A México llegan, cada año, más de 200 mil armas; 41 por ciento vienen de Texas; 19 por ciento, de California, y 15 por ciento, de Arizona. La mayoría son rifles y pistolas semiautomáticas, informó este sábado el diario La Jornada.
Del total de armas aseguradas por el Ejército en México durante la década de 2010 a 2020, 70 por ciento fueron fabricadas en Estados Unidos y 30 por ciento en Europa, en este sentido resalta que seis países Europeos fabricaron 30 por ciento de las armas que entraron de manera ilegal a México, pero de ese tanto, 87 por ciento pasaron por algún distribuidor estadunidense, lo que la frontera norte es casi la única vía de acceso de armas de fuego a México.
Poco antes de dejar el cargo en la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo afirmó que en todo el país circulan 15 millones de armas y 85 por ciento ingresaron al país de forma ilícita. Hay estudios muy serios que advierten que la esperanza de vida en México se redujo 0.5 por ciento a causa de la violencia.
Dentro de las estadísticas sobre la cantidad de armas ingresadas al país la revista Proceso reportó hace unas semanas que cada hora, ingresaron de manera ilegal a México una treintena de armas de fuego por la frontera con Estados Unidos –un total de entre 2.2 y 3 millones de armas en los últimos 10 años–, y además recuperaron parte de las más de 15 mil armas que diversas autoridades mexicanas reportaron como “robadas” o “extraviadas” en los últimos 15 años.
El fenómeno, cuyos datos han sido recopilados principalmente por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y por la Secretaria de la Defensa Nacional (Sedena), advierte que de 2010 a 2018 se aseguraron 323 rifles calibre .50 en Tamaulipas y 53 en Sinaloa, pero sólo del primero de enero de 2019 al 21 de enero de 2020, la Sedena incautó 71 fusiles Barret .50 en diferentes estados. En Tamaulipas, 48; en Michoacán, nueve; en Sonora, cinco, y en Sinaloa, dos.
El fusil Barret es utilizado por más de 70 agencias de seguridad en el mundo y es capaz de perforar blindajes de tanques de guerra, aviones militares e incluso derriba helicópteros –con una de esa armas se atacó al secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, Omar García Harfuch–; se fabrica en seis estados del país vecino: Tennessee, Illinois, Nevada, Ohio, Carolina del Sur y Florida.
A la sazón, Guanajuato, en 2019, fue la entidad con más homicidios dolosos: 3 mil 540; 83 por ciento de ellos estuvo asociado con armas de fuego, y de 2000 a 2019, los homicidios con armas de fuego en Tamaulipas, Michoacán y Sinaloa aumentaron 318 por ciento, 353 por ciento y 67.7 por ciento, respectivamente.
En cuatro estados fronterizos con México, seguro no por casualidad, existen –con datos a noviembre de 2020 que ha proporcionado la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF)– 9 mil 811 armerías que surten, seguramente, a buena parte de los cárteles de la droga en México.
La información que se tiene por el momento de los “operativos” sobre tráfico de armas desde Estados Unidos dice que en 2006 se armó el proyecto Gunrunner, y con él se localizaron 12 mil armas, de ellas 7 mil 500 las presentó México. Entre 2006 y 2007 se montó el Wide Reciver, que identificó poco más de 450 armas; el mismo 2007 se dio el caso Hernández, que logró impedir que se introdujeran al país 200 armas.
En ese caso, los agentes de Estados Unidos tuvieron información de que Fidel Hernández y algunos cómplices habían comprado 200 armas para introducirlas ilegalmente a México. El hombre fue arrestado en Nogales, Sonora. Se les llevó a juicio en 2009, pero obtuvieron su libertad porque las autoridades mexicanas que habían incautado las armas se negaron a proporcionar información.
Junto con esos casos, hasta el muy conocido Rápido y furioso, se han planteado cuando menos cinco grandes operativos en los que apenas se logra recuperar algunas armas si se considera el caudal de las que llegan a nuestro país de forma ilegal.
Con información de La Jornada y revista Proceso


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