La teoría del caos 

A caso dos meses de la elección para renovar la gubernatura mexiquense, los actores políticos permanecen prácticamente ocultos. ¿Vergüenzas o desvergüenzas que esconder? Sólo ellos lo saben, pero lo incontrovertible es que ni el virtual ganador de la contienda –salvo por una insulsa reunión con diputados de su partido- se asoman a ver qué pasa en el Estado de México. Delfina Gómez en una insípida jornada de protesta, se queja ahora de fraude que no supo defender jurídicamente. Su estrategia sosa de hacer una marcha –como si eso solucionará los problemas del Estado- no tuvo ni el objetivo ni el
agosto 2, 2017

A caso dos meses de la elección para renovar la gubernatura mexiquense, los actores políticos permanecen prácticamente ocultos. ¿Vergüenzas o desvergüenzas que esconder? Sólo ellos lo saben, pero lo incontrovertible es que ni el virtual ganador de la contienda –salvo por una insulsa reunión con diputados de su partido- se asoman a ver qué pasa en el Estado de México.

Delfina Gómez en una insípida jornada de protesta, se queja ahora de fraude que no supo defender jurídicamente. Su estrategia sosa de hacer una marcha –como si eso solucionará los problemas del Estado- no tuvo ni el objetivo ni el eco que pretendió. Más bien se trata de una estrategia velada –por aquello de los actos anticipados de campaña- para mantener su presencia rumbo a la senaduría en 2018 y con ello, cuidarle el patio trasero a su jefe político.

No fue nada despreciable la votación obtenida y el que manda en su partido lo sabe. Por eso hay que hacer ruido y pocas nueces; la famosa política del gatopardo.

Del otro lado, Óscar González Yáñez, con cinismo y desvergüenza disfruta de las mieles del usufructo de un partido que debió estar enterrado desde hace mucho. Sin oficio ni beneficio –como diría mi abuela- aplica la doctrina que más le acomoda: laissez faire, laissez passer.

¿Qué hay de los recursos que gastó durante su malograda candidatura de papel? ¿Qué hay con sus embusteras ocurrencias de bajar la gasolina? ¿Simplemente dónde está ahora, preparando su candidatura para alcalde, diputado local, diputado federal o senador? –en lo personal no creo que le alcance para tanto-.

De Josefina Vázquez mota ni hablamos. Un personaje acomodaticio, oportunista y vivaracho, que no desperdicia oportunidad para hacerse de presencia que, a la postre, se transforma en oportunidades pecuniarias. Si no, habrá que seguir indagando en las cuentas personales, qué sucedió con los apoyos recibidos del gobierno federal.

Teresa Castell, quizá bienintencionada, se fue al baúl de los recuerdos. Sin nada que ganar y con la satisfacción del deber cumplido, volvió a su vida hogareña. Sin vocación y sin convicción, culminó su aventura. Su 2% de votos quizá contribuyó a la estrategia general, pero en realidad nadie lo sabrá con certeza.

Juan Zepeda, regresó por su parte a las catacumbas del PRD. Un partido prácticamente desahuciado que gracias a él, capitalizó el voto joven, aunque no suficiente para asustar al partido gobernante. Y regreso a esas catacumbas porque sus ínfulas de político que tocó la flauta, lo impulsan –según él- a buscar la presidencia de la República y a que su partido busque desesperadamente un frente para sobrevivir.

En la otra esquina, Del Mazo ve pasar la vida como a quien nada le preocupa. El objetivo está casi logrado. Ahora, si alguna vez pasó por su cabeza trascender, su principal problema a resolver tiene nombre y apellido: inseguridad.

Y sin menospreciar los problemas económicos, de pobreza y desigualdad social, de no buscarse soluciones contundentes, la inseguridad será el dolor de cabeza de los ciudadanos y del gobernante –aunque al segundo le importe menos que a los primeros-.

Estrategia o no, partidos y excandidatos parecen estar agazapados, a la espera del próximo botín electoral. Eso no falla, por eso la política es segura. Las propuestas, las acciones, las ideas –si es que las hubo- serán para la siguiente contienda, y serán sólo eso, ideas.

CARPE DIEM

Ya lo habíamos advertido y fue motivo de la colaboración de José Luis Arriaga Ornelas. La Comisión de Derechos Humanos del Estado de México fue secuestrada por la burocracia. A Baruch Delgado nunca le interesó el tema –ni siquiera sabía de él-. Es mejor 10 años seguros en la nómina que la defensa y protección de los derechos de los mexiquenses. Desde que se concretó la brillante idea de darle a los políticos la Comisión, como un premio de jubilación, se acabó con la figura del Ombudsman.

El relevo no pinta nada diferente. Jorge Olvera, un exrector desempleado se perfila para llegar a un organismo que no conoce.

Nos leemos en otra semana caótica.

Cualquier comentario: [email protected]

Las más leidas

Síguenos

PUBLICIDAD

BOLETÍN

Únete a nuestra lista de correo

Como tú, odiamos el spam

Las más leídas

Síguenos