Toluca, México; 15 de agosto de 2018. Cerca de las diez de la mañana, servidores públicos de la entidad mexiquense y trabajadores de la máxima casa de estudios se agruparon en el Jardín Zaragoza en el centro de Toluca. Planeaban marchar hasta Palacio de Gobierno mientras esperaban la llegada de agremiados del Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México (SMSEM). Encabezados por Armando Díaz, militante de Morena, Yolanda Zepeda, representante de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), y Gabriela Estrada, representante del Desarrollo Integral de la Familia (DIFEM), el contingente de 50 personas avanzaba por la calle de Instituto Literario con dirección a Rectoría; su intención era denunciar ante los medios de comunicación la deuda de mil 500 millones de pesos que mantiene la universidad con el Instituto de Seguridad Social del Estado de México y Municipios (ISSEMyM).

Zepeda, en compañía de Armando Díaz, levantaron un moño negro frente a Rectoría mientras enfermeras del Hospital Ginecológico, dependiente del Instituto de Salud del Estado de México (ISEM), levantaban pancartas con la consigna “No a la Ley del ISSEMyM” bajo lonas que rezaban “Sin Miedo”. Zepeda dijo ante los medios que confía en la transición y, sobre todo, espera representar de mejor manera a los más de 15 mil agremiados a la universidad. El moño fue colocado mientras los gritos de la multitud enfurecida reclamaban la casi nula repuesta de sus dirigentes estatales. A la protesta se sumaron, también, militantes de Morena y de entre ellos un hombre de edad avanzada, Calixto, se pronunció a favor de las causas justas. Aprovechó el clima de tensión para politizar la marcha, convocada por servidores públicos, al culpar al gobernador mexiquense por la decisión del Tribunal Electoral del Estado de México (TEEM) que revocó diez diputados plurinominales de su partido.
La causa parecía difusa: servidores públicos se manifestaban por las deducciones a su salario, por un servicio de salud precario y por la intervención de afores en las pensiones mexiquenses; por otro lado, se escuchaba el apoyo a la próxima Legislatura, afirmando que la derogación de la Ley era cuestión de unas cuentas semanas. Estrada manifestó su entusiasmo por la compañía de más servidores públicos en la protesta, aunque reconoció que no todos tienen el valor de caminar por las calles en contra de una ley por el temor al desempleo. El grito “nos manifestaremos las veces que sean necesarias” retumbaba al unísono entre las demandas de los afectados, confiados por el cobijo de los medios de comunicación. Avanzaron sin precaución por Instituto Literario hasta Juárez, tomando el control vial y dejando a su paso un solo carril. Poco les importó caminar contracorriente al transporte público.

Entre gritos y pancartas, los policías estatales seguían el camino de los manifestantes, mientras una patrulla avanzaba en sentido contrario buscando proteger a los manifestantes, en un principio solos. Caminaron firmes hasta Hidalgo, donde los vehículos no tomaron medidas de precaución.
Una vez en la Plaza de los Mártires, el contingente unido sostuvo pancartas blancas, muy a pesar del caos vial que duró aproximadamente 35 minutos. Aunque seguros, el arribo a Palacio de Gobierno nunca se concretó. Caminaron hasta Palacio Legislativo, al mismo sitio donde el 25 de julio fue aprobada la Ley del Seguro Social ISSEMyM. Confinados al probable olvido, el moño negro símbolo de la muerte al mal gobierno resultó un gesto casi poético. “Viva México”, “Auditoria sí, Ley no”.


Síguenos