La detención y posterior vinculación de David “N”, alias “El Deivid” o “El Chino”, ocurrida en mayo de 2026 en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, volvió a colocar a La Chokiza en el centro de las investigaciones por crimen organizado en el Estado de México, señalándolo como presunto líder del grupo tras la captura de su hermano, Alejandro Gilmare Mendoza Díaz, alias “El Choko”, detenido en septiembre de 2025 en Ecatepec.
El expediente público del grupo
La presencia pública de La Chokiza puede rastrearse, al menos, desde diciembre de 2023, cuando se difundió un video en el que Azucena Cisneros Coss, entonces diputada local de Morena y hoy presidenta municipal de Ecatepec, apareció junto a Alejandro Gilmare Mendoza Díaz durante una invitación al aniversario del grupo, aunque ella señaló que simplemente se trataban de acusaciones por motivos políticos.
Este no es un caso aislado, pues la exalcaldeza de Cuauhtémoc, Sandra cuevas ha sido estrechamente relacionada con este grupo y se ha documentado con fotografías.
Cuevas ha sido señalada por haber tenido una relación sentimental con Alejandro Gilmare. En diversas imágenes se puede apreciar a la política con “el choko”, en conciertos, fiestas, en algunas abrazados.

Al respecto, Cuevas dijo que se trata de su vida privada, indicando que solo es un amigo y que desconocía que tenía actividades delictivas, en lo que se tomó como un intento por zanjar la polémica, sin embargo la opinión pública ya la relacionaba con este grupo.
Una nueva cara para grupos delictivos
La Chokiza se volvió un caso distinto a otras células delictivas por la forma en que combinó presencia pública con señalamientos criminales. El grupo construyó una identidad de barrio mediante redes sociales, caravanas, eventos, reparto de apoyos, entregas de juguetes, alimentos y asesorías, mientras autoridades lo ubicaban en investigaciones por extorsión, narcomenudeo, cobro de piso, despojo de inmuebles, homicidio, robo con violencia y préstamos tipo “gota a gota”.
La operación atribuida al grupo se concentró en Ecatepec, pero no se limitó a un punto fijo. Las investigaciones lo han colocado en colonias y corredores donde el control de calles, comercios, inmuebles y rutas de movilidad tiene valor económico y político. La organización habría utilizado actividades comunitarias y presencia en redes como fachada de legitimidad social, al tiempo que presuntos integrantes eran señalados por extorsionar, vender droga y disputar inmuebles.
La caída de la estructura
El primer gran golpe público contra la estructura ocurrió en septiembre de 2025, con la captura de “El Choko” en Plaza Las Américas, en Ecatepec. De acuerdo con información del Gabinete de Seguridad, era señalado por homicidio, extorsión, préstamos “gota a gota”, cobro de piso, narcomenudeo, despojo de inmuebles y por encabezar grupos vinculados a los llamados montachoques.
Ese mismo mes, las autoridades informaron otro golpe contra la organización: presuntos integrantes detenidos e inmuebles asegurados en distintos puntos del Estado de México. Ese dato abrió una lectura más amplia del caso, porque el expediente dejó de centrarse solo en un líder y comenzó a perfilar una red con bienes, operadores y capacidad territorial.
También en septiembre de 2025, otros presuntos integrantes fueron detenidos en Ecatepec con armas, droga y dinero en efectivo. En esos operativos participaron elementos de Marina, Policía Municipal y Fiscalía mexiquense. La intervención mostró que la persecución contra el grupo no dependía solo de autoridades locales, sino de una coordinación federal, estatal y municipal.

La captura de “El Choko” tampoco cerró la operación. En enero de 2026, el gobierno federal informó la detención de Aldo “N”, alias “El Balú”, identificado como integrante de La Chokiza y objetivo prioritario para el Estado de México.
Ese mismo mes, autoridades municipales de Ecatepec y la Marina ubicaron un inmueble que presuntamente funcionaba como call center para extorsiones y venta de droga, las primeras investigaciones, según el gobierno municipal, indicaron que el sitio era operado por La Chokiza.
En enero de 2026, también fue detenida Nancy “N”, alias “Valeria”, de nacionalidad colombiana, presuntamente vinculada al grupo “Golden Roma”, señalado como una facción operada por La Chokiza dedicada a la extorsión mediante préstamos.
El monstruo de las mil cabezas
El seguimiento oficial también mostró reacomodos posteriores. En enero de 2026, autoridades de Ecatepec informaron que, tras la detención de “El Choko”, varios agremiados se habrían sumado a “Crazy Group”, organización señalada por homicidios, extorsión y despojo, y vinculada a “Los Mayas”. Esa referencia ayuda a entender la expansión del grupo, dificultando que las autoridades sean capaces de ponerles fin.
La detención de “El Deivid”, meses después de la captura de su hermano, reforzó esa lectura. Las autoridades lo ubicaron como presunto sucesor de “El Choko” y principal generador de violencia de La Chokiza. Fue trasladado al penal de Chiconautla y ligado a delitos como extorsión, secuestro, homicidio y despojo, siendo señalado, ahora, como presunto líder.
Un caso que pasó de ser local

El caso se volvió central para Ecatepec porque muestra una forma de operación que no depende únicamente de armas o clandestinidad. La Chokiza combinó presencia territorial, identidad pública, actividad comunitaria, redes sociales, posibles conexiones políticas y delitos de alto impacto. En un municipio con alta densidad poblacional, rutas estratégicas, comercio informal, transporte, colonias irregulares y disputa por inmuebles, esa mezcla le dio capacidad de presencia y reconocimiento.
La Chokiza también alcanzó dimensión estatal porque Ecatepec funciona como corredor político, urbano y criminal del Valle de México. Lo que ocurre en ese municipio impacta en municipios vecinos, en rutas hacia la Ciudad de México y en redes de comercio, transporte, vivienda y servicios. Por eso el expediente no se reduce a la caída de dos hermanos: coloca bajo revisión la relación entre grupos territoriales, poder municipal, base social y crimen organizado en una de las zonas más importantes del Estado de México.
La captura de “El Deivid” no cerró la historia. Ordenó una secuencia que comenzó con presencia pública, escaló a señalamientos políticos, derivó en capturas y terminó exhibiendo una estructura que, aun golpeada, mostró capacidad de reacomodo. En Ecatepec, La Chokiza dejó de ser solo el nombre de un grupo para convertirse en un expediente sobre cómo se disputa el territorio, cómo se construye influencia social y qué tan difícil resulta desactivar una organización cuando sus redes van más allá de sus líderes visibles.


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