“Nana”, culmen de la Muestra Estatal de Teatro

Toluca, México; 18 de agosto de 2018. La Muestra Estatal de Teatro culmina este sábado en el Centro Cultural Tiempo y Espacio Thaay de Lerma, recinto donde la participación de artistas, guionistas, escritores, bailarines y cantantes encantó a mexiquenses de todas las edades con sus cinco días de estancia y veinte narrativas diversas. La obra “Nana”, del director José Uriel García Solís, trajo al escenario la tierna y a la vez amarga participación de una mujer en escena que recuerda que la existencia se reduce a las preocupaciones más ambiguas. De la mano de una niña pequeña, emprendemos un viaje
agosto 18, 2018

Toluca, México; 18 de agosto de 2018. La Muestra Estatal de Teatro culmina este sábado en el Centro Cultural Tiempo y Espacio Thaay de Lerma, recinto donde la participación de artistas, guionistas, escritores, bailarines y cantantes encantó a mexiquenses de todas las edades con sus cinco días de estancia y veinte narrativas diversas. La obra “Nana”, del director José Uriel García Solís, trajo al escenario la tierna y a la vez amarga participación de una mujer en escena que recuerda que la existencia se reduce a las preocupaciones más ambiguas. De la mano de una niña pequeña, emprendemos un viaje por la vida y la delgada línea que nos divide del inframundo.

El teatro de Lerma se ilumina con la presencia de May, quien se esconde en el ropero de la abuela mientras observa atenta por la mirilla cada uno de los movimientos de la mujer de cabello color nieve, sin saber que muy pronto se despediría de la mujer que le brindo las más grandes alegrías de su corta vida. Nana comienza a perder la memoria; ya olvidó su nombre, incluso metió los zapatos al refrigerador. May sabe que nadie leerá para ella cuentos por las noches, pues su abuela parte y, lo peor, es que no tuvo la necesidad de salir de casa.  La mujer duerme y olvida con rapidez, la mujer sufre en silencio, mientras May abraza sus últimos recuerdos.

 

 

La voz de una abuela ausente alimenta el recuerdo de aquellos que partieron antes, mientras que el relato de una vida quebrada por “Él Ladrón de recuerdos” permitió a los presentes reflexionar sobre el tiempo y  las enfermedades. Nana poco a poco ha perdido el interés en vivir, su tiempo llegó, la isla de Ninibe está cada día más cercana, un barco de papel espera pasajeros y May se niega a creerlo. Los cuentos de Ninibe se vuelven una realidad oculta en los sueños; nadie sabe dónde es, nadie ha visto a las sirenas, lo único que es seguro es que Nana planea reunirse con su madre y su abuela. “Quiero ir contigo”, May entre sueños pide a su abuela que la deja acompañarla al lugar donde el mar se une con el cielo. “Mi pequeña eternidad en el infinito, aún no es tu tiempo”

Con luces similares a una estrella, el teatro observa perplejo a una mujer que renace del dolor para aceptar que su abuela ha partido, que Fibi, su mascota, era su mejor despertador y que la madurez arriba al cuerpo cuando menos se espera. May cumple 23 años de edad y aun mira de reojo la mirilla del ropero, esperando que en el fondo aun estén sus recuerdos. “Nana” es una lección al duelo cuya moraleja versa que nadie está preparado para ver partir a la persona que ama, que resulta absurdo creer que hay una edad para estar listo, pero también que, al menos, siempre se tendrá a la mano el recuerdo y la esperanza. Ninibe nos aguarda, el horizonte nos espera, los barcos de papel reciben a las almas que ansían llegar con los que se fueron antes.

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