El gobierno británico reiteró el viernes su llamado a la calma tras una décima noche de violentos enfrentamientos en Irlanda del Norte, donde grupos unionistas urgieron a interrumpir las protestas tras la muerte en Londres del príncipe Felipe.
Desde que el 30 marzo un grupo de jóvenes lanzó cócteles molotov a un coche de policía en Londonderry, los actos violentos no dejaron de aumentar durante días.
Estos se producen especialmente en las zonas unionistas de esta región donde las consecuencias del Brexit atizaron las tensiones, provocando un sentimiento de traición entre una población apegada a su pertenencia a la corona británica.
Y reavivaron el fantasma de tres décadas de sangriento conflicto entre republicanos católicos y unionistas protestantes, que dejaron unos 3.500 muertos hasta la firma del acuerdo de paz del Viernes Santo de 1998.
Pese a los llamados de Londres, Dublín y Washington a poner fin a la violencia, la capital norirlandesa, Belfast, volvió a ser pasto de las llamas el jueves por la noche.
En un distrito del oeste, la policía antidisturbios fue blanco de cócteles molotov y adoquines cuando intentaba impedir que cientos de manifestantes republicanos se acercaran a los unionistas.
Más de 70 policías han resultado heridos desde el inicio de estos disturbios sin precedentes desde hace años en la región.
Sin embargo, la inesperada muerte el viernes del príncipe Felipe, esposo de 99 años de la reina Isabel, podría llevar una paz temporal a la zona.
Tras conocerse la noticia de su fallecimiento, aparecieron en Belfast pancartas imprimidas que, en nombre de círculos unionistas protestantes, pedían que «las protestas se pospongan hasta después del periodo de luto» nacional «como «muestra de respeto a la reina y la familia real».
– Situación «muy preocupante» –
«La violencia no tiene nada que ver con la resolución de los problemas», afirmó el viernes en Sky News el ministro de Transportes, Grant Shapps, calificando la situación de «muy preocupante».
«Tenemos que asegurarnos de que la gente hable entre sí para resolver sus problemas», añadió, reiterando el llamado a la calma del gobierno británico y de su homólogo irlandés.
La hermana de Lyra McKee, una periodista muerta por disparos de republicanos disidentes en enfrentamientos en Londonderry en 2019, urgió a los políticos norirlandeses a «emprender el diálogo con aquellos que dicen estar tan descontentos que optan por la violencia», afirmando que algunos les han «ignorado» mientras que otros han «encendido el fuego».
«Necesitamos un liderazgo bueno y verdadero antes de que se mate a nadie», pidió Nichola McKee Corner a la radiotelevisión pública irlandesa RTE.
También la Casa Blanca llamó a la calma, diciendo que estaba «preocupada». El presidente Joe Biden, orgulloso de sus orígenes irlandeses, ya había expresado su preocupación por las consecuencias del Brexit para la paz en la región.
– «No intentemos encontrar justificaciones» –
El exigir la introducción de controles aduaneros entre el Reino Unido y la UE la salida del bloque socavó el delicado equilibrio entre las comunidades de la región.
Para evitar el regreso de una frontera física entre Irlanda del Norte y la vecina República de Irlanda -país miembro de la UE- Londres y Bruselas acordaron unas disposiciones especiales conocidas como el «protocolo norirlandés».
Por este, la provincia británica permaneció bajo las normas del mercado único europeo y los controles aduaneros trasladaron al mar de Irlanda, entre la isla y el resto del Reino Unido.
Pese a ser un trámite básicamente administrativo reservado únicamente a las mercancías y no a las personas esto despertó en los unionistas, apegados a su pertenencia a la corona británica, un sentimiento de separación del resto del país y de traición por Londres.
«Hay formas políticas de hablar del protocolo» norirlandés, dijo a la BBC John O’Dowd, un diputado del partido republicano Sinn Fein, exbrazo político del disuelto Ejército Republicano Irlandés o IRA. «No intentemos encontrar justificaciones para grupos criminales que no deberían existir 23 años después del acuerdo del Viernes Santo», agregó.
«No habíamos visto este nivel de disturbios desde hace varios años en Belfast y en otros lugares», dijo el jueves el oficial de policía Jonathan Roberts, señalando la participación de jóvenes de tan solo 13 o 14 años «alentados» por adultos.
Pero el viernes consideró que la violencia «no fue orquestada por ningún grupo», pese a que anteriormente se había señalado a paramilitares. Y llamó a padres y líderes comunitarios a disuadir a los jóvenes de participar en los enfrentamientos.


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