Los ricos también… juegan

Es innegable que todavía hay mucho resentimiento social hacia el jugador de básicas que no viene de una familia con carencias
febrero 6, 2025

La llegada de Santiago Giménez al histórico y legendario Milán nos obliga a retomar un tema del cual ya había escrito hace unos años y que de nuevo cobra actualidad, invitando a la reflexión.

El futbol está lleno de frases hechas, de historias ciertas y otras convertidas en mito. En el surrealismo futbolístico se encuentra de todo. En este deporte, contrario a lo que pudiera pensarse, la discriminación no es exclusiva para el jodido, para el jugador pobre; en muchas ocasiones es todo lo contrario, pues la vive el jugador que proviene de familias que no tienen problemas económicos.

Hay frases que han sobrevivido al siglo XX y que hoy, en los tiempos de internet y redes sociales, se mantienen vivas en este futbol nuestro de cada día. Hoy, como sucedía en el siglo pasado, aún es común escuchar entre los mentores de las fuerzas básicas frases que evidencian un resentimiento social cuando fustigan verbalmente a algún jugador de inferiores que no viene desde “abajo”, que no tiene carencias económicas.

Estos personajes se olvidan de que el futbol provoca los mismos sueños sin respetar el estrato social de donde se viene. Todos los niños tienen la ilusión de ser profesionales, de jugar en su equipo favorito, en la selección, en un mundial. Los entornos podrán ser diferentes: unos soñarán con el estómago vacío, con los zapatos rotos; otros, sin ninguna carencia. Quizá la finalidad cambie, pero no el fondo de la ilusión por el juego, que une y conduce al éxito a polos opuestos de la vida.

FRASES Y ESTIGMA

Es innegable que todavía hay mucho resentimiento social hacia el jugador de básicas que no viene de una familia con carencias. A estos chicos, muchas veces, los técnicos les restriegan su origen como si fuera un estigma: “Tú no sirves, aquí necesitamos gente que tenga hambre”, “prefiero a uno que desayune un Gansito con refresco, a uno que desayune huevo con jamón”, “quien no huele a camión, no huele a campeón”. La lista de clichés es interminable.

Para una inmensa mayoría, venir de la pobreza es casi considerado requisito indispensable para destacar en el futbol, como si este deporte fuera exclusivo de los pobres. Esos mismos que enarbolan la necesidad como requerimiento del éxito son los mismos que acusan a la pobreza y sus raíces cuando el futbolista exitoso y rico pierde la fama y el dinero en los excesos de su vida privada. ¡Quién los entiende! Vaya paradoja.

Otro caso común de discriminación y estigmatización por parte de los aficionados, jugadores o entrenadores de fuerzas básicas es contra todos aquellos hijos o familiares de futbolistas profesionales exitosos. A ellos, la inmensa mayoría, con razón y sin ella, en esas edades tempranas les niegan el reconocimiento de cualidades futbolísticas; muchas veces por envidia, otras veces solo por joder.

DELITO Y PECADO

No ser pobre o ser hijo de un exjugador profesional es considerado prácticamente un pecado o un delito por un amplio espectro del futbol en su etapa formativa: “Es un tronco, fulanito es mil veces mejor que él, pero como es hijo de perenganito por eso lo ponen, por eso lo eligen; está aquí por palancas o porque sus padres sobornan a los entrenadores”. Historias como esta, estoy seguro de que usted ha escuchado cientos de veces.

“Troncos” hay de todos los tipos: hay jugadores supertroncos hijos de un obrero, como los hay del empresario o del exfutbolista. La medianía no tiene clases sociales ni exclusividad, y funciona también a la inversa. Hay grandes prospectos de todos los estratos sociales.

Y no estamos diciendo que no hayan sucedido, que no sucedan o que no vayan a seguir sucediendo. Por supuesto que historias hubo y habrá. De lo que estamos absolutamente seguros es de que la mayoría de esas historias son leyendas urbanas comparadas con las que son una realidad absoluta.

TODOS CONOCEMOS GENTE ASÍ

Lo que sucede es que, en nuestra sociedad, por idiosincrasia o costumbre, la victimización vende más que la realidad en sí. Todos tenemos a ese amigo, ese primo, ese compadre que jugaba bien chingón, que hubiera sido profesional y superestrella, pero se chingó la rodilla o tuvo que chingarle a trabajar o a la escuela y ya no tuvo chance de ser el nuevo Messi.

