La Teoría del Caos

  Persuasión esnob ¿Qué tienen en común Ximena Sariñana, Víctor Trujillo, Mauricio El Diablito Barrientos, Arcelia Ramírez, Alejandro Calva, Mauricio Mancera, Pedro Mira Fernanda del Castillo, Karina Gidi, Tenoch Huerta, Alejandra Madrid, Juan Manuel Torreblanca, Cuceb Piloto? (debo confesar que excepto a cuatro de ellos, no tengo la menor idea de quiénes son el resto). Bueno mi punto es que su esnobismo los une. Actores y actrices –que no artistas-, presentadores y músicos –algunos de ellos que han trabajado sin disimulo para Televisa- pretenden dar clases de moral, participación política y comportamiento cívico. Un payaso-comediante que se cree periodista, actrices
mayo 17, 2017

 

Persuasión esnob

¿Qué tienen en común Ximena Sariñana, Víctor Trujillo, Mauricio El Diablito Barrientos, Arcelia Ramírez, Alejandro Calva, Mauricio Mancera, Pedro Mira Fernanda del Castillo, Karina Gidi, Tenoch Huerta, Alejandra Madrid, Juan Manuel Torreblanca, Cuceb Piloto? (debo confesar que excepto a cuatro de ellos, no tengo la menor idea de quiénes son el resto).

Bueno mi punto es que su esnobismo los une. Actores y actrices –que no artistas-, presentadores y músicos –algunos de ellos que han trabajado sin disimulo para Televisa- pretenden dar clases de moral, participación política y comportamiento cívico.

Un payaso-comediante que se cree periodista, actrices que seguramente han elevado su nivel intelectual con sus recientes participaciones en narcoseries o en su participación en alguno que otro filme del llamado nuevo cine mexicano; cantantes que sólo tienen a su público cautivo y entran al pop, sin definir siquiera un estilo propio, pretenden hacer creer –lo que la seudoizquierda ha propalado hasta el cansancio- que los ciudadanos del Estado de México somos idiotas o, en el mejor de los casos autómatas; seres irracionales, pues.

El mensaje que pretenden dar me parece respetable, sus propias y personales creencias son en sí mismas respetables. Lo que inquieta es su pretensión, sus prejuicios y su esnobismo, que los eleva a una altura intelectual que, a su parecer, no tiene el electorado del Estado de México, a quien tienen el deber de decirle qué hacer.

Los teóricos en la psicología señalan como técnicas de persuasión basadas en el emisor, a aquellas que se sustentan en las cualidades, características y habilidades que inciden en el proceso de persuasión, que se busca imponer al perceptor en un proceso de comunicación. Pero también refieren que entre estas características, debe considerarse la credibilidad, que no es más que el grado de sinceridad que el perceptor atribuye al emisor. Esta credibilidad se conforma de experiencia y confianza, en su estructura interna.

No tengo elementos para decir que mis vecinos son idiotas o autómatas, y que sea yo quién deba decirles por quién votar o no votar. No tengo datos documentados que la gente que vive en zonas rurales, carezcan de neuronas y tampoco sepan lo que deben hacer, en caso de decidir salir a votar. No tendría ninguna información científica y válida para decir, que mis conciudadanos en la calle, se venden por una despensa y son parte de una confabulación de lavados de cerebros que no les permite razonar.

El esnobismo que despliegan estos juglares de la posmodernidad –por aquello que recitan y cantan en las cortes de los grandes señores- pareciera que pretende partir de esa premisa simplista, arrogante e intelectocentrista: “yo sí pienso, los demás no.” Eso es lo chocante en este tipo de mensajes.

Los estudiosos han dicho que los seres humanos aprendemos pautas de conducta apropiados o inapropiados, y esto se relaciona con la asociación, la imitación, la comunicación y la persuasión; y son precisamente la comunicación y la persuasión las que se relacionan con niveles cognitivos de mayor capacidad.

En una democracia como la nuestra, cualquiera puede emitir puntos de vista sobre cualquier cosa. En una democracia como la estadounidense, incluso un presidente en funciones puede hacer campaña en favor de sí mismo y utilizar recursos públicos. Somos un país con una democracia imperfecta y perfectible, nos falta resolver diversos problemas.

Uno de los principales, es fomentar la cultura política, la participación política y electoral; pero si personajes públicos de la farándula quieren promover sus ideas creencias, están en libertad de hacerlo, pero sin doble moral, sin hipocresías. Si apoyan a alguna expresión política o a algún actor político, deberían decirlo sin recato; los electores no son idiotas ni necesitan guías espirituales para saber qué hacer.

Yo creo en seres pensantes. Lo que el electorado en esta entidad decida, será lo correcto, aunque no a todos parecerá lo mismo; cada uno tiene sus filias y sus fobias, pero en la democracia las mayorías deciden y, en lo individual, el libre albedrío de las personas los lleva a tomar buenas y malas decisiones en la vida diaria, no sólo en una elección.

De algo estoy seguro. No va ser Víctor Trujillo, el Diablito o Ximena Sariñana quienes me digan lo que debo o tengo qué hacer. Ni siquiera tengo afinidad o identificación con ellos; ni siquiera creo que tengan interés por el bienestar de los mexiquenses, por más que sus mensajes melosos de unidad nacional, pretendan hacerlo creer. El haber participado en una película sobre Colosio o en series donde puedes estar cerca “del poder”, no te hace conocer la realidad ni te vuelve paladín de la democracia.

Hablemos del lado oscuro de esta estrategia de persuasión: ¿quién la promueve? ¿quién la financia? ¿quién la sustenta ideológicamente? Sería más honesto aclarar estos puntos, para comprender sus fines y quiénes son los beneficiarios. Fuera de sus seguidores, esta pléyade circense, no me parecen modelos persuasivos a seguir, ni creíbles ni confiables. Lo que yo decida con mi comportamiento electoral, será sólo decisión mía.

La libertad, el libre albedrío, es un derecho humano personalísimo. Y un mundo civilizado todos podemos hacer uso de este derecho como mejor convenga.

Creo que en el modelo de comunicación y persuasión intentado por estos actores, actrices y personajes de la farándula, fallaron dos elementos: la fuente que resultó poco creíble y por otro lado, los perceptores que, aunque ellos no lo crean, sí tienen neuronas y pueden pensar por sí mismos.

Nos leemos en otra semana caótica.

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