- El vacío como mensaje;
- La disciplina que se enfría;
- La prisa revela la enfermedad;
- Peña mintió;
- Los intocables PPS.
El vacío como mensaje
En política, la ausencia nunca es neutra. El domingo, en Toluca, el acto de Morena no falló solo por errores de organización, falló como ritual de poder. La gobernadora Delfina Gómez salió como oradora principal, algo que no suele hacer, precisamente porque el gesto buscaba ordenar y convocar. Por eso, pesaron más las sillas vacías. La ausencia de senadores y de varios alcaldes no puede leerse como descuido: es un retiro simbólico de reconocimiento. En la antropología del poder, no asistir es negar jerarquía. El vacío no fue al evento, fue a la gobernadora. Y, cuando eso ocurre, el problema no es la convocatoria, es el orden interno.
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La disciplina que se enfría

Las ausencias del domingo revelan algo más profundo: en Morena Edomex la disciplina ya no baja por decreto, se negocia por cálculo. Senadores y alcaldes midieron costos y decidieron no comprometerse. No fue rebeldía, fue enfriamiento estratégico. El poder institucional de la gobernadora sigue intacto, pero el poder partidista empieza a moverse con lógica propia, anticipando 2027. Cuando la lealtad se posterga, no es desorden: es reacomodo. Y eso explica por qué el silencio pesó más que los discursos.
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La prisa revela la enfermedad
No por mucho madrugar amanece más temprano. Falta año y medio para la elección y, sin embargo, los aspirantes ya caminan como sonámbulos: desatienden el hoy, mientras fantasean con un mañana incierto. El problema no es la ambición, es la incapacidad de habitar el presente del poder. Desde la sociología política, esto no es estrategia, es habitus: la repetición automática de conductas del régimen anterior. La clase política cambia de siglas, pero no de reflejos. Gobernar cansa; soñar con el siguiente cargo, tranquiliza. Por eso, el mal es más profundo que una coyuntura: es cultural.
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Peña mintió
Enrique Peña Nieto dijo que su visita a México en diciembre fue por asuntos estrictamente personales. No fue verdad. Antes de regresar a su autoexilio ibérico, hizo política. En su residencia del Club de Golf Gran Reserva, en Ixtapan de la Sal, recibió a actores que no se reúnen por cortesía, entre ellos, el diputado del Verde, Eruviel Ávila, y su tío, el exgobernador Arturo Montiel. No sorprende que opere en privado; lo relevante es que negó hacerlo. En política, mentir sobre la agenda no es un desliz: es método. Y, cuando un expresidente miente sobre para qué vino, es porque vino a lo de siempre.
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Los intocables PPS

El Gobierno del Estado de México llegó prometiendo cambio, pero en materia de Proyectos de Prestación de Servicios (PPS) se quedó sin discurso y sin excusa. Los contratos firmados en los gobiernos de Montiel, Peña y Eruviel siguen intactos, cobrando puntualmente y comprometiendo finanzas públicas por más de una década. Ya no es herencia: es decisión. Se habló de prudencia, de complejidad jurídica, de revisión técnica. El tiempo pasó. Hoy, la postergación suena a administración cómoda del pasado. El expediente no está extraviado ni es secreto; está en Finanzas. Y quien puede moverlo o seguir congelándolo tiene nombre y cargo: Óscar Flores Jiménez. El cambio real empieza cuando se toca lo que durante años fue intocable.

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