La señora Guadalupe, una mujer de la tercera edad, carga con el peso de una rutina que se ha vuelto demasiado familiar: la búsqueda interminable de medicamentos. Desde temprano, con el cansancio ya arraigado en sus huesos, se dirige al ISSEMyM de Morelos, cerca del parque Vicente Guerrero. Su hija, también mayor, ha tenido que pedir permiso en su trabajo para acompañarla. Juntas, enfrentan una lotería en la que el premio no es dinero, sino algo mucho más vital: la medicina que Guadalupe necesita para controlar su diabetes.

La respuesta que reciben es la misma de siempre: otro vale. En dos ocasiones, han tenido que comprar el medicamento por su cuenta, un gasto que no pueden permitirse. Este problema las persigue desde hace ocho meses, pero no son las únicas. Miles de derechohabientes del Sistema de Salud del Estado de México viven esta misma realidad, una crisis que parece no tener fin.

El desabasto de medicamentos no es nuevo. Otra derechohabiente, quien ha pagado puntualmente sus cuotas por años, comenta con frustración que este problema ha atravesado varias administraciones. Da igual, si son priistas o morenistas; ninguno ha logrado contener la crisis. Para Guadalupe, esto se traduce en horas de espera. Primero, unos 20 minutos para que una trabajadora del instituto le confirme si hay o no medicamento. Luego, la incertidumbre: ¿regresar al día siguiente o esperar dos horas más?

“Hay que estar monitoreando”, le dicen. Pero para Guadalupe y muchas personas de su edad, eso no es tan sencillo. Las líneas telefónicas y los números de WhatsApp que supuestamente brindan información sobre la disponibilidad de medicamentos no son una opción. No están familiarizadas con la tecnología. Así que, una vez más, toca hacer fila.
Los vales, una medida implementada para aliviar el desabasto, se han convertido en otro dolor de cabeza. Estos vales, que permiten a los pacientes acudir a farmacias subrogadas, tienen una validez de 30 días. Después, hay que renovarlos. Algunos derechohabientes se han vuelto “coleccionistas” de vales, pero eso no resuelve el problema de fondo. La hija de Guadalupe, desesperada, ha tenido que comprar la Gliclazida de 60 mg en Farmacias del Ahorro. El costo: 758 pesos, casi tres salarios mínimos.

Un empleado del ISSEMyM, que prefirió mantenerse en el anonimato, confirmó que el suministro ha aumentado, pero la demanda es tan alta que los medicamentos se agotan en las primeras horas. El 5 de febrero, el Gobierno del Estado de México emitió un comunicado asegurando que el abasto de medicamentos estaría “garantizado” a partir del 16 de febrero, gracias a una adquisición que cubrirá las necesidades hasta 2025. Pero mientras tanto, Guadalupe y miles como ella siguen esperando.
En hospitales como el Nicolás San Juan, la situación no es mejor. Pobladores de distintos municipios acuden allí en busca de atención médica, pero la falta de medicamentos es una constante. Las familias, muchas veces sin seguridad social, terminan comprando los medicamentos por su cuenta.

Esta crisis afecta principalmente a quienes padecen enfermedades graves: crónico-degenerativas, infectocontagiosas, autoinmunes, terapias para pacientes oncológicos, trasplantados y personas con VIH. El gobierno estatal promete que el suministro se restablecerá, pero mientras tanto, adultos mayores como Guadalupe tienen que esperar un día más para recibir lo que, por ley, ya aportaron.
Y así, Guadalupe regresa a casa, con las manos vacías, pero con la esperanza de que mañana, tal vez, la suerte esté de su lado.


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