La lenta extinción del Día de Muertos en el pueblo otomí

Las celebraciones, cada vez más austeras, son un reflejo de una situación económica y social que se agrava en el municipio de Temoaya
noviembre 1, 2021

Ya ahorita se está perdiendo, yo quiero pensar que es la economía, ya no es como antes; era mucho lo que se ponía en la ofrenda, pero ya todo está bien caro, ya no alcanza”, dice doña Rafaela, una mujer otomí de la tercera edad que, como es costumbre, colocó su ofrenda este 31 de octubre. Sin embargo, este año no ha sido fácil y su celebración está marcada por la austeridad.

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Mis abuelitos todavía ponían un petate, las imágenes y el cerro de todo lo que comían los difuntos; también colocaban una mesa porque ya el 3 y 4 de noviembre se compartía la fruta y alimentos con los parientes (…). A los difuntos chicos el 31 se les hacia su arroz con leche, a los grandes se les ponía su pulque, guajolote, habas blancas, quelites; luego el día 2 se iba uno a enflorar los panteones”.

La ofrenda de Doña Rafaela ya no lleva alimentos preparados. Gracias a muchos esfuerzos, en su altar de muertos hay frutas, flores, pan, veladoras e imágenes religiosas. También explica que, a diferencia de otras localidades, no acostumbra colocar fotos, solo nombran las veladoras.

Doña Rafaela junto a su altar de muertos en la Magdalena Tenexpan, en Temoaya / FOTO: Carlos Pérez

Este es un escenario que comparten los casi 2 mil vecinos que viven en la Magdalena Tenexpan, una comunidad de alto grado de marginación a 5 minutos del centro del municipio de Temoaya, al norte del Estado de México. Aquí todo se ha encarecido y con ello otros problemas, como la delincuencia, se han desatado.

“La manzana había estado de 70 pesos el kilo, 2 chayotes 25 pesos, el plátano 18 a 20 pesos el kilo, un manojo de cempasúchil está en 25 pesos, del pan fueron 100 pesos”. Esta es una parte de los gastos que realizó Rafaela para su altar y cuya suma equivale a dos días de trabajo en el campo, pues en la Magdalena Tenexpan, la jornada se paga en 120 pesos el día.

Otra vecina de la comunidad llamada Luisa confirma los excesivos precios y muestra su ofrenda: “bien caro. Las flores fueron como 400 pesos, el tomate está en $35… Ahorita sin mentir la ofrenda salió en $600 – 700 porque la cera está en 70 pesos el kilo”.

Doña Luisa junto a su ofrenda en la Magdalena Tenexpan / FOTO: Carlos Pérez

Algunos de los precios que alcanzan los alimentos en la comunidad se han incrementado por la festividad del Día de Muertos, y también están acompañados por una escalada de los precios que se ha agravado en el último mes.


Uno a uno, Rafaela recuerda los cambios en los precios de los productos básicos, porque en su casa tiene una pequeña tienda, por lo que tiene muy presente las variaciones de precios.

La leche estaba hace un año a 20, hace un mes 22 y ahora en 25; en un año, el frijol negro fue de 28 a 35 pesos; el arroz pasó de $20 a $30 pesos; el pollo esta por las nubes: por kilo y medio de pierna y muslo hoy mi vecina pagó 195 pesos”.

Los altos precios de los alimentos que alcanzan incrementos de hasta el 30 por ciento contrastan con los bajos salarios que hay en la comunidad, pues la mayoría de los padres de familia son albañiles que ganan de mil 200 a 2 mil pesos semanales.

A decir de las personas de esta comunidad, el incremento de precios que se manifestó en este sitio durante el último mes, está relacionado con el costo del gas LP, que pese a la reducción inicial generada por la intervención del gobierno federal en el último mes se ha vuelto a disparar.

En lo que se me terminó un tanque de gas, ahorita en un mes $495 y estaba en $390. Yo digo ‘¿dónde está el apoyo?’. Les digo a mis niñas: ‘vamos a seguir otra vez con la leña, aunque hace daño’. Aquí mucha gente se ha muerto de que cocinaba con leña y ya sus pulmones afectados fallecieron”.

Acompañado de las dificultades económicas, las vecinas de la Magdalena Tenexpan también están preocupadas por el incremento de la violencia y la delincuencia en su comunidad. Entre lágrimas recuerdan situaciones que sus familiares han atravesado y el desamparo en el que se encuentran: «hay mucho delincuente en este pueblo, no podemos dejar nada porque aquí no amanece”, señalan. 


A pesar de que no tienen la abundancia de otros años, como dicta la tradición este domingo en las casas de Rafaela y Luisa, las ofrendas otomíes comenzaron a colocarse con un camino de flores en las entradas de las casas, las frutas se acomodaron en montones y se utilizaron platos y ollas de barro nuevas.

Así las abuelas indígenas se disponen a recordar a los muertos, en un escenario de adversidades: “esta difícil pero de una u otra manera hay que seguir. Le digo a mis nietos: ‘coman de lo que hay; si hubo frijoles, coman. La cosa es no irnos a dormir sin comer”.

Así lucen los altares de Día de Muertos de doña Rafaela y doña Luisa / FOTO: Carlos Pérez

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