Irán-G5+1: programa nuclear

Además de replantear las relaciones de Irán con Occidente, el acuerdo nuclear firmado el 14 de julio en Viena impregnó -incluso antes de nacer- cambios relevantes en la diplomacia internacional, particularmente en Medio Oriente. Observadores de las más diversas corrientes políticas coinciden en que el denominado Plan de Acción Conjunta Global (PACG) pactado entre Irán y el Grupo 5+1 (los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania) abre perspectivas insospechadas después de 12 años de desgastantes disputas. A lo interno, el entendimiento es valorado por Teherán como una rotunda victoria, pues traerá incuestionables beneficios a partir
julio 22, 2015

Además de replantear las relaciones de Irán con Occidente, el acuerdo nuclear firmado el 14 de julio en Viena impregnó -incluso antes de nacer- cambios relevantes en la diplomacia internacional, particularmente en Medio Oriente.

Observadores de las más diversas corrientes políticas coinciden en que el denominado Plan de Acción Conjunta Global (PACG) pactado entre Irán y el Grupo 5+1 (los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania) abre perspectivas insospechadas después de 12 años de desgastantes disputas.

A lo interno, el entendimiento es valorado por Teherán como una rotunda victoria, pues traerá incuestionables beneficios a partir de que librará al país del pesado lastre de las sanciones económicas, comerciales y financieras impuestas por la ONU (siete), Estados Unidos y la Unión Europea (UE).

Las restricciones contra la banca y el sector financiero, petróleo, gas, industria petroquímica, comercio, seguro y transporte, serán anuladas tan pronto comience a implementarse el acuerdo, que recibió el 20 de julio el aval unánime del Consejo de Seguridad de la ONU mediante una resolución.

Sin dudas, ese aspecto representará una cura indispensable para la golpeada economía y la estrategia que defiende el presidente Hassan Rouhani como parte de la llamada Economía de Resistencia, la cual le ayudó a reducir de 40 a 15,6 por ciento la tasa de inflación, según datos del Banco Central de Irán.

Rouhani, que ha hecho frente a fuertes críticas de sectores conservadores opuestos a las negociaciones con Occidente, se fijó como prioridad revitalizar la economía iraní, actualmente en el puesto 14 entre las más grandes de la región, cuando en 2005 llegó a estar en cuarto lugar.

El rubro petrolero resiente el golpe de las medidas punitivas y las limitadas inversiones foráneas, y para el gobierno persa es menester revertir ese panorama, aunque sus adversarios aseveran que las sanciones sólo son responsables del 20 por ciento de los problemas económicos del país.

Según algunos expertos, cuando se eliminen las sanciones, la economía crecerá apenas entre un tres y un siete por ciento, insuficiente para disminuir el índice de desempleo que el Centro de Estadísticas de Irán sitúa en 10,3 por ciento, pero que otras fuentes estiman en casi 20.

Por otro lado, en virtud del arreglo, un total de 800 personas naturales y jurídicas, así como el Banco Central de Irán, las compañías de tanqueros y la Nacional de Petróleo, las empresas subsidiarias, la aerolínea estatal y muchas otras instituciones, saldrán de la lista de sancionados.

Por primera vez se cancelará la prohibición de comprar aeronaves civiles y habrá posibilidad de restaurar la flota aérea, mientras los iraníes también celebran la abolición del boicot, 30 años después, a jóvenes de su país interesados en estudiar en el exterior carreras asociadas al tema nuclear.

Por ahora sólo quedará intocable el embargo de armas al país persa, con el compromiso de ser eliminado a partir de un período de cinco años, mientras decenas de miles de millones de dólares de activos congelados en bancos foráneos quedarán desbloqueados.
Sobre este particular, el canciller iraní, Mohammad Javad Zarif, quien encabezó las negociaciones con el G5+1, defendió ante el Majlis (parlamento nacional) la independencia de los compromisos asumidos dentro del PACG y lo expresado por la resolución 2231 en lo relativo al sector de armamentos.

Una semana después de anunciado el pacto, Zarif y el jefe de la Organización de Energía Atómica Iraní (OEAI), Alí Akbar Salehi, recordaron a los diputados que el país continuará el enriquecimiento de uranio con fines comerciales e industriales en los primeros ocho años de su ejecución.   El ministro de Relaciones Exteriores reiteró que en el mismo período no sólo será institucionalizado el programa nuclear, sino también la explotación de centrífugas avanzadas y el referido enriquecimiento en el ámbito económico.
El entendimiento, que entrará en vigor 90 días después de su aprobación por el Consejo de Seguridad de la ONU, prohíbe a la república islámica enriquecer uranio a más del 3,67 por ciento durante 15 años.

