este tema.


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