¡Asesinaron a mi hija! ¡Asesinaron a mi hija”, grita inconsolable la diputada Carmen Medel en plena sesión, cuando recibe por teléfono la noticia de que su hija murió.
No sabemos exactamente qué le dirían al otro lado de la línea, no es posible imaginar cómo se da la noticia de que un a hija de 22 años fue asesinada de nueve tiros mientras hacía ejercicio en un gimnasio de Ciudad Mendoza.
De inmediato, el pleno se movilizó para dar el pésame y los diputados de la coalición Juntos Haremos Historia, en conferencia de prensa organizada en minutos, se unieron para demandar seguridad al gobierno de Veracruz, también exigieron castigo a los responsables.
En México, en lo que va de 2018, se contabilizan 607 feminicidios, pero sabemos que muchas muertes de mujeres no se tipifican así por concepto legal; se piensa entonces que 607 madres recibieron la misma noticia, lloraron, sufrieron y fueron avisadas, aunque no a la mitad de una sesión del pleno.
Michael Moore escribe en el libro Estúpidos hombres blancos una Plegaria para afligir a los acomodados: “Querido Señor, te pedimos más bien que inflijas a cada miembro de la Cámara de Representantes horribles cánceres de cerebro, pene y colon, en el orden que sea. Te rogamos, estimado Padre, que todos los senadores del Sur se conviertan en adictos a las drogas y sean encarcelados de por vida. Te suplicamos que los hijos de los senadores del Medio Oeste se hagan homosexuales, lo más afeminados posible. Confina a los hijos de los senadores del Este en una silla de ruedas y a los del Oeste en una escuela pública. Te imploramos, ¡oh Dios misericordioso!, que del mismo modo en que convertiste a la mujer de Lot en estatua de sal, conviertas a todos los ricos en pobres sin techo y liquides todos sus ahorros, activos y fondos de inversión. Apártalos de sus posiciones de poder y que desciendan al valle tenebroso de la asistencia social. Condénalos a una vida en las cadenas de comida rápida y a tener que sortear a los cobradores del frac. Deja que escuchen los gemidos de los inocentes, sentados en los asientos de en medio de la fila 43 del vagón de tercera clase, y que sientan el rechinar de los dientes cariados y podridos de los 108 millones de estadounidenses que no gozan de seguro dental”.
En México la violencia llega a la Cámara de representantes y los miembros gritan ¡Queremos justicia! Quizá lo gritan para sí mismos, pero suena como un eco que tal vez por lo cercano, ahora sí se escuche.


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