EL MEOLLO NUCLEAR DEL ACUERDO

Desde el líder supremo de la Revolución Islámica, ayatolah Alí Khamenei, pasando por el presidente del país, Hassan Rouhani, el Majlis, jefes militares y expertos en temas atómicos convergen en ver el PACG como un reconocimiento tácito del programa nuclear pacífico de Irán.

Las seis potencias mundiales del G5+1 validaron formalmente los propósitos civiles de la actividad atómica iraní y, voluntariamente o no, suscribieron un texto de más de 100 páginas que se ajusta a los postulados defendidos por Teherán durante los 23 meses de negociaciones.

Según un documento, la ONU consideró a Irán una potencia que posee tecnología nuclear y tiene un programa con fines pacíficos, incluyendo el ciclo completo de combustible y de enriquecimiento del uranio, ajustado a normas y tratados internacionales.

El acuerdo indica que ninguna instalación atómica iraní será desmantelada, e incluso continuarán las investigaciones en esa esfera y las actividades de desarrollo sobre todos los tipos de centrífugas, aunque reducirá en dos tercios su número (de unas 19 mil a seis mil 104) en 10 años.

Todas las centrales nucleares iraníes seguirán trabajando, se mantendrá el programa de enriquecimiento de uranio, y toda la infraestructura de ese país, junto con el reactor de agua pesada de Arak, que conservará sus funciones.

A todo ello se añade algo significativo, y es que Irán se insertará en el mercado mundial como proveedor de productos nucleares.

RABIETA EN ISRAEL Y ESCEPTICISMO EN EL GOLFO

Si incuestionable es el beneficio que a lo interno tendrá para Irán el acuerdo, igual de alentadoras parecen las perspectivas que dicho entendimiento abre en las relaciones entre estados del golfo Pérsico. Aunque no acabó con desconfianzas recíprocas de Irán y los países del Grupo 5+1, despejó tensiones y, sobre todo, sacó del seno de la ONU un contencioso en el que a todas luces siempre hubo móviles políticos y dobles raseros.

Incluso para los sectores enfermizamente críticos del pacto, como Israel, y los suspicaces y escépticos, como Arabia Saudita y otros árabes del golfo Pérsico, quedó claro que nada volverá a ser como antes.

Washington no estaba acostumbrado a negociar en igualdad de condiciones con los países que sitúa en el llamado «Eje de Mal», y jamás lo había hecho con alguno de Medio Oriente sin tener en cuenta los intereses de su aliado estratégico, Israel.

Por ello el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, despotricó el arreglo, lanzó amenazas y prometió reaccionar ante lo que consideró demasiadas concesiones de Occidente al gobierno de los ayatolahs.

Sin embargo, en las rabietas de Netanyahu se dejó entrever también cierta inquietud a que las miradas se enfilen ahora hacia el arsenal atómico de Tel Aviv, el verdadero peligro de Medio Oriente y el único obstáculo para poder declararlo zona libre de armas nucleares.

El canciller destacó que el régimen sionista de Israel se vio aislado entre sus aliados, y consideró que el acuerdo entre la república islámica y el G5+1 «arruinó los planes de seguridad» de Tel Aviv contra Teherán.

Según Zarif, el prolongado e impresionante acuerdo indicó que la nación persa podía negociar, pero no ser chantajeada, y reiteró que la ira de los enemigos de su país, en particular Israel, corrobora que Irán es un estado poderoso en la región y el mundo.
«Este acuerdo es un error histórico para el mundo entero, hubo enormes concesiones en todas las cuestiones que habían sido destinadas a impedir que Irán posea la capacidad de adquirir armas nucleares», se lamentó Netanyahu.

Analistas aseguran que los servicios de inteligencia árabes e israelíes tienen previsto celebrar una reunión entre sí para hacer frente a lo que creen una nueva amenaza, pues Tel Aviv ve el acuerdo como «muy malo» y los árabes del golfo Pérsico como un espaldarazo al desarrollo técnico-militar de Irán.

Los estados del Consejo de Cooperación del Golfo y de la Organización de Cooperación Islámica, a la cual pertenece Irán, saludaron el arreglo, aunque se mostraron inquietos por la supuesta amenaza iraní, y urgieron a Teherán a replantearse nexos con sus vecinos tomando distancia en Iraq, Siria y Yemen.

En esa línea, el vicecanciller iraní para Asuntos Árabes y Africanos, Hossein Amir-Abdollahian, aseveró que en la «atmósfera post-acuerdo» se abrirá una nueva página en los lazos y acontecimientos regionales, con la renovada prioridad del país persa de fomentar relaciones excelentes con sus vecinos.

Al margen de percepciones individuales y de lo que decida el Congreso estadounidense, lo innegable es que para Irán empieza a extinguirse lo que siempre consideró una «crisis fabricada e innecesaria», y el mundo agradece tener un pleito menos, sobre todo en el convulso Medio Oriente.

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