El PAN: entre el pragmatismo local y la estrategia nacional.
Las malas noticias se acumulan para el priismo nacional y el estado de México no se escapa a la vertiginosa impopularidad que registra desde el 2015, en donde a pesar de ganar la mayoría en el Congreso federal, la cuota de votos disminuyó significativamente con respecto al 2012. Luego vino la caída en la credibilidad presidencial y la acumulación de errores del gobierno federal que combinados con algunos malos gobiernos locales que se renovaron el pasado 5 de junio, han colocado al priísmo en una etapa de vulnerabilidad sin parangón alguno. Aún en 1988, cuando el PRI tuvo su primera sacudida, logró una mayoría parlamentaria, el control de los gobiernos locales era abrumador en favor del partido en el Gobierno y luego en el periodo 1995-1997 que culminó con la pérdida de mayoría en la Cámara de diputados Federal, el priísmo siempre mantuvo la mayoría cómoda en los gobiernos locales, sus cámaras y sus ayuntamientos. Para el 2000, la consecuencia de las derrotas locales del periodo previo, se hizo sentir relegando a su candidato presidencial al tercer lugar, pero aún ahí, los vastos territorios gobernados por el PRI le permitieron la extraña alianza con el PRD para crear la CONAGO y desde esa posición de negociación limitar mayores derrotas locales. Los triunfos del 2009 y del 2012 se consiguieron gracias al peso de los gobiernos locales.
Sin embargo, los datos hoy son distintos; el PRI gobernará con su aliado el PVEM al 49.1% de la población del país, así, el peso territorial tiene un significado profundo pues partidos distintos al partido en el poder, gobernaran justo la mitad de las entidades, con lo que la lógica de la competencia del 2017 sufrirá cambios significativos; se juegan 3 de las 5 entidades en las cuales el PRI mantiene la hegemonía desde la etapa posrevolucionaria. Como lo he señalado antes en este mismo espacio, ninguno de los estados en disputa el año próximo tiene el peso simbólico y electoral del nuestro. Una derrota aquí sería el anticipo de la derrota presidencial hacia el 2018, de ese tamaño será la contienda local, que para todos los efectos será nacional, convirtiéndose en una especie de referéndum presidencial y punto de quiebre para la propia oposición.
El Panismo como fiel de la balanza. Para todos los efectos mediáticos, el PAN se encuentra en una posición de fuerza inesperada y francamente alentadora para propios y extraños. Efectivamente, para los próximos años todo dependerá de la estrategia del blanquiazul para competir en alianzas como ya lo hizo este año exitosamente o envalentonarse e intentar ganar solo. Recientemente, Alejandro Moreno ha dado a conocer su encuesta en el estado de México que se parece mucho al ejercicio de bloques que publiqué aquí mismo el pasado 12 de julio lo realmente estratégico de los datos es que una coalición PAN-PRD se colocaría en un empate técnico con la coalición habitual del PRI-PVEM-PANAL y la ¨capacidad de chantaje¨ del PES y MC (ambos suman más del 8% en las votaciones del 2015, ) cobrarán importancia insospechada en los próximos meses. Adicionalmente un 21% no reveló su preferencia electoral y según los propios datos de la medición publicada por El Financiero, si el PRI logra fragmentar el voto opositor mantiene una ventaja de 8% sin contar claro, a los eventuales nuevos amigos que podrían salir ya bien del PES que de MC, los nuevos partidos bisagra de la elección local. En la siguiente comparación de tablas se pueden encontrar similitudes y diferencias del ejercicio propio y del ya citado:

En la primera parte de la tabla, que asimila los resultados de mi ejercicio previo se observan los posibles bloques partidarios y la suma de votos que obtuvieron en las elecciones de 2015, en ellas el PRI-PVEM aventaja no con mucha diferencia, para el caso de los resultados de la encuesta de Alejandro Moreno, al preguntar por los candidatos posibles, el PAN asume la delantera hacia la sucesión de gobernadores.
Ningún escenario tendrá significado si el PAN decide no ir en coalición y aquí los desacuerdos pueden cambiar los pronósticos. Josefina Vázquez Mota puso como condición para participar en las elecciones mexiquenses que hubiera cambio de dirigencia y que se fijaran las reglas de la competencia interna. Lo primero ya sucedió y contra todos los pronósticos el grupo de Ulises Ramírez (principal obstáculo según la propia JVM) perdió la dirigencia del partido y con ello, el Gobierno local, también perdió a uno de sus principales aliados, pero le queda ADN en el PRD, el otro obstáculo para una coalición amplia en el estado de México. La eventual alianza opositora aún no ganó ni un solo round, apenas estamos en los de sombra y de aquí y hasta diciembre, todo puede suceder, pero nada pasará si el PAN no decide estratégicamente. No hay 18 sin 17.
PRD, deshojando la margarita. Héctor Bautista, el otro de los tres amigos, tiene el control del perredismo local y muchos favores que pagar al gobernador. Sin su concurso, la otra mitad del acuerdo con el PAN no sucederá. Estratégicamente, ADN podría disfrazar sus favores a Eruviel, apostando por una impensable coalición opositora que sumará a MORENA (AMLO puso como condición que el PRD rompiera su pacto con el PAN) y así dar un paso adelante que sume tanto al PT como a MC a una apuesta de más largo aliento. Una eventual coalición de izquierda suena muy bien en el papel, pero como ya lo he señalado antes aquí mismo, sumados lograrían el 32.93 % de los votos probables, lo que haría que la elección se dividiera en tercios, colocando al polo de la izquierda como una real alternativa. Sin embargo, a pesar de su atractivo, el predominio de Héctor Bautista dentro del PRD seguramente será determinante para impedir cualquier tipo de coalición sea con el PAN o dentro de la misma izquierda.


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