- Un presupuesto serio sin necesidad de simpatías.
- Tres voces clásicas leyendo al Edomex 2026.
- Optimismo sin reverencias.

Secretario antipático que entrega un presupuesto funcional
Óscar Flores no seduce, no actúa, no improvisa encanto. Y quizá por eso mismo su primer presupuesto íntegro sale con un sello poco común: ordenado, entendible y sin las fantasías contables que definieron al viejo Estado de México. El aumento de recursos no se debe a magia ni a narrativa, sino a una recaudación que por fin respira y a un diseño que evita la deuda sin disfrazar carencias. No se trata de idolatrarlo: basta reconocer que su estilo parco y áspero produjo un documento que por lo menos no insulta la inteligencia. En un estado donde el presupuesto solía ser una coreografía, que hoy sea un instrumento serio ya es ganancia.
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Keynes vería aquí un Estado que por fin aterriza
Keynes aprobaría el equilibrio sin aspavientos: más inversión pública, más obra, más bienestar y nada de deuda innecesaria. No es un presupuesto heroico, pero sí uno que sostiene demanda, corrige rezagos y evita la tentación del gasto decorativo. En vez de buscar titulares, se enfoca en movilidad, infraestructura comunitaria, servicios y empleo. A Keynes no le importaría si el secretario sonríe o frunce el ceño: le importaría que las cuentas tengan sentido y esta vez lo tienen. En medio de un país adicto al ruido, el Edomex entrega un presupuesto que prefiere la estabilidad al espectáculo.
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Piketty diría que hay dirección, pero sin ruptura
Para Piketty, este presupuesto no cambia la historia fiscal del mundo ni enfrenta a los grandes patrimonios, pero sí da señales claras: 54 % del gasto para bienestar, mujeres, educación, salud y territorios históricamente relegados. Es redistribución moderada, sin reformas profundas, pero con prioridades nítidas. No hay impuestos progresivos, no hay carga al capital grande, pero sí una selección distinta de ganadores: pueblos originarios, programas sociales, infraestructura local y grupos vulnerables. Piketty levantaría una ceja, no por desconfianza, sino porque en un Estado tan desigual, un movimiento prudente a favor de los de abajo ya es algo.
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Marx, sorprendido, admitiría que no todo es para el capital
Marx no se dejaría engañar por ningún discurso, pero observaría algo inusual: la banca no dicta el rumbo, no crece la deuda estatal, no hay privilegio abierto para las élites empresariales y los subsidios apuntan más a micronegocios y vivienda social que a los de siempre. El presupuesto no derroca al capitalismo, desde luego, pero tampoco se arrodilla ante él. En vez de reforzar la vieja lógica del “arriba primero”, distribuye con cierta lógica a favor de los que normalmente quedan fuera del cuadro. Para Marx, que un presupuesto mexiquense deje de ser botín y se parezca mínimamente a una política pública ya sería digno de análisis.
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Un presupuesto sin culto: solo lo que funciona
El Paquete Fiscal 2026 no es una hazaña ni una derrota, ni una epopeya ni un trámite: es un documento que decide priorizar sin caer en exhibicionismos. Más inversión, más bienestar, más obra local y cero deuda. No se trata de elevar a Flores ni de romantizar sus formas: se trata de reconocer que, a diferencia de tantos presupuestos mexiquenses del pasado, este no ofende a la razón. No es un salto histórico, pero sí una pieza que ordena, estabiliza y reorienta el gasto hacia donde la desigualdad es más cruda. Para un Estado acostumbrado a la pirotecnia fiscal, un presupuesto sobrio es casi una revolución silenciosa.


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