Un síntoma claro de la decadencia del sistema y de la falta de un proyecto progresista de nación por parte de la clase gobernante, es la forma que ha adoptado la renovación de los cuadros directivos nacionales del PRI.
Dadas las circunstancias en que vive el país y el ominoso futuro que se vislumbra, cabría esperar, idealmente, que el nuevo presidente de ese partido fuese un joven político con una ideología de vanguardia, de esas que buscan cómo superar las miserias del neoliberalismo y sacar al país del retroceso en el que se encuentra.
En un caso menos iluso que el anterior, pero que hiciera abrigar ciertas esperanzas de mejora, que el presidente de ese partido fuese uno de esos poquísimos seguidores de la escuela del liberalismo mexicano como lo fueron Reyes Heroles o González Guevara.
Bueno ya de perdida, para expresarlo coloquialmente, uno de esos políticos con formación teórica que guardan cierto decoro personal y no tienen fama de ser excesivamente deshonestos. Aunque quizá ya no quede casi nadie así.
Pero la solución que tomó el presidente de la república fue francamente un retroceso, un anacronismo. Y digo el presidente de la república porque según todos los que saben, es él el que decide lo que pasa en su partido.
El nuevo presidente del pri Don Beltrone, le dicen, es un vivo ejemplo del político sofista que justifica de las maneras a veces más inverosímiles las decisiones del poderoso en turno.
Un episodio que lo retrata de cuerpo entero fue aquel de llevarle al entonces presidente Salinas, la grabación de un supuesto comentario del entonces recientemente muerto Colosio, en el que ponderaba a ese otro personajazo que es el señor Zedillo: con lo que se justificó la nominación de este último como candidato sustituto del asesinado Colosio.
El señor Beltrones ha sido protagonista de uno de los episodios más oscuros de la Historia reciente del país y quizá por eso, es una garantía de que hará y dirá lo que sea en favor del poder, aunque eso vaya contra la justicia, la ética, la equidad o los intereses del pueblo.
Lo preocupante en el fondo es que su nominación responde a una visión desde el nivel más alto del gobierno, de lo que el pri y el país requieren.
Una nominación que refuerza la percepción de los sectores críticos al gobierno de un bajísimo nivel de análisis y una carencia casi absoluta de una política de Estado que no vaya detrás solamente del cuidado de los intereses de la clase gobernante, independientemente de los posibles perjuicios para la población.
Sin embargo, con la nueva lógica de gobierno de justificarse porque hay países a los que les va peor que a nosotros en materia de crecimiento económico y de paridad monetaria y de inseguridad y de corrupción y de frivolidad y de ineptitud y de muchas otras cosas.
Entonces seguramente hay partidos políticos en otras partes del mundo, con dirigentes todavía menos presentables que don Beltrones, pienso en Uganda por ejemplo.
Por lo que, desde esa nueva política de Estado, un nombramiento como el mencionado no es un asunto tan grave.


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