■ Toluca ordena su continuidad;
■ Morena acelera reacomodos internos;
■ La reelección se disputa primero en casa.
La continuidad como proyecto
A estas alturas, ya no es lectura entre líneas: el proyecto político de Ricardo Moreno Bastida apunta a la reelección. En Toluca, tiene condiciones que pocos alcaldes pueden presumir: gobierno en funciones, control de agenda, presencia territorial y una narrativa de gestión que se sostiene con datos favorables. No se asume aún como candidato, pero habla como quien piensa en ciclos largos. Defiende la reelección como principio democrático, administra el tiempo y deja que los números hagan su trabajo. En una capital donde la fragmentación ha sido regla, apostar por la continuidad también puede leerse como responsabilidad política. La ambición, cuando se disfraza de estabilidad, suele avanzar sin hacer ruido.
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El atajo neomorenista

El caso de Paola Jiménez dice más del momento de Morena que de la biografía de la propia protagonista. Su llegada al partido fue tersa y su acomodo en el entorno político de Moreno Bastida ocurrió sin fricciones visibles. Así funciona hoy el movimiento: quien entra en el momento correcto y se alinea con el grupo adecuado, avanza. Por eso, su nombre empieza a mencionarse para el Distrito Federal 34 de Toluca. No hay épica ni traición, solo cálculo. Morena, que nació desconfiando de los conversos, ahora los integra cuando resultan funcionales. El riesgo no es la aspiración, sino el mensaje: la ubicación pesa más que la trayectoria.
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El control territorial
En Toluca, la pelea por los distritos locales se juega sin estruendo. El XXXII y el XXXIV entran a una etapa de revisión política. No hay rupturas ni anuncios, pero la señal es clara: el grupo que hoy domina la capital va por carro completo. Que no haya nombres definidos no es desorden, es método. Primero se asegura el control territorial, luego se decide quién compite. En este momento, pesan menos las trayectorias individuales y más la pertenencia al proyecto.
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La aduana interna

En Ecatepec, la ruleta de la reelección también gira. Azucena Cisneros tiene gobierno, visibilidad y una apuesta clara por la continuidad, pero su principal obstáculo está dentro del movimiento. La referencia inevitable es su antecesor. No es ruptura abierta, es tensión persistente. Proyectos que no empatan, liderazgos que no se diluyen y una estructura que aún recuerda quién mandaba. La reelección, en Morena, primero se decide en casa.
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Persistir con oficio
En Cuautitlán Izcalli, Daniel Serrano gobierna en un entorno menos amable, pero con rumbo claro. Tiene adversarios afuera y también adentro, donde un sector del morenismo suele confundir crítica con zancadilla. Aun así, mantiene el pulso: gobierna, contiene conflictos y apuesta por cerrar procesos que no caben en un solo trienio. La reelección no se anuncia, se trabaja. Y en Izcalli, pese al ruido, tiene lo esencial para intentarlo.

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