Hace un par de semanas acudí a una junta que realiza la asamblea del fraccionamiento en el que resido y me llamó la atención que cuando se habló sobre la posibilidad de perdonar los adeudos a los condóminos que están atrasados por con el pago de mantenimiento, la mayoría de los presentes se opuso asegurando que no era justo para todos los que pagan a tiempo y van al corriente; en cambio, cuando se habló sobre la deuda que el fraccionamiento tiene con el organismo de agua y saneamiento, las mismas personas pidieron a la asamblea que hicieran uso de sus contactos en el ayuntamiento para disminuir la deuda… ¡no hay nada que sea más incongruente que este tipo de situaciones!, pensé yo, pero esto es solo un pequeño reflejo de lo que vivimos día a día.
En el informe Barómetro Global de la Corrupción, que mide la cantidad de sobornos que pagan las personas en América Latina y el Caribe, elaborado por Transparencia Internacional, nuestro país sale ubicado en el primer lugar de mayor corrupción en materia ciudadana, esto a partir de 22 mil 302 encuestas realizadas a las personas de la región.
Dato por demás alarmante, pues en los 20 países de la región donde se aplicó el sondeo, el 51 por ciento de los encuestados mexicanos indicó haber pagado una mordida para tener acceso a un servicio público, ya sea relacionado con escuelas, atención a la salud, documentación personal, servicios relacionados con la seguridad pública, entre otros.
De todo ello podemos concluir que como parte de una sociedad no podemos exigir a nuestras autoridades o a la clase política que no sean corruptos sí no comenzamos con trabajar el tema a nivel personal. Lo cierto es que la corrupción no se encuentra en nuestro ADN, ni es cultural, estos argumentos se realizan con la finalidad de justificarnos y sentir menos culpa, pero la corrupción es un mal que se puede combatir y prevenir poniendo controles entendibles y fáciles de acezar ante cualquier trámite, por cualquier persona y con la vigilancia de órganos de control ciudadano y un buzón de denuncias, pero sobre todo, comencemos en nuestra persona y en nuestro hogar. Desde hoy ya no promoveremos la corrupción, pues para que esta se dé se requiere mínimo a dos personas coludidas.


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