«No guardé la fuente», o las víctimas de la infopolución

¿De qué estamos hablando? De la gran cantidad de elementos contaminantes que circulan y que son confundidos con "noticias" o "información".
septiembre 18, 2025

La escena es conocida por muchos, ya que el video se difundió ampliamente: una estudiante confronta a un senador de la República en relación con su actitud hacia las mujeres. La estudiante acusa al senador de ser misógino, con el siguiente argumento: «No sé si recuerde el día que en el Senado le dijo a la senadora Lilly Téllez: ‘Tú no estás para debatir, tú estás para lavar trastes’. Entonces mi pregunta es: ¿dónde queda la congruencia que usted dice tener de la mujer?».

En una primera reacción, que también quedó registrada en el video viralizado, el senador le pide a la estudiante que cite la fuente de dónde sacó que supuestamente él dijo eso en el Senado. La estudiante responde: «Salió en todas las noticias; si usted lo dijo, no sé dónde está lo incongruente o por qué me lo pregunta».

El fenómeno que se refleja en esta escena es de gran trascendencia, y por eso lo vamos a analizar. Se trata, nada menos, que de la infopolución y de sus severas consecuencias en la deliberación de los asuntos públicos. ¿De qué estamos hablando? De la gran cantidad de elementos contaminantes que circulan y que son confundidos con «noticias» o «información».

En apariencia, la estudiante tomó por una pieza informativa lo que no era más que basura. Esto nos habla de las limitadas competencias mediáticas que tenemos muchos para distinguir la información confirmada, veraz y fiable de los cada vez más frecuentes bulos o fake news. Hubo un tiempo en el que la información que se hacía pública pasaba por un proceso de escrutinio. Un editor servía de controlador o filtro para cualquier cosa que buscara publicarse. Esa posición se derivaba del monopolio de los medios de publicación. Ya fuera una imprenta, una emisora de radio o una televisora, no todos tenían la posibilidad de publicar algo. El carácter casi monolítico de la prensa resultaba en un control de la información. Había, desde luego, esfuerzos alternativos que —siempre al margen de los grandes medios— se atrevían a publicar cosas distintas, pero su alcance era restringido. El ecosistema informativo tenía pocos actores y dinámicas muy limitadas.

Las cosas han cambiado en los últimos tiempos. Hoy existen tantos medios por los cuales publicar algo que es casi imposible mantener ese «filtro» que representaban los editores. Lo que se requiere, en la era de las redes sociales digitales en las que circulan inmensas cantidades de «información», son competencias informativas para distinguir y seleccionar. De la misma manera en que se filtra el agua o el aire para liberarlos de impurezas y poderlos ingerir y aspirar, hoy la información a la que estamos expuestos debe ser cribada. ¿Y quién tiene que hacerlo? Nosotros mismos.

Lee también: VERDADES DIFERENCIADAS, nunca como ahora, existieron tantas verdades sobre un mismo hecho.

En una de las aclaraciones posteriores que la estudiante hizo sobre por qué afirmó que el senador había incurrido en expresiones misóginas, dijo: «Yo lo oí hace algunas semanas (…), la verdad no guardé la fuente, porque yo creí que era una noticia que a lo mejor se podía encontrar por todos lados. Lamentablemente me doy cuenta de que no, que no se pudo encontrar».

Ese es, precisamente, el problema de la infopolución: un fenómeno que consiste en contaminar el ámbito informativo con mentiras o versiones falsas y distorsionadas de la realidad, que para muchos pasan inadvertidas o son tomadas de la misma manera que las piezas que se derivan de un trabajo periodístico, académico o reflexivo.

No perdamos de vista que se trata de una estudiante universitaria, por lo que uno esperaría que sus estudios le hubieran provisto de las herramientas necesarias para no ser víctima de la infopolución. Hay millones de personas que no tienen acceso a los niveles educativos que ella, y a los que la contaminación informativa puede afectar en mayor medida. Asumimos que la joven, quien se presentó como estudiante de Ciencias Políticas en la UAEMex, leyó esas presuntas declaraciones del senador en «una noticia». Pero, ¿qué es eso? Hubo un tiempo en que el término «noticia» significaba las piezas informativas presentadas en un diario, una revista o un programa, que eran elaboradas por reporteros y periodistas en general. Sin embargo, por lo visto, hoy puede tomarse como «noticia» el posteo de un bot en Facebook, una cadena de origen desconocido que circula por WhatsApp o los dichos de un influencer.

Que algo circule públicamente no lo convierte en una noticia. A lo que hoy estamos expuestos al consumir de forma masiva y cotidiana videos en TikTok, memes en Facebook, estados en WhatsApp o posteos en X (antes Twitter) es a una masa inconmensurable de información que demanda criterios para ser procesada. Nadie parece estar dándonos esos criterios. En casa, en las aulas, en los medios públicos y en las instituciones, se deberían proporcionar a la población dichos criterios.

De no hacerlo, corremos el riesgo de que los debates públicos, las deliberaciones importantes sobre temas trascendentes como la justicia, los derechos, la igualdad, la libertad de expresión, la protesta, la movilización social o la opinión pública, se forjen sobre basura. Sí, la infopolución es un mal de nuestros días que ocurre porque se vierte basura a la información y, así revuelta, es entregada a todos.

El mismo video que captura la escena con la que iniciamos esta columna puede ser tomado como contaminante. Si alguien solo ve la escena en la que la estudiante confronta al senador y piensa que eso es una «noticia», será un síntoma del fenómeno que estamos tratando. Millones habrán visto ese fragmento del video, pero muchos menos vieron las entrevistas posteriores en las que ella admite que aquello de lo que acusó estaba basado en una «noticia» falsa, en una mentira.

A jóvenes como esta estudiante, a la que parece sobrarle el espíritu de discutir los asuntos de interés público, es necesario acercarles los elementos para forjar su criterio: teoría, historia, metodología, valores, orientación. Con ellos, podrán involucrarse en serio en el debate, en la construcción de una sociedad mejor y en la creación de un horizonte común beneficioso para todos. Si, por el contrario, siguen padeciendo la infopolución, lo que resulta es en problemas de convivencia, porque todos nos arrojamos basura a la cara.

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