Incluso con el bachillerato que había concluido mientras laboraba en la fábrica de ropa Eduardo tuvo problemas para conseguir un empleo formal, “en una de esas tantas venidas fue cuando de regreso vi que estaban trazando unas líneas con cal, que eran para el desplante del edificio “A”… Yo me acerque a pedir trabajo”.
“…de albañil no hay. Hay como ayudante de albañil, de peón, y que lo tomo”, Eduardo rememora su primer acercamiento con la comunidad universitaria, “trabajando en la construcción del edificio conocí un arquitecto de Toluca, una vez el me preguntó si me gustaría trabajar dentro de la universidad, en su momento no le respondí…”.
Sin embargo, la oferta resonó en su cabeza y finalmente se acercó con Octavio Castillo, el entonces encargado del campus, quien a su vez lo refirió con su auxiliar administrativo, “me citó en Toluca, en el edificio de Rectoría, nos vimos en el árbol de la mora, me hicieron el examen y pues bueno, creo que lo pasé, porque aquí estoy después de 25 años”.
En el año 2001, ya como trabajador de la UAEMex, la operación de un compañero acercó a Eduardo al mundo académico: “en un momento uno de mis compañeros, Don Paco, se enfermó, lo iban a operar de la columna, me dijeron que si podía apoyar en la biblioteca, lo que no sabía es que es todo un arte…”.
Para 2005 fue contratado como bibliotecario en la modalidad de trabajos especiales, “era cubrir una plaza de 4 horas”, recuerda.
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