La falacia del No Circula

Hace tiempo abordé el fenómeno de la contaminación atmosférica por fuentes móviles en el valle de Toluca. A raíz de ello, tuve oportunidad de asistir a varias de las reuniones organizadas por el Dr. Mario Molina del MIT en la zona metropolitana de la ciudad de México. Participé también en un congreso internacional sobre el tema  organizado por la National Atmosferic Research en la ciudad de Boulder Colorado. Una cuestión relevante a  considerar se planteaba en los términos de que si bien era importante seguir precisando los factores de la contaminación vehicular,  el hacerlo servía de poco sino se generaban
julio 6, 2014

Hace tiempo abordé el fenómeno de la contaminación atmosférica por fuentes móviles en el valle de Toluca.

A raíz de ello, tuve oportunidad de asistir a varias de las reuniones organizadas por el Dr. Mario Molina del MIT en la zona metropolitana de la ciudad de México.

Participé también en un congreso internacional sobre el tema  organizado por la National Atmosferic Research en la ciudad de Boulder Colorado.

Una cuestión relevante a  considerar se planteaba en los términos de que si bien era importante seguir precisando los factores de la contaminación vehicular,  el hacerlo servía de poco sino se generaban medidas efectivas para la solución del problema.

Abordado el problema desde las políticas públicas se encontró que, como en otros muchos casos, los problemas  pueden estudiarse y suponer que se pueden resolver mediante la acción de gobierno y sociedad, pero ese es un supuesto,  la mayoría de las veces,  falso.

Consideré entonces, como aun lo pienso, que el fenómeno de la contaminación, en este caso por fuentes móviles, tendería a resolverse por un cambio en la tecnología vehicular.

 Otra posibilidad era la de una improbable acción de sociedad y gobierno en su conjunto.

Respecto al posible cambio tecnológico cabe recordar la anécdota que refiere cómo, en el Paris de 1900, los expertos urbanos buscaban solución al problema de proveer de ingentes cantidades de heno para los caballos que tiraban las carretas, así como el desalojo del estiércol que había en las calles de la ciudad.

Situación que se resolvió porque en menos de 10 años los caballos de carne y hueso fueron sustituidos por caballos de fuerza de los motores de combustión interna,  el heno por gasolina y el estiércol por humo.

Respecto de la posibilidad de una acción conjunta de sociedad y gobierno, ella dependía de la conciencia y posibilidades de los usuarios de automotores y de la eficacia y honestidad de los funcionarios públicos encargados de llevarla a la práctica.

Sin embargo, en la medida de que el crecimiento urbano siguiera siendo aberrante,  se generaría una gran necesidad de viajes de las personas para satisfacer cuestiones indispensables, como el trabajo y el estudio, lo que ha seguido ocurriendo.

Además, en tanto el sistema de transporte público concesionado siguiera obedeciendo  a los intereses de concesionarios y funcionarios con una muy precaria conciencia, dicho servicio  estaría en tan malas condiciones  que sería muy contaminante además de orientar a las personas a tratar de utilizar su propio medio de transporte.

Asimismo, mientras los encargados de hacer que los programas funcionen, siguiesen ceñidos a ese valor que ya es simbólico de los mexicanos que es la corrupción, ningún programa podrá tener éxito, al contrario, agravará los problemas.

Por eso son falaces los argumentos de los también inefables gobernantes del DF sobre sus nuevas políticas para disminuir la contaminación atmosférica.

Habrá que seguir esperando el cambio tecnológico.

 

PS Masacre: Llama la atención que una masacre como la ocurrida en la entidad la semana pasada sea dejada de lado tan ligeramente y sus autores justificados tan fácilmente. ¿En dónde estamos?    

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