Somos muy dados a no reconocer el éxito o las cualidades deportivas ajenas. Todo éxito u oportunidad prematura, para muchos, tendrá un tufo de corrupción, de tráfico de influencias, como si no pudieran existir historias de éxito, dedicación, superación, aguante y resiliencia de jugadores de buena cuna.

La historia de Santiago Giménez es una de ellas. Él está construyendo una historia de éxito que pudo no ser. No todo fue fácil y maravilloso; la tragedia deportiva tocó su puerta y estuvo al borde del retiro.

EL RETIRO ESTUVO CERCA

Cuando soñaba con llegar al primer equipo, en un entrenamiento notó que su brazo no estaba bien, que se empezó a inflamar de manera sorpresiva y alarmante. El diagnóstico fue trombosis, y había que operar casi de inmediato.

El diagnóstico posterior no era halagador; los médicos afirmaron que ya no podría volver a jugar futbol, que era sumamente peligroso. Sin embargo, su fe en Dios, la ilusión y el hambre de ser alguien en el futbol le hicieron no rendirse ni claudicar.

Esta misma semana, a sus 23 años, Santiago abandonó las filas del Feyenoord, donde disputó un total de 105 partidos y anotó 65 goles, contabilizando la Champions League. Su crecimiento fue notorio: con los mismos partidos jugados en el Cruz Azul, marcó solo 21 tantos.

“TATA-GATE”

Estamos hablando del mismo jugador al que hace dos años, de última hora, “el Tata” Martino minimizó para no llevarlo al Mundial de Qatar, a pesar de ser argentino, a pesar de ser muy amigo de su padre. “Es un goleador de Europa League, pero tiene muy pocos minutos, juega muy de vez en cuando…”, dijo en ese entonces el ex técnico nacional. ¿No que todo es por relaciones y amiguismo?

Santiago sufrió un doloroso golpe en lo anímico, pero en lugar de claudicar o achicarse, su paso goleador fue en aumento. A dos años del “Tata-gate”, Giménez está a punto de debutar en el Milán, mientras Funes Mori, ese goleador que eligió Martino para llevarlo al Mundial en su lugar, no puede ser titular ni siquiera en Pumas. Meter muchos goles en poquitos minutos fue su “pecado”, que le quitó una Copa del Mundo.

El no claudicar es también hambre de triunfo, esa “hambre” que, según muchos, solo tienen los que vienen de familias con carencias. Algo que quizá sucede la mayoría de las veces, pero no es una verdad absoluta.

MILLONARIOS EXITOSOS

En la historia del futbol hay jugadores élite que tocaron la cima del futbol mundial en sus brillantes carreras deportivas y que no venían del arrabal o de entornos pobres: Hugo Lloris, el portero francés del Tottenham y capitán de su selección, viene de una acaudalada familia de Niza; tomaba en su casa clases personalizadas de tenis, de piano, de equitación, y terminó brillando en el futbol.

Gerard Piqué, que ganó todo con el Barcelona y la selección, viene de una familia rica: su padre es un prestigiado abogado, su madre directora del Instituto Gudman, un afamado hospital, y su abuelo Amador Bernabéu Bosch fue vicepresidente del Barcelona.

El anotador del gol que le dio el campeonato del mundo a Alemania en 2014, Mario Götze, es hijo de Jürgen Götze, un decano en la Universidad de Tecnología de Dortmund y parte del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Yale, en Estados Unidos.

Y así podemos repasar las historias de Kaká, Andrea Pirlo, Robin van Persie, Frank Lampard, Gianluca Vialli y muchos otros más. Todos ellos también tuvieron “hambre” de gloria y llegaron al límite.

En estos nuevos tiempos, habrá que salir de los clichés y de las frases comunes. Cierto, las historias de la miseria a la opulencia siempre servirán de ejemplo y venderán más, pero dejemos las etiquetas de lado, porque el éxito y la excelencia no tienen exclusividad con la pobreza. El hambre de éxito está en la mente, no en la cartera.

“El dinero no hace malo al hombre, es el hombre el que hace malo al dinero.” —Anónimo

Síguenos

PUBLICIDAD

BOLETÍN

Únete a nuestra lista de correo

Como tú, odiamos el spam

Síguenos

Te recomendamos