La Teoría del Caos

  Al espectáculo circense del Estado le crecieron los enanos. Fue el PRI quien impidió que el PRI ganara en forma meridiana El voto duro del PRI está enojado. ¡Qué digo enojado! ¡Lo que le sigue! Ni en sus peores pesadillas el Partido Revolucionario Institucional hubiera imaginado el escenario que vivió: su voto duro, el que llevó a Eruviel a obtener la votación histórica más copiosa de los anales electorales mexiquenses, le propinó un golpe mortal. Y la califico de mortal, porque fue la puntilla hacia el 2018 y la codiciada fruta del árbol prohibido que abrió los ojos de
junio 7, 2017

 

Al espectáculo circense del Estado le crecieron los enanos. Fue el PRI quien impidió que el PRI ganara en forma meridiana

El voto duro del PRI está enojado. ¡Qué digo enojado! ¡Lo que le sigue!

Ni en sus peores pesadillas el Partido Revolucionario Institucional hubiera imaginado el escenario que vivió: su voto duro, el que llevó a Eruviel a obtener la votación histórica más copiosa de los anales electorales mexiquenses, le propinó un golpe mortal.

Y la califico de mortal, porque fue la puntilla hacia el 2018 y la codiciada fruta del árbol prohibido que abrió los ojos de la oposición: la próxima vez no irán solos.

Mi vaticinio falló. La tendencia proyectiva de las elecciones pasadas quedó hecha añicos; pulverizada por una realidad mayúscula: pudo más el enojo de las bases priístas que mandó un mensaje fuerte y claro. No fue el partido morena quien casi arrebata la gubernatura; fue el PRI quien atajó súbitamente a su propio partido.

La crónica del diario español El País es preclara al respecto: “La amarga victoria del PRI”, cabeceó –como se dice en el argot periodístico-.

Detestó las visiones supremacistas que siguen denostando a las bases priístas y en forma discriminatoria, ofensiva y violenta acusan a la gente común de venderse o corromperse; esas actitudes fascistas revelan una profunda ignorancia e intolerancia, por ello me resultan inadmisibles. Un hecho incontrovertible es que el PRI es el partido que mejor organización electoral y territorial posee. Por eso son no solamente chocantes sino insultantes quienes califican a los otros que piensan diferente como jodidos, que venden su voto, que reciben una torta y un frutsi.

Esas posturas –reitero- supremacistas o seudointelectualoides, lo que único que generan es una polarización absurda, provocadora de violencia. Simplemente fueron más quienes votaron por una opción. Pero volvamos al asunto que nos ocupa.

La victoria del PRI por supuesto que es amarga. Saben dentro y fuera del partido, que hay coctel de elementos que no pueden eludir: No fue el candidato más carismático, incluso –permítaseme corregir- no fue el candidato más atractivo en términos electorales, su linaje y su pasado lo condenan. Pero algo más pesó en el enojo: las decisiones presidenciales. La que a mi juico es fundamental, fue el llamado gasolinazo que le pasó la factura, desde ahorita, a Enrique Peña.

El escenario 2018 se complicó para Peña y Eruviel. El primero, no podrá dejar una estabilidad en su partido de cara a la sucesión; el segundo, con la paradoja partidista planteada por sus bases, ya no tiene un camino terso hacia la candidatura presidencial; y si lo sigue pensando, sabrá que enfrentará una elección, que propinará una sonora derrota al actual partido en el poder, el germen de la inconformidad está sembrado.

Si Enrique Peña quiere –al menos- hacer que sus bases vuelvan a voltear al PRI, debe dar un golpe de timón y el primer viraje tiene que ser dirigido a recomponer el gasolinazo.

Si las tendencias de ciudadanización de la democracia continúan su avance, los escenarios son favorables para los ciudadanos. La reducción que se hizo en Jalisco del presupuesto de financiamiento a los partidos, es un logro que me parece irreversible y que deberá operar en todo el país a nivel federal y local; la reducción de los puestos de representación proporcional –llamados plurinominales-; la eliminación de la inmunidad legal conocida como fuero, son parte de los sinsentidos que debe acabar.

Por lo pronto, la elección federal de 2018 tiene un escenario inmejorable. Cualquiera, y dicho sea de paso, cualquiera, puede ganar la presidencia de la República. Los cotos del voto duro parece se acabaron.

 

Aleteo de mariposa

A estas alturas hacer referencia a un fraude, sin más prueba que la percepción, los sentimientos, resentimientos y presentimientos de los perdedores, ya no es saludable ni rentable. Lo que no se gana en las urnas, está perdido. La mayoría ciudadana decidió, aunque no guste. Todavía le alcanzó al PRI con su voto duro; la próxima es un volado.

Y esos supremacistas, estilo Luis XIV, “L'État, c'est moi”, que parafraseado en buen castellano diría: “la verdad soy yo” y que pregonan la única y “verdadera” verdad; como dice el gran líder: ¡serénense! De nada sirve la polarización.

Nos leemos en otra semana caótica.

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