El mundo moderno se construyó a partir de algunas ideas centrales; una de las más importantes y muy conocida por todos es el principio afirmado por Descartes: “Pienso, luego existo”. Esta sentencia da cuenta del peso específico asignado a la razón como característica inherente a lo humano. Pero posterior a ello hubo quien respondió: “el hombre no sólo piensa, también actúa”. Esta propuesta, hecha por Kant, busca evidenciar el hecho de que si el hombre es esencialmente un ser racional, también debe asumir el compromiso ético de regir sus actos conforme a la responsabilidad que ello implica.
A diario ocurren muchas cosas en el mundo de las que apenas y logramos conocer una pequeña parte, pero y saber de ellas ¿a qué nos compromete? Pongamos un ejemplo: supongamos que hoy nos enteramos de que al menos 24 mil personas mueren cada día en alguna parte del mundo a causa del hambre o de alguna enfermedad derivada de ella. Sabiéndolo ¿podemos seguir la vida “como si nada”? Quizá saber eso nos compromete a actuar en algún sentido. No digamos que al conocer del problema estamos comprometidos a resolverlo, eso sería mucho pedir; sin embargo, sí debiera despertarnos una necesidad de regir nuestra conducta a partir de saber que el hambre existe, que las personas mueren por ello: no desperdiciar, no derrochar, ser solidarios y compartidos tendrían que ser parte de la obligación que acarrea ese saber.
Dice el refranero popular “el que no sabe es como el que no ve”; pero igualmente es de dominio popular que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Este par de botones de la sabiduría popular encierran precisamente el compromiso de saber y su contraparte, la necedad de quien lo rehúye. Y valgan estos comentarios preliminares para retomar algo que ya antes hemos comentado en este espacio: el tema de la carretera que se está construyendo para conectar la parte oriente del Valle de Toluca con la zona noroeste del Estado de México. Sí, esa que fue concesionada al grupo Higa, esa que se construye con un crédito secreto otorgados por Banobras, esa que está abatiendo el bosque, esa que pretende partir en dos a ecosistemas y pueblos completos, esa que cobrará una cuota similar a la que cobra la carretera México-Toluca, esa que lleva años litigándose en tribunales.
Si de algo han servido todos esos años de resistencia por parte de la comunidad de Xochicuautla es que han permitido saber lo que implica un proyecto como este (de los cuales se realizan muchos con daños iguales o mayores sin que logremos saberlo). Y si sabiéndolo no asumimos el compromiso ético de actuar en consecuencia, las cosas van muy mal.
En los diferentes recursos legales que los habitantes de Xochicuautla han interpuesto (y en varios de ellos obtenido la razón de los tribunales), en los foros que han abierto, en sus pronunciamientos, en sus consignas, en sus declaraciones y con sus acciones nos han hecho saber muchas cosas y no sólo a quienes siguen a distancia el tema informándose de los acontecimientos, sino también a quienes se han adherido a su lucha o han manifestado su apoyo; pero sobre todo han hecho saber a casi todos los niveles de autoridad que existen modos de vida construidos con principios distintos al mercantil y al desarrollista. Si enteradas de ello las autoridades no corrigen su actuar, es que no hay en ellos asomo alguno de ética.
Si hacer esa carretera es un compromiso político-mercantil y por ello la necedad de continuar con el proyecto, deberían aceptarlo abiertamente y sabríamos de qué van. Si, en cambio, se trata de una idea para impulsar las actividades sociales y económicas de la región, estoy seguro que puede haber alternativas. Ahora que si se trata ya de un capricho y de hacer ver quien tiene el poder, los que debemos tomar nota de eso somos todos los que presenciamos los abusos. La responsabilidad de saber nos pregunta ¿qué vamos a hacer? Alguien me respondió y creo que no suena mal: si la carretera termina por construirse, nunca la voy a utilizar.


Síguenos