Una universidad cerrada puede parecer una tragedia. Pero una universidad que calla lo que piensa, que repite sin preguntarse, que elige sin legitimidad, es aún más peligrosa. La UAEMex no está detenida: está despertando.
I. Una revolución epistémica
Desde hace más de un mes, la Universidad Autónoma del Estado de México ha suspendido actividades académicas. Pero el silencio de sus aulas ha sido reemplazado por algo más profundo: una irrupción crítica del pensamiento.
El conflicto universitario no es solo por un proceso electoral anulado. Es una disputa por el alma de la universidad pública. Lo que se juega no es un nombre en la rectoría, sino un modelo de poder, una estructura vertical, una pedagogía del sometimiento. En esta batalla de narrativas, los estudiantes han ganado ya algo fundamental: legitimidad.




II. ¿Qué exigen los estudiantes?
El pliego petitorio no es una lista de caprichos. Es un proyecto de refundación:
- Voto universal, directo y secreto para elegir autoridades.
- Auditorías externas a la gestión saliente.
- Eliminación del Artículo 43 del Estatuto Universitario.
- Reformulación de protocolos contra violencia de género.
- Gratuidad progresiva y comedores universitarios subsidiados.
- Remoción de autoridades señaladas por abusos o complicidad.
Más que peticiones, son principios: democracia, justicia, dignidad, transparencia.
III. ¿Qué ha hecho la institución?
La respuesta institucional ha sido ambigua:
- Renuncia del rector Carlos Barrera.
- Suspensión del proceso rectoral.
- Nombramiento de un rector interino.
- Diálogos, pero sin compromisos vinculantes.
No se ha tocado la raíz del problema: la reproducción autoritaria del poder académico. Se administra la crisis, pero no se enfrenta su causa.
IV. Las candidatas deben responder
Tras la salida de Eréndira Fierro, cinco candidatas permanecen en el proceso:
María Dolores Durán García, Maricruz Moreno Zagal, María José Bernáldez Aguilar, Martha Patricia Zarza Delgado y Laura Elizabeth Benhumea González.

A ellas les corresponde una decisión ética:
- ¿Están dispuestas a pedir que se reponga el proceso?
- ¿Apoyan el voto universal y las auditorías externas?
- ¿Aceptarían renunciar por respeto a la legitimidad colectiva?
La historia no les pide estrategia: les exige integridad. El silencio, en este contexto, no es prudencia, es complicidad.
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V. Las voces que aún no se escuchan
En este conflicto hay sectores silenciados:
- Docentes atrapados entre su vocación y la precariedad.
- Trabajadores administrativos que sostienen la institución sin ser reconocidos como sujetos políticos.
- Técnicos y personal de base que callan por miedo.
La refundación universitaria debe incluirlos. No como espectadores, sino como constructores activos de un nuevo modelo institucional. Su participación será la medida real del cambio.
VI. Gobernabilidad y gobernanza en riesgo
Si la UAEMéx no resuelve este conflicto con legitimidad y profundidad, enfrentará una crisis estructural:
- La gobernabilidad quedará vaciada de poder real.
- La gobernanza —entendida como legitimidad compartida— se verá socavada.
Una autoridad sin reconocimiento simbólico es mero trámite. Un Consejo Universitario que no escucha, se vuelve irrelevante. La universidad podría funcionar… sin sentido.
Y sin embargo, hay que ser claros: la reforma en lo sustantivo no podrá ser solamente endógena. Se requerirá también de una reforma exógena, particularmente en el ámbito legislativo.

Es necesario:
- Una nueva Ley Universitaria en el Estado de México.
- Garantías legales para el voto universal.
- Auditorías obligatorias y fiscalización sin sacrificar autonomía.
La autonomía no es aislamiento. Es autogobierno con responsabilidad pública. Y esa responsabilidad necesita un marco jurídico que la proteja y al mismo tiempo la haga evolucionar. Sin esa adecuación legal, cualquier reforma endógena quedará atrapada en reglas viejas que ya no sostienen el presente.
VII. Una comunidad que se piensa a sí misma
Este conflicto ha demostrado que la comunidad estudiantil está viva, lúcida y organizada. Que la universidad puede ser más que un espacio de clases: puede ser un territorio de deliberación democrática.

VIII. El horizonte de lo posible
El paro no es una pausa: es un parteaguas. La Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) tiene frente a sí la oportunidad de transformarse en un referente nacional de democratización universitaria. Pero para ello deberá cambiar no sólo su normatividad, sino su cultura institucional, su narrativa de poder, su forma de habitar el conocimiento.
El horizonte no es el regreso a la normalidad. Es la construcción de otra normalidad, una donde la rectoría se gane, no se herede; donde el presupuesto se vigile, no se oculte; donde el disenso sea pedagógico, no disciplinario. Una universidad que no forme solo técnicos, sino ciudadanos críticos; no solo graduados, sino interlocutores de lo común.
La urgencia no es del calendario, sino del porvenir. Y el porvenir —como la dignidad— no se otorga: se conquista.

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