La verdadera historia detrás del asalto de Flores a La Asunción

Los golpes fueron el desenlace, la disputa venía de años atrás, entre acciones, control familiar y uno de los terrenos más valiosos de Metepe

La imagen recorrió el país en cuestión de horas.

Un grupo de hombres intenta abrirse paso. Hay empujones, gritos, forcejeos. Entre ellos aparece el alcalde de Metepec, Fernando Flores Fernández. También escoltas. También una patrulla municipal. Un directivo del club termina en el suelo. Los videos se multiplican. Llegan las condenas públicas. La explicación oficial aparece después.

Pero la historia no comenzó ese día.

Ni en esa puerta.

Ni en esa discusión.

La historia comenzó años atrás.

Mucho antes de los teléfonos celulares, los comunicados y las disculpas públicas.

Comenzó con un terreno.

Cuatro hectáreas en el corazón de Metepec

El Club Deportivo La Asunción ocupa cerca de 40 mil metros cuadrados en una de las zonas de mayor valor inmobiliario del municipio.

Mapa aéreo del Club Deportivo La Asunción, mostrando canchas de tenis y áreas deportivas, con estacionamiento visible y calles circundantes.
Vista aérea del Club Deportivo la Asunción

No es un dato menor.

A precios actuales de mercado, el predio puede alcanzar un valor cercano a los 600 millones de pesos.

Esa cifra ayuda a entender cosas que los videos no explican.

La Asunción es formalmente una sociedad mercantil integrada por alrededor de mil treinta acciones. A lo largo de los años, integrantes de la familia Flores fueron acumulando una mayoría accionaria que hoy ronda las 550 acciones, suficiente para mantener el control de la administración y de las decisiones más relevantes de la institución.

La disputa nunca fue por una cancha de tenis.

Nunca fue por una alberca.

Nunca fue siquiera por un club deportivo.

La disputa es por el control de un patrimonio excepcional.

La familia detrás del conflicto

La versión difundida inicialmente hablaba de una intervención derivada de una llamada de auxilio.

Los videos y los nombres que aparecen alrededor del conflicto cuentan otra historia.

Porque los protagonistas no son desconocidos.

Son familiares.

De un lado se encuentra Luis Flores Huerta, actual presidente del Consejo de Administración e hijo de Luis Flores Fernández.

Del otro aparece Ricardo Flores, sobrino cercano al grupo encabezado por Fernando Flores y considerado durante años uno de los operadores de mayor confianza dentro de la estructura familiar.

También aparecen Lucero Huerta, madre de Luis Flores Huerta.

También aparece Paola Flores, gerente del club.

Las imágenes muestran algo difícil de ocultar: quienes estaban involucrados se conocían demasiado bien.

No era un conflicto entre particulares.

Era un conflicto dentro de la propia familia.

El origen de la ruptura

Vista de una terraza con mesas y sillas de mimbre, con canchas de tenis al fondo, en una imagen en blanco y negro.

Fuentes cercanas al conflicto sostienen que las diferencias entre Fernando Flores y su hermano Luis no son recientes.

La discusión de fondo gira alrededor del control real del club y de la mayoría accionaria que permite dirigirlo.

Fernando Flores sostiene que posee la mayoría necesaria para ejercer control sobre la institución.

Luis Flores mantiene una posición distinta.

La diferencia puede parecer administrativa.

No lo es.

Quien controla las acciones controla las asambleas.

Quien controla las asambleas controla el consejo.

Y quien controla el consejo controla el destino del patrimonio.

Esa es la disputa que se encuentra detrás de los videos.

El día que la disputa salió de la casa

Todo conflicto familiar tiene un momento de quiebre.

En La Asunción ocurrió cuando Ricardo Flores fue impedido de ingresar a las instalaciones.

La decisión detonó una reacción inmediata.

Lo que vino después quedó registrado por distintas cámaras.

Los videos muestran el ingreso de Fernando Flores acompañado por escoltas y personal de seguridad.

También muestran empujones y agresiones.

La persona que aparece siendo golpeada no es un extraño.

Es el director deportivo del club.

Las mujeres que intentan intervenir tampoco son ajenas al conflicto.

Forman parte de la misma historia familiar.

Por eso la explicación oficial encontró resistencia desde el primer momento.

Porque las imágenes no retratan una emergencia ciudadana.

Retratan una disputa interna que terminó desbordándose.

La pregunta que sigue abierta

La violencia registrada ese día produjo una condena pública prácticamente unánime.

Sin embargo, la pregunta más importante permanece sin respuesta.

No es quién empujó primero.

No es quién respondió después.

Es otra.

¿Por qué una disputa patrimonial entre familiares terminó involucrando escoltas, armamento y una patrulla municipal?

Esa es la pregunta que trasciende a los Flores.

Porque en cualquier democracia existe una frontera que no debería cruzarse: la que separa los intereses privados del ejercicio del poder público.

Los videos mostraron el conflicto.

La verdadera historia parece encontrarse detrás de las acciones, las asambleas y uno de los terrenos más valiosos de Metepec.

Lo que ocurrió en La Asunción difícilmente puede entenderse sin observar esa pieza del rompecabezas.

Y quizá sea precisamente ahí donde se encuentra la explicación de todo lo demás.

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